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No podemos obtener resultados distintos si seguimos comportándonos de la misma forma.

México es hoy uno de los países más violentos sin estar en guerra; esto equivale a vivir una guerra civil. No puedo dejar de pensar en que nuestro estado es uno de los primeros lugares en violencia contra la mujer en la escala nacional. Dado ello, es imperativo que todos los sectores del estado trabajemos desde la propia trinchera para diseñar estrategias efectivas de atención, contención y, cuando lamentablemente se requiera, sanción. Sin embargo, hay que transitar lo antes posible a desarrollar acciones de prevención, capacitación y, sobre todo, educación.

Vivir, convivir, estudiar en espacios libres de violencia es una aspiración justa de todas, todes y todos, pero no es algo que se consiga de la noche a la mañana. El entorno de paz hay que construirlo, paso a paso, con participación decidida y con medidas inteligentes. Hoy hemos dado un paso grande en esa dirección. Un paso que urgía y que debe ser seguido por otros. Hoy varias universidades del país manifestamos el mismo problema: nuestras y nuestros estudiantes nos hacen ver que las medidas tomadas para enfrentar y erradicar la violencia de género no han sido suficientes. La situación nos sobrepasa, pero no porque las universidades seamos nido de acosadores o violadores, como se ha hecho pensar, sino porque las universidades somos el reflejo de la sociedad. Las universidades somos cuna de grandes personas, profesionistas, ciudadanas y ciudadanos. Son justamente esas jóvenes personas, nuestras y nuestros estudiantes, quienes levantaron la voz para gritar lo que la sociedad calla.  

Si, nuestra universidad ha trabajado en generar estrategias contra la violencia de género, sin embargo, no hemos logrado atender a todas las personas que lo han requerido de forma puntual y oportuna. No hemos logrado que todas las personas sientan confianza en los procedimientos institucionales y eso ha provocado que busquen otras alternativas, no siempre mejores. A todas las personas que no encontraron la respuesta que necesitaban les ofrezco mi más sincera disculpa. Nuestro objetivo ha sido siempre el de construir un mejor camino para lograr que nuestra universidad sea un lugar seguro. Debemos cambiar las estrategias para conseguirlo.

Agradezco a todas las personas, principalmente universitarias, quienes trabajan arduamente para atender los casos de violencia de género. No es falta de compromiso o de trabajo el motivo de que no se hayan logrado los resultados deseados; el problema es enorme y no puede ser tarea de unas y unos pocos. Por ello, el movimiento estudiantil es tan relevante. Logró lo que necesitábamos, que toda la comunidad universitaria volteara a ver que la violencia de género es un problema real en nuestra institución y que debemos tomar las medidas correspondientes como personas y como comunidad.

El paso que hoy damos nos resultó altamente costoso. ¿Podríamos haber pagado un menor precio? Sí, estoy segura, pero tomamos el tiempo necesario para lograr acuerdos. Hay que reconocer que se presentaron situaciones que nos retrasaron, sin relación con la problemática que enfrentamos. Pero hay que resaltar también que, en ambos lados de la mesa, se escucharon voces sensatas y se manifestaron mentes claras. Sin el protagonismo y actuación de esas mentes despejadas y serenas, que mostraban apertura para irnos brindando claridad en conjunto, no hubiéramos llegado a buen puerto. Gracias a todas las voces.

Gracias también a universitarias y universitarios que pusieron en sus hombros a nuestra universidad para que siguiera adelante durante estas semanas. Sin ustedes no hubiéramos podido continuar. Llega el momento de seguir adelante. Tenemos lo ya construido con mucho esfuerzo como punto de partida. Poseemos mayor claridad de la urgencia de mejorar nuestros mecanismos, de ayudarnos, de sentar mejores bases y de tratar de que nuestra creatividad sirva al resto de la sociedad como referencia.

Sabemos muy bien que los procedimientos deben ser mejorados y deben ser más expeditos. Pero debe haberlos. Es un avance civilizatorio el presumir la inocencia, el investigar evidencias, el dar la oportunidad de hablar a un señalado. De otra manera, estaremos a merced no solo de nuestras emociones, sino de la manipulación interesada, la de finalidades aviesas.

También tenemos que retomar con claridad las tareas que a cada quien nos corresponden. En esta universidad, los que ejercemos funciones de autoridad, especialmente nuestro Consejo Universitario, en donde la mitad de los miembros son estudiantes, lo hacemos en virtud de procesos democráticos. Ni nos autonombramos ni nos designa ningún poder externo. Y así, autoridades, docentes, trabajadoras y trabajadores administrativos y estudiantes nos daremos a la tarea que nos toque, con más ahínco que nunca. Es necesario para recuperar el tiempo. En nuestros programas académicos y nuestras investigaciones, sí, pero también tenemos que restaurar nuestras relaciones, volver a mostrarnos empatía y solidaridad. Y cuidarnos juntos. Aquí nadie es más que nadie. Pondremos todos los recursos y esfuerzos institucionales en estas tareas.

Conviene subrayar que, si bien concurrimos a la universidad con diversos papeles, no están por un lado los estudiantes y por otro las facultades, o la rectoría. No podemos concebir que la universidad es solo la autoridad administrativa. Cada quien tiene las obligaciones y facultades que la norma -esa norma que queremos cambiar para adecuarla a nuestra realidad actual- le confiere y no rehuimos ni abdicamos de las nuestras. Hemos pasado malos momentos. Creo que llevábamos un rumbo adecuado, pero no a una velocidad suficiente. Tampoco la participación de la comunidad era la deseable, la necesaria. Hoy, nos conocemos mejor. Hoy, nos tenemos más confianza. Robustecer la participación, no aflojarla, nos hará construir mecanismos que estén a la altura de nuestras aspiraciones. Dejemos atrás la pasividad. Nadie va a venir a hacernos la tarea.

También haremos presentes las responsabilidades que le competen al poder civil constituido, sin cuyo trabajo la universidad, ni nadie puede vivir en paz y dedicarse a su tarea. A las autoridades estatales, municipales y organismos gubernamentales autónomos, les pedimos su apoyo para que los casos correspondientes sean tratados con perspectiva de género en la fiscalía, en los juzgados. Necesitamos que el Instituto Queretano de la Mujer y todas las instancias municipales en la materia actúen con más fuerza y cuenten con más presupuesto. Necesitamos que Querétaro deje de estar en los primeros lugares nacionales en violencia de género.

A la sociedad, le pedimos que trabajemos en conjunto para combatir la violencia de género desde la casa. Eliminar los estereotipos en la educación de niñas y niños, que eduquemos desde la infancia con valores firmes y con el ejemplo. Que dejemos de buscar culpables y de juzgar, y asumamos nuestro papel en la construcción del tejido social. Por nuestra parte, refrendamos el papel transformador de la universidad para lograr una sociedad mas justa, igualitaria y próspera.

Ninguna persona puede hacer mucho por sí sola, pero sin la voluntad de cada uno y cada una, tampoco se puede. Deconstruyamos y construyamos de nuevo sobre piso firme. Hagamos de cada recinto universitario un santuario de paz y de seguridad, especialmente para nuestras alumnas, nuestras maestras y nuestras trabajadoras. Un lugar, no solo de respeto a las diversidades y las disidencias, sino en donde celebremos la diversidad como lo que es, como una expresión de riqueza. Estos días, sin duda, nos han hecho más conscientes de ello.

Pero esa riqueza de diversidades no lo es solo respecto al género. Aquí, cada quien es libre de pensar y de pensar diferente a otros. Nadie debe arrogarse una representatividad que no le haya sido otorgada. La universidad es el crisol del respeto a las diferencias. Salir a las redes a denostar a quien expresa una opinión que no se comparte, tampoco es democrático ni éticamente correcto. Mucho menos debemos darle legitimidad a la calumnia. No es posible combatir la violencia en cualquiera de sus formas, ejerciendo violencia.

Gracias a las, les y los estudiantes. A todos los grupos que, defendiendo sus posturas, defendieron a nuestra universidad. Por su creatividad, energía e inteligencia. Por las largas horas de trabajo y discusión. Por enseñarnos que hay más, mucho más que aprender. Por darnos esperanza.

Hoy no somos las mismas personas. La UAQ cambió en los últimos años y debemos estar al nivel para atender las demandas actuales. Hoy crecimos y estamos más fuertes. El camino todavía es largo y cuesta arriba, pero hemos comprendido que no vamos solas, solos. Sabemos que no nos dividimos en partes pues somos un todo. Así, diferentes, diversos, multicolores: todos somos UAQ.

Y en comunidad hoy hemos ganado.

Teresa García Gasca

Exrectora de la UAQ. Profesora Investigadora de la Facultad de Ciencias Naturales.

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