Cultura

VENCIDA SÍ, DERROTADA NO

Aplicándole ‘chiquitolina’ al refrán “No es lo mismo Los tres mosqueteros, que veinte años después”, acudí el domingo 11 de junio al Sótano Teatro para ver “Círculo vicioso de un cuarteto amoroso”. Mi morbo expectante incluía si el elenco sería el mismo que admiré en el Foro Escénico del Museo de la Ciudad cuando todavía no tenía tan acertado nombre. Tampoco nadie acierta a restar o sumar o qué, el periodo de confinamiento pandémico con la fama de temporada de ‘Susana Distancia’. Pero salvo por el brazo izquierdo grafiteado de Romina Barbeitia, el transcurso del tiempo dichosamente los ha respetado y preservado en sus personas y en cuanto a su calidad actoral.

Estos cuatro integrantes de Habitantes Compañía Teatral me volvieron a dejar un tanto perturbado con una trama de dos parejas jóvenes harto discrepantes o de plano contrapunteadas en cuanto a las convenciones sociales-familiares y más exactamente de buena vecindad, matrimoniales y sobre todo conyugales.

Unos vecinos un tanto confianzudos y desinhibidos se invitan a la cena de aniversario de bodas de la pareja de al lado. Los alegres arribeños parecen venir de una fiesta rumbosa muy puestos y animosos para prolongarla.

Previamente, los espectadores nos enteramos que los forzados y sorprendidos anfitriones dirimen una marcada desavenencia que poco aciertan en aparentar, antes al contrario, se trenzan en exhibir el uno a la otra puyándose delante de las inesperadas e indeseadas visitas, al menos por parte de la seudoanfitriona.

El sobajamiento majadero y desconsiderado de Mateo hacia Inés constituye la preferencia y satisfacción que se atribuye como corresponde al proveedor de la casa, para ello incluso le impide ingresos propios vía una relación laboral remunerada. En resumen, Inés no le da gusto en nada a Mateo, porque ella ya no es del gusto de él, y para rechazarla la humilla, la empequeñece en cuanto a sus ‘cualidades femeninas’, la lastima emocionalmente. La respuesta de Inés va en el mismo tono de minusvalía y ridiculización de su incompetencia amatoria.

Los vecinos encajosos, pellejudos que esquivan la despedida, contrastan por su liberalidad desinhibida y preferencias osadas y exhibicionistas, envolviéndolas en un tono aleccionador-incitador, despreocupado de cualquier conducta trasgresora. Diríase, una pareja identificada con la definición de la moral, como un árbol que da moras. En su empeño de convite pervertidor sacan a colación un juego de mesa, ‘el círculo vicioso’, similar al de “la botella”, con claras intenciones orgiásticas y desmadrosas.

La osadía crece al punto de proponer el cuestionamiento cuánto conocemos nuestras preferencias sensuales y el límite de nuestras satisfacciones eróticas, y cuánto nos avenimos a lo dicho y hecho sobre la materia. Estas preferencias y satisfacciones llevan la batuta de la vida conyugal en este par de parejas matrimoniales. Los intrusos se retiran dejando más desmadrado, o no tanto, el terreno alterado, se van con su música quizá a su departamento al son de «Ya bebí, ya cogí, ¿entonces qué hago aquí?».

“Círculo vicioso de un cuarteto amoroso”, por parte de Habitantes Compañía Teatral, divierte, sobre todo por su humorismo irónico y con situaciones que se antojan absurdas, e incomoda, fuerza al cuestionamiento de los propios principios y definiciones, ¡su inmutabilidad!

Como señaló la maestra Ruth E. Colina Méndez dentro del conversatorio propiciado por la Escuela de Espectadores-UAQ, también invitado por Atabal Creación Artística en la edición catorce de la Cruzada Central por el Teatro, antes de llevar a escena un texto, es responsabilidad de los intérpretes, incluyendo quien firme la dirección, la revisión y valoración del texto. Tal señalamiento, este espectador respalda con esta consideración. La temporalidad de la trama en cuestión está instalada en la actualidad. En la brevedad reciente, ¿cuánto ha evolucionado la atención y el abordaje del feminismo, de las feminidades, el lesbianismo, el supra machismo, la homosexualidad?

A la pesadumbre final de Mateo, ¿cómo adulto errado; cómo esposo fallido; cómo regresión a una infancia no superada, corresponde el subido tono trágico que escuchamos y vimos en la función del domingo 11 de junio? Quizá para mayor contrastación con la templanza madura de Inés, quien termina reconociendo que no inició su vida matrimonial con una convicción y una planeación personal, sino mediante un acomodo irreflexivo en un camino pretrazado para cuando sobreviniera su turno: [‘has llegado a la edad de enamorarte, pues enamórate’]. Sale de la trama, y del escenario, con un aire de ‘voy a buscarme, a ver si me encuentro’. [¿Vencida? Esta vez, sí. ¿Derrotada? Todavía no.]

Mateo, trágico, se queda con una explicación de su inadaptabilidad, su ineptitud estructural para construir lo que no ha conocido: un hogar. Sus referentes parentales nos explican a Mateo, pero esa explicación no entra en su entendimiento. Ésta es su tragedia, que no por estertórea y lacrimosa ha de trascender. Con la partida de la maltratada Inés, se ha quedado sin contra quien ser; sin su ‘punching bag’ su vida es el desamparo. [Anécdota escuchada traspuerta: una terapeuta matrimonial está ante la pareja. Ella le reclama: A ver, dime que me quieres. Silencio. Todo ha terminado.]

¿Tiene fisuras el texto? ¿Las dejamos, las componemos o buscamos otro? El dramaturgo, Juan Carlos Alcalá, es un exitoso guionista telenovelero. ¿Para quién trabaja la iluminación aplicada a esta puesta en escena; para la trama; para el pudor de los intérpretes; para las buenas costumbres o decencia de los espectadores? Ciertamente el riesgo de la apología del achuche y el faje palpita tentador. ¿A quién incomodar: a los intérpretes, a los espectadores?

Mientras Habitantes Compañía Teatral se mantenga en cartelera, todo vale; también verlos crecer.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba