Información

El cineasta no cambia el mundo, solo cuenta historias

No les molesta que una actriz esté en las portadas de revistas, les molesta que una trabajadora doméstica vista ropa de diseñador. Las profundas diferencias de clase en nuestra sociedad han causado que muchas personas ya no distingan entre realidad y ficción.

Lo importante de las historias de cine no es lo complicadas que pueden ser sino la forma en que pueden ser contadas. A los grandes cineastas les funciona una fórmula muy conocida, una historia lo más simple que pueda ser y que permita la presunción de la técnica cinematográfica y la delicadeza de un discurso que trascienda como una cuchilla de dos filos.

Roma (2018) de Alfonso Cuarón es por mucho el ejemplo más reciente de esta fórmula, la cual ha heredado formas de narrar de Solo con tu pareja (1991), Y tu mamá también (2001) en el sentido de dar protagonismo a los espacios y al contexto.

Por otra parte, en Roma, el director ha demostrado su crecimiento en técnica y forma cinematográfica. En este filme echó mano de equipo de filmación y tecnología que ya manejó en Children Of Man (2006) con sus primeros ensayos del plano secuencia y en Gravity (2013) donde se consolidó como un cineasta que experimentaba con la mejor tecnología.

Roma, es la historia que si eres mexicano ya conoces, porque la viste cientos de veces en la televisión mexicana. Es el cliché de la trabajadora domestica que atiende a la familia acaudalada y que por la “mala fortuna” que se empecina con los pobres se embaraza, se enfrenta a una vida sola y desamparada. Únicamente que, en esta ocasión, Alfonso Cuarón se encargó de rellenar los huecos de la historia que no se conocían.

Aborda los personajes con una visión de autor enteramente personal y la lleva al espectador en calidad de préstamo. Es decir, sí es una historia que el director conocía bastante bien, su propia infancia, en donde plasmó detalles que al verla le deben parecer exquisitos y truculentos, pero para el espectador muchos de estos secretos pasan inadvertidos. Es una invitación a echar un vistazo a la vida de una familia acomodada en la colonia Roma de la década de los setentas, “pero de lejitos” no es casualidad que no haya planos más cercanos que el plano medio ocasional.

Toda la acción transcurre ante un espectador que se desmorona, pero que no logra entrar más allá de lo que un precavido director le permite. Es como ver desde la puerta de entrada y que no te dejen pasar.

Hace un año, durante la convención de productores de Cinergica en la Ciudad de México, Nicolás Celis, productor de Roma, comentó para este medio que la producción había trabajado y rodado sin guion, ya que el único que lo conocía completo era el propio Alfonso, y este se encargaba de que los actores supieran específicamente lo que se iba filmar. Entonces Roma se construyó para los demás en el set, para el publico en la pantalla, ya que, desde el principio, solo Cuarón y en su defecto los productores de Netflix sabían la historia completa del filme.

Muchos han descrito a Roma como “visualmente esplendida”, el problema estaría en si no lo fuera, podemos decir que Alfonso no puede regresar a México después de la trayectoria que ha tenido y hacer una porquería. Se ha destacado como un director innovador en el aspecto técnico de la cinematografía, entonces no se podía esperar menos de su ultima película. Que sea exquisita no es novedad, es el resultado de mucho trabajo y aprendizaje de casi dos décadas.

Sin riesgo de fallo en la producción

En el punto en el que se encuentra la carrera de Alfonso, ya no se puede permitir errores, por eso era de esperarse que recurriera al mejor y uno de los pocos diseñadores de producción y arte que tiene México. Eugenio Caballero, ganador del Oscar por El Laberinto del Fauno (2006), si hay que construir otro mundo o viajar en el tiempo, Caballero es el hombre que se necesita. Este diseñador tiene la capacidad de empatizar y entender lo que el director quiere ver. Al ser mexicano, quien mejor que él para retroceder al México de 1970.

Caballero, construyó literalmente la avenida Insurgentes, la parte donde estaba antes el Cine Las Américas (que ya no existe) Eugenio lo sacó como de una fotografía. Se basó en archivos fotográficos y en la memoria. Volvió a darle vida a aquella colonia Roma, de los comienzos del sexenio de Luis Echeverria. Eugenio Caballero es un director de arte como pocos, puede trabajar con millones de dólares y con tres pesos, es alguien que busca la manera de que todo parezca que el productor vendió su alma y la vendió muy cara.

En su clase magistral en diciembre del 2017 en Cineteca Nacional, Eugenio Caballero habló sobre su proceso “mi trabajo es crear sensaciones”, detalló que gran parte de su trabajo es la investigación de tiempos y lugares y de pensar qué es lo que el espectador quiere que sienta a ver y oír la película.

Sobre todo, es alguien que es capaz de lidiar con el detalle e imaginación de Guillermo del Toro, con el ritmo acelerado y creatividad de Juan Antonio Bayona, con la profundidad de Jim Jarmusch y con la exigencia de Cuarón. Por la dirección de arte de Roma es esplendida. Caballero vistió, peinó, decoró… hizo que la Roma se viera y escuchara como hace 50 años.

Independientemente de que el financiamiento fuera obtenido de Netflix y de que Esperanto Producciones fungiera como sello principal hay una persona que debe ser mencionada en el trabajo de campo como productor. Nicolás Celis, es un joven que ha crecido como productor en pocos años, desde que fue productor en línea de Heli de Amat Escalante en 2013 comenzó a ser conocido en el medio. Luego trabajó con la familia Cuarón en Desierto (2017) de Jonás Cuarón, hizo Tempestad con Tatiana Huezo en 2017 y La Región Salvaje (2018) de nuevo con Ecalante.

Celis es un productor capaz de lidiar con cientos de extras, su carácter fuerte y tenacidad hacen de él un líder nato a quien no se le escapan los detalles y quien dice lo que debe hacerse justo en el momento. Todo lo anterior observado en su taller de producción en Cinergica en 2018.

Ser productor no es un título que se otorga, es un título que se gana con los años” comentó en aquella ocasión el productor de Roma. El rigor es para Celis el principal aliado para que la producción salga a flote. “Toda película necesita un copiloto” dijo aquella vez y “el director tiene que ver al productor como un gran aliado” comentó. También aseguró que con Alfonso esa confianza se había logrado.

Elegir un cinematógrafo del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), Galo Olivares, fue la elección para la fotografía de Roma. Como ya se mencionaba antes Cuarón no arriesgó mucho con su equipo de producción, pero en este caso cuando se podría esperar que llamará a alguien de la talla de Emmanuel Lubezki para la foto, Cuarón trajo a un fotógrafo poco conocido, con trabajo de muy buena calidad en algunos cortometrajes, pero que no era quien podría asegurar la perfección. Aunque visto desde otro punto el tener un fotógrafo nuevo le permitió a Cuarón total control sobre las atmósferas y participación plena en la construcción de encuadres.

Fue un ganar, ganar, por un lado, Galo se convirtió en el fotógrafo de una de las películas visualmente más esplendidas de la última década en donde pudo aprender de uno de los mejores directores y por otro Alfonso Cuarón pudo hacer y deshacer con plena libertad. Esto no quiere decir que Galo no haya hecho un trabajo maravilloso, es solo que el cine es una serie de toma de decisiones y a veces las decisiones se ven afectadas por el ego entre fotógrafo y director y en este caso es de suponerse que eso no paso.

Un ensayo de imágenes visuales y sonoras puras

Acostumbrados a ver con Cuarón los largos planos secuencia, es así como inicia la película, que nos va llevando por los espacios de una casa, nos presenta la intimidad de un hogar y Cleo (Yalitza Aparicio) que se desplaza confiada, entra y sale de campo a su antojo, aparece y se escapa con sonidos que parecen tan familiares.

El filme está narrado en su mayoría con planos abiertos, movimientos de cámara perfectamente logrados que resultan de una planeación estricta del espacio, la puesta en cámara y el ensayo escrupuloso. La luz es perfecta en cada milímetro de los espacios, cambia con cada avance y retroceso de la cámara con precisión casi automática.

La decisión del director de utilizar el blanco y negro para filmar la cinta aporta un sentido de recuerdo y memoria que benefician ampliamente la historia, pero que también implican un reto en la construcción de atmósferas. Roma, puede ser una de las películas actuales filmadas en blanco y negro donde el recurso está justificado más allá del gusto del cineasta.

En los últimos años no se había visto una película que apelara más a la cotidianidad que Roma, el juego en que los personajes entran y salen de los espacios, en donde la cámara solo nos permite ser espectadores, pero no nos permite entrar en la vida y mente de los personajes es un recurso ya viejo, que sin embargo pocos cineastas saben emplear. No se puede llamar a esto proeza del fuera de campo, porque esto ha existido desde que se considero al cine limitado por dos dimensiones y el fuera de campo ayudaba a ver que había algo más allá del cuadro.

Eso no es impedimento para reconocer que Cuarón empleó tan bien el recurso, que incluso la mezcla sonora se rinde a este juego, al ver y escuchar la película en una sala correcta de cine se puede apreciar que el diseño sonoro rompió con lo acostumbrado a tal grado que sin ver es fácil saber si el personaje esta haciendo algo en el cuadro o fuera, si esta al fondo o si ya regresó.

La imagen sonora se vuelve pura cuando no se necesita de una banda sonora para evocar las sanciones del espectador, una de las escenas que más lo ejemplifica es la de la sala de parto donde en un perfecto y sencillo plano medio el sonido es el que se encarga de dar la tensión y de explicar lo que pasa, la mezcla de distancias de las voces, del llanto y de los silencios es tan buena que parece real.

Es decir, el sonido esta dispuesto en el montaje con la perfección del detalle que advierte el oído humano en la realidad, lo que no pasa con la mayoría de las películas donde las voces corren en un nivel, los sonidos en otro y la banda sonora en otra, lo que causa una linealidad imposible de creer o confundir con la imagen sonora pura.

El casting, es una serie de actores adecuados y otros que no son actores, lo que últimamente despertó la opinión de todos y las criticas del que ni siquiera ha visto la película fue el salto de Yalitza Aparicio a la fama. Ha sido demasiado exagerado, para unos es el valor de que al fin se reconozca a una actriz indígena que tuvo la “suerte” de trabajar con Cuarón, de la que se han colgado muchas causas sociales. Para otro gran numero de mexicanos racistas les resulta incomodo ver a esta chica en la portada de Vogue como rostro de la moda y pensar que no es la idea de belleza que se tiene en el imaginario, sino que se parece a lo que ellos ven día con día en el espejo de su casa.

Lo que nadie habla es de la calidad de actuación de esta chica, como ya se dijo Yalitza es la actriz adecuada para el personaje, todo su ser es perfecto y más allá de todo, su interpretación es tan buena que la colectividad de mexicanos confundidos por años de ver televisión y casos de la vida real ha creído que en realidad Yalitza es como su personaje, a ellos no les molesta que una actriz esté en las portadas de revistas a ellos les molesta que una trabajadora doméstica vista ropa de diseñador. Las profundas diferencias de clase en nuestra sociedad han causado que muchas personas ya no distingan entre realidad y ficción.

Roma es una mirada nostálgica a la vida privada de una familia, pero también muestra capítulos inolvidables de esos años, da algunas pinceladas de la vida política y social de ese momento, como El Halconazo del 10 de junio de 1970 donde un mitin de estudiantes fue atacado por Halcones lo que se conoce como “Matanza de Corpus Christi”.

Roma es si duda una magnifica película, pero hay que dejar claro que ante los problemas sociales el cine y el arte no cambian el mundo. Para todos aquellos que creen que Alfonso hizo aquello mal o esto bien en pos de las luchas sociales, del racismo y las diferencias de clases, hay que recordar que el cineasta no está obligado a hacer el cambio a levantar la voz, solo es una persona que cuenta historias, no quien las arregla.

No es justo dejar la carga de la lucha ante las injusticias a una sola persona porque ya sobresalió en el mundo, cada quien tendría que reflexionar desde su colonia, desde su familia y desde su casa. Alfonso Cuarón es un director de cine no un salvador de los pobres mexicanos.

Hay que ver Roma para juzgarla, hay verla por gusto no por ser snob, hay que apreciarla como obra y puede ser buena, espantosa o magnifica depende del espectador y del inconsciente de este. Porque algo es seguro, el inconsciente no se puede ocultar de este filme.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba