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De banderas a bengalas, de promesas a recelo: 1963-1968

Si están matando estudiantes para que haya Olimpiada mejor sería que ésta no se realizara, ya que ninguna Olimpiada, ni todas juntas valen la vida de un estudiante

México, 1968

Las llamadas “Olimpiadas de la Paz” estaban a días de celebrarse y vaya que el Estado mexicano había decidido invertir en ellas: Pistas de tartán, garrochas de fibra de vidrio, colchonetas de hule espuma; cronómetros electrónicos, sensores en las metas y pruebas antidopaje. Se remodelaron y ampliaron calles como Reforma, Insurgentes, Pedregal…se llegó incluso a prohibir la venta informal de productos alrededor de las instalaciones olímpicas. México se había vestido con sus mejores galas y puesto una mesa llena de banquetes y regalos para todos los países invitados.

Pero la Ciudad de México -el corazón del país – palpitaba de manera irregular y dolorosa. Como los síntomas que previenen a un infarto, la Ciudad de México daba todas las señalas de que algo grande y terrible estaba por pasar.

México, 1963

El presidente Adolfo López Mateos no podía estar más feliz. Después de dos candidaturas fallidas (una para ser sede en 1950, y la otra para 1964), México finalmente había sido seleccionado como sede para los Juegos Olímpicos; por primera vez el anfitrión era un país latinoamericano y en “vías de desarrollo”.

El mundo entero alzó los brazos y abrió los ojos con sorpresa al darse a conocer la noticia: Algunos lo hicieron con alegría y emoción, como muchos de los países sudamericanos que veían en estas Olimpiadas, una señal de que ellos podrían ser anfitriones en el futuro. Otros –como Francia y Estados Unidos, también aspirantes a hospedar los Juegos Olímpicos– demostraron abiertamente su decepción en sus medios internos.

La altitud de la misma Ciudad de México, fue motivo de crítica por parte de muchos comités deportivos: comentarios ácidos y cartas al COI pedían que se retirase a México esta oportunidad. Tuvieron que hacerse dos visitas con varios atletas del mundo (una en 1965 y otra en 1967) para dar cuenta que los casi 2 mil 300 sobre el nivel del mar de la Ciudad de México no serían impedimento para que los atletas rindieran al máximo.

México, marzo 1968

“Lo más temible eran los porros” cuenta María Esther Velázquez Hawley. Ella tenía 16 años y estudiaba en la Preparatoria 4 de Tacubaya. “Los porros eran toda esa bola de estudiantes mayores que iban a la escuela a vivir, no a estudiar…eran los que reprobaban año con año y se iban haciendo ‘fósiles’ dentro de la escuela”.

La situación en México tiene un sabor agridulce. Los Juegos Olímpicos estaban a meros meses de celebrarse, pero había un descontento entre grupos estudiantiles y el gobierno. “Todo empezó, hasta donde yo recuerdo, con un pleito entre la Vocacional 7 y el Militarizado”. Las “grillas” (peleas) entre escuelas –más específicamente entre los porros de cada escuela– eran frecuentes y vistas como algo cotidiano dentro de la vida escolar. Sin embargo, el país no estaba en una situación que le permitiera tener muchachos peleoneros por las calles y el presidente Gustavo Díaz Ordaz pretendía hacer que los Juegos se llevaran a cabo, sin la más mínima interrupción.

“Se empezó a ver que los pelitos ya no eran tanto escuela contra escuela, sino las escuelas contra los granaderos” El gobierno buscaba la manera más sencilla y rápida para deshacerse del problema de los estudiantes en la calle.

México, 1964

Un personaje infame sube al poder: Gustavo Díaz Ordaz -un tipo de esos del PRI- reemplaza a Adolfo López Mateos como presidente de México. La ciudad goza todavía de la calma y del “desarrollo estabilizador”. El Museo Nacional de Antropología e Historia es inaugurado y el plan de México presentado ante el Comité Olímpico Internacional, aceptado. Mientras, 206 médicos y enfermeras del ISSSTE son despedidos…

México, junio 1968

“En donde yo estudiaba estaba también la hija de Luis Echeverría, la de Corona del Rosal y muchos otros hijos de polítiquillos o gente importante”.

El movimiento estudiantil aun no llega a su máximo punto de efervescencia, pero los porros chocan cada vez más seguido contra los granaderos y éstos, arremeten cada vez más fuerte contra los estudiantes “En ese momento estábamos muy desinformados” dice Mayte Velázquez.

“A los de las prepas no nos decían nada como a los de las universidades. Y además por ser de la 4 nos veían como los niños ‘riquillos’ y nos hacían el feo”. En los libros y periódicos que hablan acerca del movimiento del 68 se encuentran siempre historias nuevas. Historias sepultadas por la censura del gobierno o perdidas entre las balas y los gritos.

“Eran mediados de junio, no recuerdo exactamente el día, pero estábamos en clase cuando entraron un tipos raros; unos hombres vestidos con camisa blanca y sacaron a todos los hijos de la gente esta importante que te digo… los sacaron a todos. Acto seguido, cerraron las puertas de la prepa y ametrallaron mi escuela”.

México, 1965

El gobierno de la Ciudad de México está atrasado con el pago de los aguinaldos a personal del ISSSTE. La adaptación de la Ciudad de México para los Juegos Olímpicos está retrasada y llega a su tope financiero. México tiene su primera crisis antes de que llegue la fecha tan anhelada y el pánico se planta profundamente en los órganos directivos de la ciudad: se intenta negociar con los médicos pero son desalojados, despedidos y remplazados con personal del ejército.

Adolfo López Mateos, quien había estado como presidente del Comité Organizador de los JJOO, es remplazado por Pedro Ramírez Vázquez. En una de las pocas buenas jugadas que realiza el gobierno de Días Ordaz, Ramírez Vázquez logra dar un nuevo sentido e impulso a la organización de los Olímpicos. México, había superado su primer obstáculo

México, junio 1968

“Salimos del baño donde nos habíamos escondido tres horas después de que acabaron los tiros. Yo me subí a mi camión pero aun ahí, habían granaderos golpeando los costados del camión y amenazando a cualquiera que llevara un uniforme escolar puesto”. El conflicto entre el gobierno y los estudiantes es obvio ante todos los ojos de la sociedad mexiquense.

Las escuelas abrían intermitentemente, había granaderos acechando a cualquiera que pareciera estudiante o que fuese lo suficientemente joven para serlo. El plan del gobierno de resolver el conflicto de una manera rápida y fulminante tenía sus fundamentos y funciono muy al principio; pero no contó con que desplegar a la fuerzas del “orden y la paz” uniría a todas las escuelas contra el en lugar de dispersarlas. Finales de julio de 1968: Estalla oficialmente la huelga.

México, 1966

Los preparativos para los Juegos Olímpicos avanzan sin contratiempos. El estadio Azteca, sede oficial de los partidos de futbol durante las Olimpiadas, es inaugurado.

México, julio 1968

“El pecado en esos momentos era el de ser estudiante”. La Ciudad de México comenzaba a entrar en un estado de shock que nadie había previsto. Los movimientos en Francia y Praga de ese mismo año habían transmitido sus ideales al mundo y estos, había permeado en la población estudiantil en México.

“Yo no iba a los mítines como el resto de mis compañeros; mi tía tenía una tienda de abarrotes y yo trabajaba las mañanas ahí. Las tardes las pasaba con mi mamá ayudándole en lo que podía. Pasó que mis amigos de la preparatoria y yo nos enteramos que iba a haber un mitin, y decidimos ir juntos. No habíamos bien llegado al lugar cuando vimos que llegaban camiones con granaderos y que se bajaban como hormigas de éstos. Los estudiantes que estaban como que ya habían previsto esto y tenían calles más adelante sus propios camiones con llantas, mesas – lo que tú quieras y mandes, así como para bloquear y protegerse de los granaderos”.

Díaz Ordaz, quien en un principio había intentado negociar y resolver el conflicto por medio de la vía democrática, estaba ahora empeñado a terminar con las manifestaciones sin importar las medidas que fueran necesarias. “Los granaderos nos persiguieron y entramos a un bloque de apartamentos para escondernos. Ahí la gente que vivía se asomaba y nos decía ‘¡Escóndanse, escóndanse, que ahí vienen!’ Nos metimos debajo de unas escaleras y ahí estuvimos por lo que se sintieron horas. Escuchamos gritos, gente corriendo, golpes…teníamos miedo; estábamos una amiga, un amigo y yo en ese cubo de escaleras y teníamos miedo. Teníamos hambre, pero el miedo no nos dejaba sentirla, igual que la sed y el cansancio de estar tanto tiempo en cuclillas…cuando sentimos que era una buena idea salir de ese lugar, todo se sentía como si fueran fotos. ¿Me entiendes? Como que yo no veía a través de mis ojos, sino a través de los de alguien más en mi lugar”.

México, 1967

De manera casi irónica, se firma el Tratado de Tlatelolco, enfocado a la desnuclearización de América Latina y el Caribe –y por ende– a promover la paz y la negociación en la región.

México, septiembre 1967

Los estudiantes marchan en silencio como protesta y como muestra de que ellos no son los provocadores que el gobierno los acusa de ser.

México, octubre 1968

“El 2 de octubre yo no fui a la marcha. Había ido a la UNAM el día que el ejército entró, pero a Tlatelolco no fui. Tenía miedo y mi mamá no quería que yo estuviera fuera de casa. El 2 de octubre una amiga me marcó a la casa en la tarde y me dijo que había una matanza. Yo no comprendí a qué se refería; para mí matanza era solamente una pelea muy grande. No entendía a mi amiga, ni por qué estaba tan alterada; pero entonces me acordé cuando mi escuela había sido ametrallada y comprendí lo que había pasado en Tlatelolco”

México, 1968

Gustavo Díaz Ordaz cumplió con sus amenazas. El sueño mexicano de ser anfitrión de los Juegos Olímpicos no sería obstaculizado por nada, ni por nadie. La historia de cómo un grupo de choque –el batallón Olimpia– provocó el asesinato de estudiantes, maestros, mujeres, niños… ya es muy bien conocida.

Las imágenes que sobrevivieron a ese día están grabadas en la memoria del pueblo mexicano, pero los testimonios de los que vivieron todo el 68, no sólo el 2 de octubre, sino el año completo, son usualmente perdidos y no rescatados.

El 68 y su fatídico final no fueron cuestión de un día, una semana o un mes. Fue todo un movimiento social que las páginas de nuestros libros de historia suelen olvidar u omitir. Es más fácil (y morbosamente divertido para algunos) resumir todo un año de luchas, a una tarde de muerte y pólvora.

México, presente

“Después del 68 dejé de confiar en el gobierno, y creo que así lo hicieron también muchos de mis compañeros. En ese momento me di cuenta, nos dimos cuenta, de que no teníamos para donde voltear: Ni el gobierno, ni la Iglesia, ni nadie te podía ayudar. Creo que el 68 fue un punto de inflexión a partir del cual se creó esta identidad estudiantil que existe hoy en México. Ese año marcó mi vida. Me enseñó lo que es el poder, el verdadero poder, su maldad y su control. Comprendí a las personas en un nuevo nivel y me impresioné al ver cómo algunos de mis antiguos compañeros terminaron trabajando para el PRI; para los asesinos y autores de todas las víctimas de aquel año”.

“Creo que hemos olvidado realmente por qué se peleó en ese entonces. Cuáles eran las demandas verdaderas de los maestros y estudiantes, y cuales fueron todos los momentos claves de ese periodo. Creo que no les hacemos honor a esas personas. Decimos ‘2 de octubre no se olvida’ pero lo único que no olvidamos son las balas y los muertos. Lo que representaba el movimiento y sus personas, lo que querían lograr y cambiar, eso sí se ha olvidado”

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