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ESPEJO Y REFLEJO VERDIANO

Con cuatro funciones Jaime Blanc estrenó en La chimenea, espacio escénico en la antigua estación
ferrocarrilera en Querétaro, “Del amor y la desdicha”, que muy bien le correspondería como
descripción abreviada el título del grupo artístico que alguna vez integró el antiguo coreógrafo
titular de Ballet Nacional de México, ya fuera de la institución fundada y dirigida por la maestra
emérita Guillermina Bravo Canales: Teatro coreográfico alternativo.

Fotos: Óscar Salas Gómez

Parecería que la perturbación es la intención, el desafío de Jaime mediante la creación artística, la
comunicación-transmisión de emociones trasminando erotismo; y aquí es donde empieza la
incomodidad, incluso el disgusto, del espectador. En el caso “Del amor y…” con la muy fuerte
sugerencia de un desnudo masculino y la exhibición de otro cuyo personaje, ¡para colmo!, le
corresponde interpretar sensualidad y amorosidad con modos y amaneramientos identificados
como femeninos, porque en efecto un bailarín, Jesús Tussi, interpreta a una apasionada y
desdichada Violeta. Con música y nominación de cinco personajes —Violeta, Alfredo, padre de
Alfredo, médico de Violeta— Blanc intenta sugerir que parte de la trama y drama de la ópera de
Giuseppe Verdi, “La traviata”. Pero poco o nada cazan temáticamente sendas composiciones,
salvo poner en la picota o sentar en el banquillo convenciones, prejuicios e hipocresías sociales.
«Sería muy atinado que pudieran bailar desnudos, pero sería muy incómodo», Jaime apoyó su
respuesta con un ademán que describía un obvio zarandeo corporal. Cordelia Dvorak había
propuesto en el Centro Nacional de Danza Contemporánea un vestuario para su coreografía sobre
la composición de Igor Stravinski, “La consagración de la primavera”. [Si se trataba de sugerir o
recrear un contexto primigenio, en la alborada de la humanidad, a mí me convencía tal
propuesta.] La diseñadora alemana, que había hecho un trabajo muy satisfactorio para “Carmina
Burana”, de Luis Arreguín, hizo una segunda propuesta y no volvió a trabajar para BNM. La tercera
sí fue la vencida para el coreógrafo también titular de la compañía fundada y dirigida Guillermina
Bravo C. Años atrás, según entrevista, ya había hecho dos intentos, insatisfactorios. El tratamiento
del tema, por parte de Vaslav Nijinsky, de la escandalizante composición estrenada por Les ballets
russes de Serguéi Diáguilev, en 1913, no es el problema único, también lo es, al decir del
coreógrafo, el conteo de la música con su enloquecedor cambio de ritmos y compases. Amén de
otras cualidades interpretativas, la capacidad histriónica y dramática de Citlalli Zamudio resultaron
muy convincentes para la personificación de La elegida, la doncella que ha de morir por
agotamiento en ritualidad dancística para el advenimiento de la Primavera.

Fotos: Óscar Salas Gómez

Jaime Blanc vuelve a requerir las capacidades y servicios de la ejecutante egresada del CNDC para
darle vida a la nominal verdiniana pareja protagónica, Violeta, cortesana, y Alfredo, su mantenido
amante. En “Del amor y la desdicha” Violeta y Alfredo están en una misma intérprete, sin ninguna
transición perceptible, ¿se corteja a sí misma? Esta realidad escénica, de serlo, no cabe en la
fantasía más elemental: nadie puede, aún con la ubicuidad más fantasiosa, ser el sol y la luna, el
día y la noche a un tiempo; no podemos ir al norte y al sur con un solo mismo paso. En algún
momento Alfredo-Zamudio procede con modos-machos sobre Violeta-Tussi, pero la finura
femenina de la intérprete atempera o casi borra tal ‘machismo’ de esas relaciones violentas de
pareja.

El médico de Violeta, alternando como el padre de Alfredo, Carlo Somera, bailarín y coreógrafo,
‘ensotanado’, pareció personificar la normatividad preservatoria de la decencia y las buenas
costumbres, resguardándolas de los cotilleos morbosos o insinuosos de lenidad. En términos de actualidad, este personaje sería un ‘policía moral’ in process.

Como oruga mortificada, un Alfredo, diríase cincelado por consumado escultor renacentista,
imitador del más puro clasicismo griego, transita de izquierda a derecha por el filo del tablado
conque está construido el espacio escénico de La chimenea. Quizá transcurre en la hostigada
ilusión amorosa de Violeta… y viceversa. Finalmente se encuentra dichosamente con Violeta-Tussi.
El bailarín Jesús Tussi no está caracterizado femeninamente, sus ejercitadas formas masculinas
están muy a la vista tras un negligé muy transparente, su amaneramiento mucho construye
atinadamente la apasionada y desesperada amorosidad de Violeta por Alfredo-Fernando Medina.
Muy difícil, a la vista de los cuerpos masculinos, no ver o identificar un apasionamiento
homosexual en una nominalmente heterosexual.

Alguna vez una actriz me describió una cara de la hipocresía queretana con estas palabras: «La
noche de sábado en el burdel y el domingo a misa de doce en catedral». Sin tanta claridad,
Giuseppe Verdi con “La traviata” quiso poner un espejo enfrente del espectador parisino —no se
lo permitieron en Italia—, dejando la acusación para ‘a quien le viniera el saco’, …y en el respingo,
pues con éste se lo pusiera.

Fotos: Óscar Salas Gómez

“Del amor y la desdicha”, de una manera un tanto tortuosa, nos expone al amor obstruido por el
prejuicio; nos dice que el amor no entiende de géneros para ser; que la corporeidad no es el único
factor definitorio del género; que el género no es una cualidad exactamente dicotómica y
separadora.

La suma colectiva de la calidad y capacidad artística de la plantilla de “Del amor y la desdicha” no
es superior a la apreciación y valoración que podría uno hacer de cada uno de ellos. Acudí a La
chimenea confiando en la garantía artística que sus nombres representan. La expectativa por una
temporada de reposición no debería defraudarse. En tal caso, vendría bien un programa de mano
que informará la liga entre la obra coreográfica con la ópera de Giuseppe Verdi.

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