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La presencia de Fidel

Por: Gerardo Vázquez Piña

1.- La paja en el ojo ajeno I. Este texto se escribe como un contrapeso de aquellos escritos que condenan y tiranizan la influencia de la obra de Fidel Castro (Fidel) en el proceso revolucionario en Cuba y su labor en la construcción de una sociedad distinta. Esto conlleva, innecesariamente, a tomar y sustentar una postura que trate tanto de escapar de la exposición superficial, como del juego maniqueo que tanto se ha escrito en la última semana, pero sobre todo obliga a trascender la mirada de quienes se empeñan en advertir y condenar solo una parte de la realidad, sin reconocer que con ello forman parte del escenario de lucha ideológica que implica siempre hablar de Cuba y hablar de Fidel.

 

Quisiera ofrecer un par de ideas cuya profundidad requerirían de una exposición mayor, pero que como puntos de partida pueden contribuir al análisis sociológico no solo de Cuba y de Fidel, sino de cualquier intento de sociedad diferente al modelo capitalista.

2.- Más allá de Fidel: La noción de proceso. La Cuba de hoy es una Cuba montada en su propio proceso histórico y en sus circunstancias, mismas que se han estado construyendo desde el triunfo de la Revolución y se estarán construyendo en los meses y años por venir, con base en las maneras en las cuales los cubanos plantearán su relación con el mundo. Esto en medio de la persistencia de la presencia vigilante de capitalismo en su etapa más voraz e inhumana, misma que trasciende la trayectoria histórica del intervencionismo yanqui en América Latina. Esto no tiene nada de nuevo, pero se olvida en los análisis.

3.- Me niego rotundamente… a aceptar la idea de que un solo hombre puede generar transformaciones reales en la sociedad. El pensamiento para concretar ideas se traduce en formas de hacer comunes y sobre todo en acciones colectivas. Habrá que ver más allá de las historias oficiales, de las historias del culto a los héroes (siempre concebidas y utilizadas como figuras congruentes y casi perfectas) y descubrir en la historia social de los hombres de carne y hueso que estuvieron siempre acompañados por otros hombres y por la contradicción (cuestión inherente al ser humano) ¿Qué sí puede hacer un hombre? Formar hombres para construir. Considero que esto fue parte de la labor de Fidel.

4.- Hablar de Cuba. El trasfondo y el encanto al hablar de Cuba es que constituye un tema que tarde o temprano llega al plano ideológico. Cuba se convierte en un escenario de lucha. Así ha sido todo el tiempo desde el inicio de la Revolución. Hablar de Cuba implica confrontar ideologías. Hablar de Cuba incomoda. Obliga a tomar una postura y defenderla y en eso Fidel se pinta solo.

5.- Cuba: ideología, política y poder. La cuestión se vuelve mucho más compleja cuando la ideología plantea orientar, organizar o construir sobre la realidad. Es decir, cuando una ideología contraria a la lógica hegemónica orienta un proceso de organización social diferente. La ideología constituye parte fundamental de la justificación y legitimización del quehacer político y de las decisiones cotidianas del ejercicio del poder.

Esto tampoco es un secreto ni mucho menos. La incomodidad y el escándalo surgen cuando estos tres elementos son planteados desde las alternativas; es decir, desde caminos diferentes a la lógica capitalista. En este sentido, la principal estrategia de descalificación es la reducción de los procesos históricos en experiencias individuales, en este caso en la persona de Fidel.

Cuando sirve al sistema hegemónico, la personificación de estos procesos históricos se convierten en culto a los héroes. Pero cuando estorba, incomoda o pone en riesgo a dicho sistema, todo proceso histórico se personifica, entre otras cuestiones porque se cree que identificando las contradicciones de la persona y su descalificación, se descalifica todo esfuerzo colectivo de organización social.

6.- La presencia de Fidel. La presencia de Fidel ha sido esencial. Aunque no es lo único que funda, fundamenta y actualiza la Revolución y la sociedad cubana, su influencia ha sido contundente. Hay una gran diversidad de elementos y factores que explican lo inmanente y explícita de la presencia de Fidel. Uno de ellos tiene que ver con su figura siempre joven.

Fidel siempre fue joven. Joven inició la aventura de hacer la Revolución. Joven llegó al poder. Junto con las juventudes cubanas, reorganizó la sociedad con base en los valores, el empeño y la fuerza propios de los jóvenes. Fidel supo llegar a los jóvenes y con este fuerte vínculo actualizó el compromiso de los cubanos con su propia Revolución.

Fidel murió siendo un joven de 90 años. El joven más viejo terminó yéndose, como se esperaba desde hace mucho y como es normal en la vida. Pero la presencia de Fidel se queda en los jóvenes en una Cuba joven y llena de jóvenes, a pesar de lo viejo de las casas, de las calles y de algunas gentes.

Mientras se sea joven se es revolucionario, si esto no es así, existe entonces una gran contradicción. La esencia de la juventud está, precisamente, en su ser revolucionario ¿Pero qué se pueden entender por este ser revolucionario? La respuesta es compleja e incómoda, porque implica la elección de una posición ideológica que además compromete a una práctica cotidiana más que a los espectaculares procesos.

Cuando la lucha por la dignidad, la solidaridad, el respeto, la libertad, el pensamiento internacionalista, entre otras cuestiones, dejen de ser faros de luz, entonces se suele dejar de ser joven y entonces, solo entonces se podría decir que Fidel fracasó.

7.- La paja en el ojo ajeno II. La obra de Fidel trasciende al haber articulado ideología, política y poder en un proyecto social y de sociedad, con sus diversas contradicciones, como pasa en todas y cada una de las sociedades. La pretensión de una Cuba perfecta, es una de las muchas estratagemas ideológicas que se han tejido para desacreditar a la Revolución cubana.

Como proyecto social y de sociedad cada país, cada estado, cada institución, cada grupo, cada individuo, vivimos de manera cotidiana la tiranía de quienes ejercen la ideología, la política y el poder de manera discrecional. Pero de esto se habla poco. Las miradas se vuelcan hacia Cuba.

La expectativa de los cambios y las transformaciones recorren la isla. Pero esto es parte del proceso histórico que no se detendrá con la muerte de Fidel y sí, en cambio, sustentará la decisión de los cubanos acerca de su propio porvenir. Mientras, a los demás nos queda seguir condenando la paja en el ojo ajeno, o bien recuperar parte de esta experiencia en los espacios cotidianos que nos comprometen, que son, al final de cuentas, nuestros propios espacios de lucha.

 

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