Elecciones UAQ: 1999, el nacimiento de la democracia universitaria contemporánea

En 1999, la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) vivió un proceso electoral nuevo que terminaría por marcar su vida democrática. Por primera vez, la elección de Rectoría estuvo respaldada por el voto popular de estudiantes y docentes, un proceso distinto a la selección que quedaba únicamente en manos de los integrantes del Consejo Universitario.
En marzo de ese año, comenzaron a mencionarse los posibles aspirantes para suceder en el cargo de la universidad. En una entrevista con Tribuna de Querétaro, el exrector José Alcocer Pozo señaló los nombres de posibles aspirantes: la entonces directora de la Facultad de Ciencias Políticas (FCPS), Martagloria Morales Garza; el director de la Facultad de Medicina, Jesús Vega Malagón; el secretario Académico, Salvador Lecona; y Dolores Cabrera, directora de la Escuela de Bachilleres de la UAQ.
Ahora, a 24 años de esos acontecimientos, dos de las protagonistas de ese momento, Martagloria Morales y Dolores Cabrera Muñoz, recuerdan la importancia de ese momento histórico, el cual proveyó a la máxima casa de estudios de una especie de vacuna contra el Gobierno del Estado y sus ambiciones de imponer a algún Rector.
El factor clave de esta elección fue la decisión de que el proceso electoral era resultado de una auscultación de estudiantes y docentes, no sólo por el voto del Consejo Universitario. La constante era tener a dos personas compitiendo por el cargo y, al no haber un acuerdo, una tercera persona ganaba la elección.
«Esto significaba, por una parte, que había habido negociaciones, que había habido, seguramente, participación de otros actores con capacidad de citar y de convocar a las partes para que llegara a un acuerdo y siempre resultaba una tercera persona. Esto no era lo más adecuado», expresó Dolores Cabrera en entrevista con este semanario.
Este fue el caso del Rector de la época, José Alfredo Zepeda Garrido, quien inició su cargo en 1994 y concluyó a principios de 2000. Su elección fue la última en la que únicamente votó el Consejo Universitario, y él fue un «tercero en discordia», como mencionó en una declaración a los medios en esa época.
Otro de los casos recordados de un «tercero en discordia» es el de Mariano Palacios Alcocer en las elecciones de 1979, quien no participó en el proceso de elección inicial. Esperó 17 días de debates y discusiones entre los dos candidatos del momento, Herbert Pérez y Mariano Amaya Serrano, para presentar su candidatura, la cual ganó.
Es por ello que algunos universitarios buscaron modificar el proceso para democratizar la elección con la participación de los estudiantes, pero con respeto a la proporcionalidad del Consejo Universitario y manteniendo la mayoría calificada para ser electo, es decir, que los universitarios fueran los que determinaran el voto de sus representantes en el consejo y, de esta manera, elegir al nuevo rector.
Estas modificaciones al proceso, que siguen vigentes en la actualidad, se realizaron en el Estatuto Orgánico de la Universidad para evitar conflictos con el Gobierno del Estado y la necesidad de proponer una nueva Ley Orgánica, recordó Dolores Cabrera:
«En ese momento estaba gobernando el ingeniero Ignacio Loyola, que había tenido opiniones negativas respecto a la gestión de Alfredo Zepeda y respecto a la propia Universidad. La facultad para modificar la Ley Orgánica corresponde al Congreso del Estado de Querétaro, y no queriendo nosotros tener conflictos adicionales para la propia Universidad, coincidimos en la necesidad de modificar la legislación interna«.
Para la doctora Morales Garza, otro de los aspectos que benefició a la democratización universitaria fue el cambio de gobierno que se había vivido meses antes. En 1997, el mencionado Ignacio Loyola Vera trajo la primera alternancia en el Poder Ejecutivo del estado.
«El cambio de gobierno, en mi opinión, generó una oportunidad, una coyuntura, porque mientras que el PRI tenía muy aceitados los mecanismos para intervenir, ya que lo venía haciendo históricamente, el PAN, recién llegado y con un político bastante novato, no tenía vínculos con la Universidad».
Las facultades de Psicología y de la Ciencias Políticas y Sociales (FCPS) fueron las primeras en impulsar este tipo de elecciones con el voto de los estudiantes. Por ejemplo, Martagloria Morales fue la primera directora de la FCPS escogida por el voto de su comunidad, no solo por la terna que debía enviarse al Consejo Universitario.
Fue así que el 14 de octubre de 1999, únicamente se registraron dos candidatos, Dolores Cabrera y Salvador Lecona, ya que Diego Arturo López de Ortigoza no cumplió con todos los requisitos, por lo que no se le entregó su constancia como candidato.
Antes de la elección, ambos candidatos acordaron un «pacto de caballeros», según Martagloria Morales. Consistía en que quien ganara la mayoría se convertiría en el candidato y el otro debía retirar su candidatura, ya que era complicado alcanzar la mayoría calificada y podría abrir la puerta a la intervención del estado.
«Tomamos un acuerdo previo a la primera ronda en el que el que ganara se convertiría en el candidato y el otro retiraría su candidatura, para evitar cualquier tentación de intervención por parte del Gobierno del Estado. Fue un acuerdo difícil de cumplir, especialmente para quienes perdieron, es decir, la gente de Salvador. Pero los actores mostraron altura», recalcó la académica de la FCPS.
Transparencia, el reto
En cuanto al proceso actual de elecciones que vive la universidad, ambas catedráticas mencionaron que se ha avanzado de manera significativa en diferentes aspectos, pero también han observado retrocesos inexplicables.
«Ese acuerdo de confidencialidad de la Comisión Electoral en este proceso es inexplicable. Dentro de los propios avances, los mismos actores quieren retroceder. Es inexplicable que una Comisión Electoral que se constituye para abrir el proceso y transparentarlo tenga un acuerdo de confidencialidad», mencionó Dolores Cabrera.
Otros problemas que han identificado en el proceso incluyen la falta de voz para los representantes de los candidatos, la escasa apertura de sesiones de consejo y el voto duro en algunas facultades, lo cual ha fomentado el corporativismo en muchas facultades. No obstante, consideran que la juventud universitaria tiene la capacidad de superar estos obstáculos y seguir avanzando en la democratización de la Universidad.
«Eso tiene que ser superado y lo será por los estudiantes, ya que siempre son la fuerza motriz del cambio. Confío en ellos», concluyó Morales Garza.



