REPELENCIA AL DESENGAÑO

“Imitador de los buenos,
azote de los malos,
enemigo de los perversos y,
en fin,
caballero andante.”
Sancho Panza, asistiendo a su apaleado señor.
No están los tiempos, no los veo así, los míos ni del entorno, para darle una oportunidad a la
desilusión.

Conocí “Quijote” cuando los Cómicos de la Legua celebraban sus
cincuenta años. Todo fue sorpresa y maravillamiento, con cierto dejo
de reaparición del ‘cómico-pródigo’; su bonhomía teatral lo permitía.
La papeleta era promisoria, y no defraudó. Montaje de Leonardo
Kosta. Interpretación protagónica: Manuel Naredo. Escenario: mesón
de los cumpleañeros. Iluminación: Cómicos de la Legua. Vestuario:
Casual, más o menos, de mandilón.
A Kosta no le he conocido un montaje desacertado. Superlativo el
correspondiente a “Sensacional de maricones”, de Luis Enrique
Gutiérrez Ortiz Monasterio (†), por ejemplo. Quizá para salir del paso
firmó la dirección escénica de “La tregua”, de Mario Benedetti, para un
interesado celayense, cuando el protagónico —Martín Santomé, viudo próximo a jubilarse— le
estaba más que ni pintado; unas pinceladas con un personaje secundario —quizá para darle
apoyo con interlocución al protagónico monologante— bastaron para borrarle presencia al
desangelado protagónico. (No estaba muy lejos de la burla cantinera: ‘No se le para ni con el
Himno Nacional, —antes de su actualización—.)
Qué atrevimiento del actor con presencia tan intermitente en los escenarios. Segundos le bastaron
al intérprete para capturar la atención de los expectantes espectadores, con su vis cómica y
graciosa-incongruente atemporal caracterización, que felizmente no desembocó en
caricaturización. Un casco deportivo, con huellas de combativo uso, por yelmo; una escoba de
cerdas de plástico para barrer a los adversarios, por lanza; una patineta como recurso para la
movilización en lugar del lomo del celebérrimo jamelgo Rocinante; y una sombrilla en lugar de
armadura para enfrentar las inclemencias de la intemperie…y otras adversidades. Utilería
constructora, escénicamente, de la demencia caballeresca de Alonso Quijano, personaje literario
cervantino que deviene en el Caballero de la Triste Figura: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre
no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero…” La valía de la trama, el argumento, —idealismo vs realismo; optimismo vs pesimismo—, ¿cuál es el decir de la
obra más allá del significado de las palabras y las frases? Vana la respuesta cuando ya está bien
dada con la letra de la canción “The impossible dream”, de Joe Darion, en la ópera musical “Man
of La Mancha”, de Dale Wasserman:

♪Y sé que si tan solo puedo ser fiel a [mi] gloriosa misión:
♪Luchar contra el enemigo invencible
♪Soportar la pena insoportable
♪Enmendar el error
incorregible
♪Amar pura y castamente […]
♪Luchar por lo que es correcto sin dudar ni detenerse
♪Estar dispuesto a marchar hacia el infierno por una
causa celestial
♪Mi corazón yacerá en paz y tranquilidad cuando me
recueste a descansar eternamente. *
Una letra musical vuelta casi himno, consigna y lema,
personal y familiar. Al margen del arrebatado fustigamiento
presidencial de la aspiración, con el remoquete de aspiracionismo, y el ánimo en la superación
personal espetándolo como individualismo. Con tantos intérpretes como “White Christmas”, de
Irving Berlin, “Júrame”, de María Grever, o “Les feuilles mortes”, letra de Jacques Prévert y música
de Joseph Kosma. Viene a mi mente la divisa de
un industrial italiano que se ocupó del arranque de la planta Quinzaños-Ticino, en Santa Rosa
Jáuregui, Querétaro: «Apuntar a la luna para alcanzar la cima del cerro».
En resumen, una propuesta más de superación y perseverancia, siendo la enésima, entonces ¿qué
tiene este “Quijote”?
El actor Manuel Naredo proyecta una convicción que nos convence. Le creemos su sinceridad
escénica: le creemos que ama el Teatro y lo respeta —como todos debiéramos hacer con nuestra
materia de vida—, le creemos que ama a su personaje, los ideales que lo construyen y
substancian, comprometiéndolo y desde esa posición emocional e intelectual nos provoca al
comprometernos con nosotros mismos, empezando por sincerarnos con nuestra persona y
conciencia. Nos hace amar al personaje, y le creemos que él, Naredo Naredo, es el personaje firme
que nos anima y alienta.
No importa que “Quijote” esta vez, principios de abril de 2023, ocupe el loft de los quebrados
hermanos Homer y Langley Collyer en su operación “Yankee blues”, en una sala histórica —una
más— del Museo de la Ciudad de Querétaro. En esa sala de exposición arrancó, en julio de 2003,
la “Muestra Nacional de la Joven Dramaturgia”, evento ideado y empujado por los dramaturgos
Edgar Chías y Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio (†); ahí participé en la lectura dramatizada
de “El escribidor de la colonia centro”, de Luis Ayhllón, con dirección de Ricardo Leal Velasco.
Ahí presentó, en 2012, Zermeño Producciones la única obra escrita y dirigida por Jéssica Zermeño
no humorística: TREGUA… es ese tiempo suspendido en la guerra, nunca supone el fin del conflicto,
pero sí una esperanza. / Y qué es el amor sino un campo de batalla donde siempre hay dos… o más
pidiendo TREGUA.

En esa sala aparecieron dando vida a dos personajes hermanos Gabriel Hörner García e Ignacio
Baca-Lobera, aquél hacía recordar, por momentos, a Ciro Peraloca: genial cuando conecta un
corazón a una máquina de escribir para ‘sacarle-la-sopa’ «Deja de espiar el pensamiento de los
muertos.», le dice Homer a Langley; fácilmente remitían a la interlocución de “Esperando a
Godot”, de Samuel Beckett, zarandeados por la precariedad, un tanto la ansiedad, y el truene
bursátil neoyorkino en 1929.

Síntomas para la reflexión
- “Quijote” ha hecho cuatro fechas (30 y 31 de marzo y 1 y 2 de abril) dentro de la misma semana
en que el Consejo Consultivo Teatral ha manifestado, muy públicamente, la discordancia que
separa a la comunidad teatrera queretana de las autoridades culturales del Estado de Querétaro.
(El reclamo de acercamiento quedó sin respuesta.) - Nunca, en más de 35 años, había sabido, ni constatado, de una obra de teatro presentada sobre
la escenografía de la anterior, con ambientaciones ampliamente divergentes. No paso por alto la
reutilización de la utilería, algunos muebles escenográficos y de vestuario, sobre todo cuando así
fue planeado su diseño, manufactura y confección. Aunque, finalmente, en “Yankee blues”, de
Mariana Hartasánchez, y “Quijote” prime la demencia. - ¿Qué sería de los teatreros queretanos sin los salones y rincones del Museo de la Ciudad; y de
éste sin el ingeniero, arquitecto, maestro de obras, escultor, resanador y etcétera Caín Torres?
¿Cumplen estas adecuaciones con las exigencias de seguridad que observan, por ejemplo, Teatrito
La Carcajada y La Mirruña Teatro?

- Imposible no recordar a la maestra emérita Guillermina N. Bravo
Canales (†), fundadora y directora de Ballet Nacional de México (†);
cosas del envejecimiento:
BNM bailaría en la milpa, si se ofreciera. (Accesibilidad ≠
masificación)
Ya nadie se muere por amor a la patria. (Negar el trabajo del
artista por ‘amor-al-arte’.)
¡Ya basta de improvisaciones! (Reclamar programas, su
transversalidad ¡y continuidad!)
*Estrofa construida con versos de la traducción al español:
https://lyricstranslate.com/es/impossible-dream-el-sue%C3%B1o-imposible.html-4