La terquedad democrática de los bolivianos
En Bolivia, al igual que en otros países, existe el sistema de segunda vuelta. Pero la segunda vuelta no se lleva a cabo si un candidato gana con más del 50 por ciento en la primera vuelta.
El pueblo de Bolivia acaba de dar una gran lección. En medio de la peor pandemia que se haya vivido en el mundo y bajo una dictadura militar, salió a votar el 87 por ciento de los bolivianos para refrendar su apoyo al Movimiento Al Socialismo (MAS), el partido de Evo Morales.
Los resultados no dejan ninguna duda, al momento de escribir este artículo se había ya contabilizado el 96 por ciento de los votos con una clara ventaja de Luis Arce, candidato presidencial del MAS, con el 54.5 por ciento de los votos contra un 29 por ciento del derechista Carlos Mesa y un 14.4 por ciento del también derechista Luis Fernando Camacho.
Estos resultados no hacen más que confirmar lo que sucedió en las elecciones de octubre de 2019 cuando el candidato del MAS y presidente de Bolivia, Evo Morales se alzó con el triunfo con el 47 por ciento contra el 36.5 por ciento de Carlos Mesa.
En Bolivia, al igual que en otros países, existe el sistema de segunda vuelta. Pero la segunda vuelta no se lleva a cabo si un candidato gana con más del 50 por ciento en la primera vuelta, que fue el caso de Luis Arce, pero no el de Evo Morales. Sin embargo, eso no basta para que haya segunda vuelta, ésta también se puede evitar en el caso que el ganador gane con más del 40 por ciento de los votos y tenga una ventaja de más del 10 por ciento sobre su más cercano competidor y ese fue el caso de Evo Morales en octubre del año pasado cuando le sacó una ventaja del 10.5 por ciento a Carlos Mesa, suficiente para que no hubiera segunda vuelta.
Sin embargo, recordamos que la derecha boliviana, con la complicidad de la Organización de los Estados Americanos (OEA), del gobierno norteamericano y de algunos gobiernos tanto europeos como americanos, se quejaron de un supuesto fraude electoral y con base en ello ya no aceptaron una segunda vuelta, a la que estaba dispuesto Evo Morales con tal de evitar un baño de sangre en su país, sino que concretaron un golpe de estado usando a la fuerza militar.
Ni la derecha boliviana ni la OEA pudieron demostrar el supuesto fraude electoral. Por el contrario, en noviembre de 2019 fue publicado un detallado análisis por parte del Center for Economic and Policy Research, con sede en Washington, en el que se demostró que no había habido fraude electoral en las elecciones del año pasado (“What Happened in Bolivia’s 2019 Vote Count? The Role of the OAS Electoral Observation Mission).
Sin embargo, la derecha boliviana y sus cómplices extranjeros mantuvieron su golpe de estado para imponer en el gobierno a personajes impresentables que no habían ganado ninguna elección. Y como si tuvieran legitimidad comenzaron a aplicar una política impopular al mismo tiempo que hicieron de todo para retrasar lo más posible las elecciones. Pero su tiempo les llegó y el aplastante triunfo del MAS los echa fuera del lugar en donde jamás deberían de haber estado.
En ese contexto, recordamos con orgullo que nuestro actual gobierno, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, ofreció asilo político a Evo Morales, el que pudo salir de Bolivia después de una serie de peripecias dados los obstáculos puestos por los gobiernos derechistas de Brasil, Argentina, Perú y Chile para que el avión que recogió a Evo, cruzara su espacio aéreo.
Es evidente que la derecha gobernó tan mal que incluso parte de su electorado les dio la espalda.
Digno de felicitación el pueblo boliviano que regresó a imponer la democracia de manera pacífica y enterró a los golpistas con un alud de votos.