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Hombres cuida-danos.

Hernando Hernández Nava (Estudiante de la Maestría en Educación para la Ciudadanía, UAQ) / psiqueherno@hotmail.com

Ernesto Juárez Vázquez (Integrante de Género y Masculinidades Querétaro, GEMAQ)

El pasado 27 de Octubre del presente año, se llevó a cabo el taller “Hombres por la igualdad y la Cuida-danía, en el marco del 1er Encuentro de Masculinidades, Delincuencia Organizada y Violencia Social en México, en la Universidad Autónoma de Querétaro. Asistieron docentes, activistas, estudiantes de diversas universidades e instituciones como los y las cadetes del Instituto de Formación Policiaca (Infopol) y personas de diversos estados.

De esta manera, lo que pareció casi un error lingüístico, un lapsus, nos motivó a reflexionar sobre la propuesta de la categoría “Cuida-danía”, mencionada por la doctora Teresa Incháustegui, directora del Instituto de las Mujeres de la Ciudad de México, en una entrevista con Ricardo Rafael en el programa “Espiral” transmitido en Canal Once. Ahí ella habla de la necesidad de comenzar a discutir sobre la cuida-danía como forma de habitar la ciudad, reconociendo la importancia que tiene el cuidado en la vida humana y por tanto, en la organización social y comunitaria.

El taller tuvo dos propósitos: por un lado, discutir en colectivo la categoría de la Cuida- danía y por el otro, presentar metodologías y herramientas grupales sobre el trabajo con grupos de hombres. El tema, surge a partir de la incorporación de las mujeres en el espacio público en actividades productivas, en contraste con la escasa participación de los varones en el espacio privado en las tareas reproductivas o de cuidado.

Lo anterior, tiene fuerte influencia de algunos estudios realizados con fundamento en la teoría feminista, es el caso de Salazar, Salazar y Rodríguez en ‘Conciliación Trabajo y Familia en México: las responsabilidades compartidas de mujeres y hombres en el espacio público’ señalan que las mujeres invierten 41 horas a la semana en tareas de cuidado o trabajo no remunerado (cuidado de niños y niñas, ancianos/as, personas con discapacidad, además del trabajo doméstico): es decir, 18 horas más que los hombres.

Este fue el encuadre sobre el cual decidimos emprender la experiencia a través de esta metodología accesible para un grupo diverso como el que asistió, en el cual se mencionó de manera diferenciada qué es aquello que cuidan las mujeres y los hombres. En las primeras, se destacó principalmente a los hijos, familia y el aspecto personal; en el grupo de varones, destacó el carro, el dinero y la familia.

No se esperaba que un grupo de hombres hablara sobre el cuidado familiar, aunque en ocasiones el cuidado puede ser entendido como protección, lo que está estrechamente vinculado al estereotipo de un varón.

Sin embargo, los repertorios identitarios que tienen los hombres para definirse e identificarse en la actualidad, se han modificado de manera emergente a la luz de los cambios sociales, económicos y culturales. Esto ha producido una especie de desazón en la masculinidad tradicional, pues es difícil encontrar espacios que permitan ir acomodando dichas transformaciones, mismas que en ocasiones son experimentadas como pérdidas y que se manifiestan frecuentemente de manera agresiva o violenta.

La metodología compartida por los colegas del grupo WËM de Costa Rica, posibilita un abordaje distinto con los hombres, permitiendo reconocerse como personas y no como agresores potenciales que requieren ser reeducados.

Esta metodología inspirada en la educación popular, permite vivir un proceso de identificación, expresión y manejo de emociones, donde el grupo, juega un papel fundamental para la escucha activa, el contacto físico, el movimiento corporal, el psicodrama, el acompañamiento, entre otras muchas formas que precisan comenzarse a explorar y que en cierta forma, han estado negadas para los varones por una cultura patriarcal que produce violencias.

Finalmente, el taller permitió escucharnos entre hombres y mujeres, aprender de la experiencia que en ocasiones nos resulta ajena, que es la experiencia en el cuerpo y vida de las mujeres más allá de los estereotipos y viceversa. La diversidad enriqueció los aprendizajes, por lo que seguimos convencidos de continuar en este camino hacia la igualdad, el respeto y el cuidado como condición ética para la vida social y comunitaria.

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