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El nuevo gasolinazo: la falacia del “precio internacional” de la gasolina

Ángel Balderas Puga / anbapu05@yahoo.com.mx

PARA DESTACAR: De manera mañosa, el gobierno de México usa como base para el precio de venta de la gasolina el llamado “precio de referencia” y no, como debería ser, el precio del costo de producción. Tenemos una de las gasolinas más caras de los países petroleros y con una alta tasa de impuestos.

Salió de nuevo Peña Nieto a mentir en televisión. Sigue afirmando que el aumento desmedido a los combustibles se deriva de circunstancias externas, específicamente del aumento del “precio internacional” de la gasolina, lo que es totalmente falso, pues no existen otros países que estén aumentando brutalmente el precio de los combustibles a sus poblaciones.

Tenemos que insistir en que no existe un “precio internacional” de la gasolina. Estudios serios como el “International Fuel Prices”, elaborado por el ente “Deutsche Gesellschaft fur Internationale Zusammenarbeit” (GIZ), bajo comisión del Ministerio alemán para la Cooperación y el Desarrollo Económico (www.giz.de/fuelprices), desmienten rotundamente a los que pretenden justificar el gasolinazo con la falacia del “precio internacional” de la gasolina.

Este estudio, bianual, analiza los precios de las gasolinas y el diésel en más de 170 países. Prácticamente no existen dos países en donde el costo de la gasolina sea el mismo. El estudio del GIZ divide a los países en cuatro categorías.

Categoría 1: países con un alto subsidio en el precio de los combustibles (precio inferior al precio internacional del petróleo), aquí no está México; categoría 2: países con subsidio bajo (precio superior al precio del petróleo pero inferior al precio de los combustibles en Estados Unidos, precio incluye impuestos y ganancias), tampoco nuestro país está aquí; categoría 3 (donde colocan a México): países que usan el precio de los combustibles para recabar impuestos (precio superior al precio en Estados Unidos, pero inferior al de Polonia, país europeo con el precio más bajo); y categoría 4: países con una alta tasa de cobro de impuestos a través del precio de los combustibles (el precio superior al polaco).

Cualquiera que revise los resultados del GIZ observará que no hay un “precio internacional” de la gasolina, sino que cada país, dependiendo de su gobierno, decide cobrar al ciudadano el costo real de los combustibles (casi nadie), subsidiar (precio inferior al costo de producción) o cobrar impuestos (precio superior al costo de producción).

En 2014, último estudio publicado por el GIZ, las fronteras eran de 49 centavos de dólar para la categoría 1 ($6.30 el litro de gasolina), 86 centavos de dólar para la categoría 2 ($11.50 el litro) y un dólar con 42 centavos para la categoría 3 ($19 pesos el litro). En ese año, la gasolina Magna se vendió a $13.31 y la Premium en 14.11. Claramente estábamos ya en la tercera categoría: países que usan el precio de los combustibles para recabar impuestos.

Aunque el concepto de subsidio que usa el GIZ no es real, en términos del costo de producción, pues el ente aclara que considera subsidiados los combustibles si su precio de venta es inferior al precio de venta en los Estados Unidos. Esto puede ser cierto para países no petroleros, ya que estos tienen que adquirir el petróleo a precios internacionales, pero no lo es para países petroleros, como el nuestro, en donde el subsidio tiene que ver con el costo de producción y no con el precio internacional del petróleo, pues no se tiene que adquirir la materia prima para hacer gasolina.

Datos oficiales del mismo Pemex señalan que en 2014 a Pemex le costaba 26.19 dólares producir un barril de petróleo (costo total que incluye exploración, desarrollo y producción), lo que implica un costo de 3.40 por litro. Para hacer una comparación, a Arabia Saudita le cuesta menos de la mitad producir un barril de petróleo, es decir, menos de 1.70 el litro.

Esto explica el porqué, sin que la gasolina esté subsidiada, al día de hoy, Arabia Saudita puede vender su gasolina en 5.12 el litro y Turkmenistán en 5.98. Estos precios incluyen ya el costo de refinación, distribución y utilidad (que en el caso de los países petroleros, se trata de un impuesto).

De manera mañosa, el gobierno de México usa como base para el precio de venta de la gasolina el llamado “precio de referencia” y no, como debería ser, el precio del costo de producción. Este año, la Secretaría de Hacienda fijó un precio de referencia muy alto, $8.06 por litro y un precio de venta de $16 pesos para la gasolina Magna, lo que nada tiene que ver con los $3.40 que nos cuesta producir un litro de petróleo.

El ente alemán GIZ reprueba al gobierno de México en términos de transparencia pues oculta, de manera deliberada, la composición en el precio de los combustibles. Esta estructura de precios debería estar subdividida en costo de producción, costo de distribución, utilidad e impuestos. Esta información la oculta el gobierno de México, de otra manera todos sabríamos que es una falacia que en México la gasolina es barata y está subsidiada, cuando se trata exactamente de lo contrario: tenemos una de las gasolinas más caras de los países petroleros y con una alta tasa de impuestos.

 

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