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Corrupción y violencia, causas del desencanto por la democracia: Woldenberg

José Woldenberg, pilar en la construcción del sistema político actual, refiere que desde su punto de vista el Instituto Nacional Electoral (INE) funciona mejor que nunca, a pesar de la desconfianza de la ciudadanía hacia este organismo. Precisó que en últimos años al INE se le han atribuido tareas que no le corresponden, lo cual entorpece su funcionamiento.

Ejemplificó con los litigios entre partidos políticos, que en lugar de ser resueltos por el Instituto deberían canalizarse a los tribunales electorales: “Cuando a una autoridad se le dan facultades que no son propias de su naturaleza, lo que se hace es erosionar a esa autoridad, pero no creo que sea culpa del INE, sino quienes han venido diseñando ese tipo de facultades que no le son propias al instituto.

De igual forma, el sociólogo señaló varias problemáticas que han contribuido al desencanto de los mexicanos por la democracia, mismos que retoma en el libro que presentará durante el Hay Festival, ‘Cartas a una joven desencantada de la democracia’. Así, destaca, entre otros, la corrupción, la falla del Estado de derecho, la falta de oportunidades para los jóvenes y la violencia.

El expresidente del Instituto Federal Electoral (IFE) también atribuyó que el “supuesto fraude” del año 2006 impactó en la confianza construida desde 1991, cuando se fundó el IFE, y que se veía reflejada en la alternancia y pluralidad en las cámaras de todo el país. Para solventar la situación, Woldenberg descartó que exista una solución universal: “Los problemas de México son muchos y muy complejos y para cada uno de ellos hay que tener políticas específicas”.

 

– En varios de sus artículos usted remarca al supuesto fraude de 2006. ¿Impactó ello en el desencantamiento de la democracia que refiere en su libro?

En 2006 México vivió las elecciones más cerradas y polarizadas de su historia moderna. Se resolvió con diferencia de 0.56 por ciento y el segundo lugar acusó fraude, uno que han pasado 11 años y nadie ha podido probar. Por supuesto cuando la segunda fuerza política del país denuncia ese supuesto fraude, aunque no se haya probado, mucha gente cree en esa versión.

Fue una inyección para mermar la credibilidad, una que se había construido paso a paso porque en el tema de la confianza en las instituciones, normas y procesos electorales no se puede decretar la confianza, pues es una construcción que avanza lentamente.

Cada elección decisión de la autoridad debe ir abonando a esa construcción de confianza y creo que lo que había de 1991 al 2006 iba en ese sentido, no porque las personas tengan la obligación o conozcan todos los eslabones del proceso electoral, sino porque México estaba viviendo fenómenos que antes no se vivían.

Creo que poco a poco a partir del 91, tras la enorme crisis de 1988, la confianza se fue forjando, pero como señalo, es algo frágil y así como se construye se destruye lentamente. Creo en 2006, parte de esa confianza construida de alguna manera se resquebró.

– ¿De qué dependerá que los mexicanos volvamos a encantarnos con la democracia? ¿Vendrá de un partido, la academia, la sociedad?

El cambio no es un asunto que esté en las manos de una sola persona. Es un asunto que nos compete a todos. Yo lo que intento hacer en este libro es tratar de analizar para motivar al niño con el agua sucia, porque creo que tenemos un niño que preservar.

El hecho de que tengamos un sistema de partidos plural que todas las fuerzas políticas relevantes digan que el único método legítimo para arribar a los cargos de gobierno y legislativos son las elecciones, el que tengamos márgenes de libertad de expresión más amplios, todo eso hay que preservarlo y saber observar dónde están los problemas que incluso erosionan el aprecio con los instrumentos que hacen posible la democracia.

¿Cuáles son los instrumentos? Los partidos, políticos, congresos y gobierno. No se ha intentado una democracia que no tenga a esos sujetos. Creo que el malestar más profundo viene de fenómenos de corrupción, violencia, falta de oportunidades, nuestras ancestrales desigualdades que impiden que exista una especie de sentimiento de pertenencia a una comunidad mayor.

Los problemas de México son muchos y muy complejos y para cada uno de ellos hay que tener políticas específicas, no hay una política que nos vaya a resolver todas las cosas. La magnitud de los problemas es enorme y requieren recetas específicas, no hay receta que nos resuelva todo.

– Finalmente, ¿es justificable el millonario aumento presupuestal y constante a los partidos políticos?

En México, desde la reforma en 1996, se estableció por parte del Congreso que el financiamiento público sería preeminente al privado, esto quiere decir que el privado sería residual porque el público es transparente y sabemos cuánto reciben, a dónde va, a qué cuentas se deposita.

Segundo, porque era necesario financiamiento de esta naturaleza para equilibrar la competencia. Donde las condiciones habían sido asimétricas a favor del PRI en el 94. También tenía la finalidad de pavimentar el terreno de juego. El tercer objetivo que se buscaba era que los partidos no fueran dependientes de los grandes grupos económicos o delincuenciales.

Esos tres objetivos se han logrado con un financiamiento público, es decir, se puede rastrear, ha servido para equilibrar competencia y es suficiente para que no dependan de otras fuerzas. Entiendo el malestar de mucha gente por las cantidades, lo que sí se podría hacer, y fue un error de la última reforma, es establecer una nueva fórmula para el financiamiento público en los estados que incrementó de manera importante.

Antes cada estado tenía fórmulas propias, cuando se estableció un solo para ese financiamiento, creció mucho y puede haber ajustes inclusive en lo federal, pero insisto el público es necesario para tener contiendas equilibradas.

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