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La palabra y el movimiento

Hará cuarto de siglo que la maestra Guillermina Bravo Canales, fundadora y directora del Ballet Nacional de México y del Centro Nacional de la Danza Contemporánea, en Querétaro, comentaba su impresión acerca de la preferencia del espectador queretano por las manifestaciones teatrales y el prejuicio levítico, en perjuicio de la expresión corporal mediante la danza contemporánea, tan desalineada de las convenciones del ballet clásico y la ritualidad de expresiones de raigambre popular-vernáculo.

El recuerdo viene a cuento porque el sábado 21 de octubre no tuvo verificativo una función de danza en el Foro Escénico del Museo de la Ciudad por la total ausencia de público, hubiera sido un ensayo general sin espejos. No recuerdo experiencia igual aunque sí funciones suspendidas por el reducido número de espectadores. En este periodo pospandémico del último tercio del 2022, poco he asistido al teatro, pero he presenciado el hecho contrario: espectadores aguardando que otros no hicieran uso oportuno de su reservación o la hubieran cancelado, para acceder a representaciones de puestas en escena que han retrasado un par de ocasiones la terminación de la enésima temporada de reposición, por ejemplo La Gaviota Teatro con “Odio la maldita narraturgia”, de Mariana Hartasánchez, y “Los ricos también lloran”. 

Fotos: Óscar Salas Gómez

Disquisiciones aparte acerca de preferencias y asistencias a espectáculos escénicos, es de desearse la reposición, en temporada, de “Eres mío”, del coreógrafo e intérprete Osvaldo Colín, obra presentada en función única el miércoles 18 de octubre en el Foro Escénico, ante escasísimo público. Podría decirse que la Compañía Oswaldeen actuó por solidaridad y responsabilidad con el organizador, que al cuarto para doce tomó las fechas canceladas por un teatrero muy afincado en Ciudad de México, arriesgándose a una mínima promoción.          Muy comprensible, dado el confinamiento sanitario, que las tres composiciones presentadas por Colín Ibarra hayan sido obras unipersonales, o casi, pero él parece haber hecho de su traje de vestir, saco y pantalón oscuros con zapatos y camisa a juego, su uniforme de actuación, quizá rimando inconscientemente  —víctima de la propaganda palaciega—  con la austeridad republicana proclamada y promovida a voz tabasqueña en cuello.

Fotos: Óscar Salas Gómez

Pero en “Eres mío” Colín intenta plantear un contexto hogareño, según resumen, donde nos presentaría, por lo menos parcialmente, casi a un ‘mandilón’… ¿trajeado?  Sobre todo las sinopsis de las fichas técnicas de la danza siempre me han parecido el mejor ejemplo de que a los artistas de la danza no se les da el uso atinado de la palabra, particularmente la escrita. Normal, pues lo suyo es la expresión mediante el movimiento. El inicio de “Eres mío” lo hace la presencia y desempeño del personaje aludido. Al verlo ‘uniformado’, aislado, solitario, rodeado de un espacio con abundante oscuridad, vi a un empleado haciendo la limpieza del piso en un viejo edificio de oficinas. Que no coincidiéramos contextualmente es muy subjetivo      —cada quien su bagaje—, me entretuve viendo a un individuo que sabiéndose no observado, mide el vuelo y desahoga sus ímpetus musicales; hace de su trapeador su pareja de baile y da rienda suelta a su animosidad rítmica con el movimiento corporal. En un momento así, consigo, no se cambia por nadie. Continúa la cotidianidad hogareña, pero con pareja: amorosidad, desavenencias, incluso violencia.   Foto 3

Fotos: Óscar Salas Gómez

Aunque Colín hace con muy poco todo lo que “Eres mío” necesita, no me atrevería a ubicarlo escenográficamente en un minimalismo, sin antes apuntar que ‘sabe ocupar, incluso llenar, el espacio de trabajo’.  Sabe que no baila y por tal no se asume bailarín, lo cual explicaría incidentalmente su indumentaria y presencia ‘civil’, pero mucho transmite y proyecta. Tomo su expresión, aunque solo tenga la vida que dura una función, que no es poca cosa cuando la duración extrafunción poco de vida tiene. Con el personaje femenino bien se entiende que se da entre la pareja los tratos de la ‘intimidad hogareña’ con cariñosa crueldad. Con este personaje deberíamos también enterarnos de las tribulaciones post parto. Aunque hay convenciones maternales, este contexto resulta muy poco perceptible. (Rumiado en la incomprensión goza de muy poca visibilización.)  Lo cual, sin programa de mano, no tiene la mayor importancia, pues a cambio tuvimos la agradabilidad del desempeño dancístico de Marlene Casillas. Foto 4

Fotos: Óscar Salas Gómez

Quizá me arriesgue a acercarme a un pleonasmo, pero en “Eres mío” la música es otra bailarina. La selección de autores clásicos y populares de indudable vigencia e inmediata recordación y la edición  —mezcla—  de composiciones harto eclécticas son de un acierto placentero que además aportan vivacidad. La “Tocata y fuga” de J. S. Bach es una garantía universal de captura de público. Iniciar “Eres mío” con esta composición barroca y ‘danzando’ con un mechudo, lo menos que puede uno exclamar para sí es: ¿¡Pues qué va a hacer!? El acierto crece con la inclusión, entre otros, de Los ángeles negros, Edith Piaf, Andrea Bocelli… Tres cuartos de hora en el Foro Escénico del Museo de la Ciudad de Querétaro que se aplauden con mucho entusiasmo.

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