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El germen de un cristero: Juventino Gutiérrez

El día 19 de octubre de 1927 serían detenidos Wenceslao Basaldúa y Juventino Gutiérrez por los cargos de rebeldía, señalándolos de estar involucrados con el grupo del general Garza Linares. Los implicados una y otra vez apelarían por su inocencia, declarando que fue J. Jesús Morales quien les había prestado esas armas, que las usaron para poder recuperar sus vacas robadas y que no sabía nada sobre la existencia del tal general. La causa se cerró a finales de ese año, sin la condena de ninguno.

Si bien no se encontrarían pruebas contundentes para que el juez los inculpara como rebeles, en toda la causa hay detalles interesantes que nos dejan ver este caso como uno separado del montón.

Taurino López, empleador público de Tolimán, serían quien los encontraría en el monte, cerca de la Hacienda El Lobo, arriando a unas vacas y portando un arma cada uno: al declarar la procedencia y permiso para portarlas, ambos manifestaron que fueron cedidas por Jesús Morales, pues era encargado de llevar la correspondencia entre Colón y la Estación La Noria, y que éstas las usaban como protección. Sin embargo, ahí había una contradicción, pues al encontrarse con ellos por haberse perdido camino a Ajuchitlán, Taurino les preguntaría sobre el permiso de sus armas y ellos contestaron que no lo tenían. El arresto ocurriría el 12 de octubre y las declaratorias se darían más adelante, dando suficiente tiempo para poder construir una narrativa creíble.

Si bien hay incongruencias entre lo dicho por los testigos, también hay que señalar el ambiente tenso que se vivía para este momento: ya comenzada la Cristiada, cualquier podía ser sospechoso; el arresto de Juventino y Wenceslao sería “repentino” y no se les notificaría de éste hasta que pudieron guiar a Taurino hasta Ajuchitlán pues llegados a la población les quitarían las armas y los mandarían a Querétaro, arrestados por sospecha de rebelión.

El caso de manera muy simple y concisa permite vislumbrar las tensiones que se tenían ya entre la población y las autoridades, en este caso de Colón, pues ante la más mínima sospecha se abalanzaban las acusaciones para demostrar que el sospechoso era un cristero y que conspiraba en contra del gobierno, dando pasó a abusos del poder. Tanto Juventino como Wenceslao repetirían una y otra vez que no conocían al tal general, que no estaban involucrados en ningún movimiento que amenazara al gobierno pues eran ciudadanos comprometidos al orden de la justicia.

No obstante, con el devenir histórico se demostró que éste era sólo el primer caso judicial en el que estaría involucrado Juventino Gutiérrez, quien en 1928 resultó implicado en el saqueo y toma de las oficianas de gobierno en Colón. A este segundo expediente judicial a dónde aparecía plasmado su nombre se sumarían muchos más. Hoy la historia lo recoge como uno de los líderes de los cristeros en Colón.

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