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A PAN y agua

Por: Víctor López Jaramillo

PARA DESTACAR: Hoy, el alcalde Marcos Aguilar tiene que enfrentarse a sus propios dichos. Siguiendo sus propias palabras, podríamos decir que es inaceptable que no se haya hecho nada para evitar esto.

En ámbito local hay temas que vuelven una y otra vez a comentarse dentro de la opinión pública. Temas del que todos tienen algo que opinar y no se mantienen indiferentes ante lo que acontece porque ya conoce usted el dicho: para lenguas y campanas, las queretanas.

No, no me refiero a los Gallos Blancos y sus aventuras futbolísticas. Tampoco son las elecciones cada tres años, aunque tiene una estrecha relación con ello. Me refiero, claro está, a las lluvias que cada temporada, cortesía de Tláloc, azotan estas tierras y provocan las consabidas inundaciones.

Para el queretano contemporáneo, las inundaciones se han vuelto parte de la escenografía de la ciudad desde mediados de verano hasta casi entrado el otoño.

A diferencia de otras cosas típicas queretanas, como los atardeceres tan elogiados por los poetas, las inundaciones son vistas como una maldición, casi como un castigo del cielo.

Pero la explicación no es celestial sino es completamente terrenal y la encontramos en los intrincados caminos de la política.

Las inundaciones que hemos padecido en la capital las dos pasadas semanas o en San Juan del Río hace un mes no son producto porque Tláloc  haya amanecido de malas, sino resultado de una mala planeación urbana y falta de creación de infraestructura pluvial.

Cuando los cielos queretanos se cierran y las nubes negras se ciernen sobre la ciudad, ya sabemos que debemos prepararnos para lo peor.

Lo singular de esta circunstancia es que quienes son nuestros gobernantes lo saben. Conocen perfectamente que la ciudad de Querétaro es sumamente vulnerable ante las lluvias.

Y pese a saber esto, nuestros presidentes municipales de manera abúlica en décadas no han realizado acciones concretas para solucionar o aminorar esta problemática.

En lo que va del siglo XXI, recordemos que el panista Armando Rivera siendo alcalde prometió que la ciudad no se volvería a inundar tras el desastre que se vivió al inicio de su trienio. Durante el periodo de Manuel González Valle situaciones similares se vivieron y por la competencia electoral las inundaciones se volvieron tema político. La respuesta del gobierno panista fue que eran “lluvias atípicas”.

Con el panista Francisco Domínguez en la capital y el priista José Calzada en la gubernatura, la repartición de culpas comenzó entre los partidos y las inundaciones se volvieron parte de la agenda electoral.

Durante su campaña a la capital queretana, Roberto Loyola acusó que los panistas no habían construido la infraestructura pluvial para las demandas de una ciudad en constante crecimiento.

Con la promesa de que la ciudad no se volvería a inundar, Roberto Loyola Vera se convierte en alcalde.

Pero sus esfuerzos se van en obras de ornato y en dos años al anunciar su programa de las mil obras, apenas 15 eran de tipo pluvial. Resultado: la ciudad volvió a sufrir inundaciones. Y la respuesta del gobierno fue ridícula: los drenes funcionaron pero las lluvias nos ganaron o bien, que era culpa de los ciudadanos por tirar basura en las calles.

Y el PAN, en la búsqueda del regreso al poder, culpa del desastre al gobierno priista sin asumir responsabilidad alguna por los años en que estuvieron al frente.

Prueba de ellos son las declaraciones del entonces diputado Marcos Aguilar, quien en la búsqueda de la alcaldía, no dudó en tomar la bandera de las inundaciones y envolverse en ella y arrojarse al vacío de la retórica política.

En el 2014, Aguilar Vega escribió en su cuenta de twitter que era “Inaceptable que en 2 años de trabajo y mil obras, ninguna sirva para impedir que con cada lluvia haya daños en viviendas de los queretanos”.

Y un año después, ya siendo candidato, escribió en esa misma red social: “La lluvia llega en buen momento, en el que se necesita purificar esta tierra y eliminar el mal gobierno del PRI”.

Hoy, el alcalde Marcos Aguilar tiene que enfrentarse a sus propios dichos. Las lluvias del pasado jueves causaron daños en viviendas de los queretanos. Siguiendo sus propias palabras, podríamos decir que es inaceptable que no se haya hecho nada para evitar esto. A cambio, el gobierno del panista nos ofrece respuestas similares a las que nos dio el PRI en su momento: los drenes funcionan correctamente y es culpa de los que tiran basura.

Excelentes para ver los errores en el gobierno ajeno, nuestros políticos son incapaces de asumir errores y mucho menos de ofrecer soluciones concretas en el corto y mediano plazo.

Mientras no se realice una gran obra pluvial y se regulen los cambios de uso de suelo tan frecuentes en los años recientes, las inundaciones en las colonias se repetirán y los candidatos querrán sacar raja política de ellos.

En tanto, en el gobierno de Marcos Aguilar, estamos a PAN y el agua que nos inunda.

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