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Morrissey: la melancolía en el Vive Latino

Al centro de todo hay un gran templete, el clima es sofocante y una audiencia hace evidente la incertidumbre. Es el día en que el Foro Sol se inundó de diversidad, consumismo y euforia; hace recordar lo que fue el Festival Iberoamericano de Cultura Musical Vive Latino número diecinueve.

17 de marzo de 2018, el sol no deja de brillar, la fila se extiende por la reja perimetral que rodea el estacionamiento; los vendedores se aglutinan cada vez más con mercancía “no oficial” de los artistas que encabezan la lista de popularidad del primer día del festival: Noel Gallagher, Panteón Roccocó, Molotov, Kali Uchis y la especulación del momento: Morrissey, luego que en 2013 cancelara su participación en este mismo evento por problemas de salud.

 El equipo de seguridad da instrucciones, la fila comienza a avanzar y pasadas las 13:00 horas se escucha el trote de los que se han formado desde las ocho de la mañana únicamente para escuchar a Steven Patrick Morrissey, porque esperan obtener un lugar privilegiado en el escenario Indio. Y aunque el recorrido para llegar al templete es largo, los obstáculos por esquivar se reducen a las mujeres que ofrecen aquellas pulseras negras que serán la única forma de pago dentro del festival.

En punto de las 14:30 el escenario principal se llena de la multiculturalidad entre Los de Abajo, quienes interpretan un dueto con Alberto Pedraza y la popular Guaracha sabrosona, para darle apertura al ritmo de Los Cafres, aquella banda argentina que mueve a la conglomeración con su tradicional reggae.

Posteriormente, se hace imprescindible entre los espectadores la pasión que desborda el grupo mexicano Enjambre, formado en 2001, y el rock clásico del proyecto musical liderado por Sabo Romo: Rock en tu Idioma Sinfónico vol. II, que hace temblar al Foro Sol con el clásico Mátenme porque me muero, de la legendaria banda Caifanes; seguido de temas como Beber de tu sangre a dueto con Miguel Mateos; Sólo por hoy de Azul Violeta; Ni tú ni nadie con María Barracuda, entre otros éxitos. Aunque la ovación se hace notar cuando Las Víctimas del Doctor Cerebro ponen a mover El esqueleto a los cientos de presentes congregados, así como El son del dolor de José Fors y la participación del El Gran Silencio con el característico Dormir Soñando.

Uno de los momentos más esperados de la noche por fin llega. El juego de luces cambia un poco después de las 19:00 horas. Mientras el lugar se abarrota cada vez más, se proyectan videos musicales y referencias poéticas que han llenado de inspiración a Morrissey, a quien la polémica persigue desde que el cartel oficial del evento Iberoamericano salió a la luz: Sex Pistols, Public Enemy, Ramones, New York Dolls (un grupo de heterosexuales que vestían de mujer y se rebelaban ante los estereotipos pronunciados en la época de los 70), Dionne Warwick, James Brown, se hacen notar al fondo.

Hablar del británico sin sus influencias cinematográficas y musicales le quita esencia de lo que se ve reflejado en el escenario: el punk rock, James Dean, la literatura de Oscar Wilde, la poesía, el periodismo, el amor por los animales y la música que rompe con las barreras de género.

Entre un público que disfruta las cintas que se proyectan por media hora y otro molesto por haber tenido que restringir su consumo de carne dentro del festival durante dos horas -por las condiciones pactadas por el exvocalista de The Smiths-, la cortina cae. Segundos después, con un espectacular saco negro y con un “Hola” que se repite dos veces, aparece el vocalista. A la par de los empujones que abarrotan a los que están en frente, un cover de Elvis Presley, You’ll be gone, comienza. La temperatura sube; brincos, pisotones y un coro que hace vibrar el recinto es lo primero que la prensa captura para encabezar los titulares al día siguiente, sin mencionar lo celeste de los ojos de Morrissey y el juego del micrófono que hace el cantante con el que dibuja sus escalas diatónicas más representativas.

El clásico The last of the famous international playboys es interpretada en segundo puesto, seguido por su reciente melodía I wish you lonely del álbum Low in high school, que critica a las oligarquías, a los jefes de Estado y a la sociedad capitalista: Tombs full of fools who gave their life upon command of monarchy, oligarch, head of state, potentate (Tumbas llenas de tontos que dieron su vida al mandato de la monarquía, oligarca, jefe de Estado, potentado).

Sudehead embelesa el ambiente; le sigue el único tema que interpreta de The Smiths: How soon is now? Aunque su paso por el escenario nos recuerda que han pasado más de 20 años de su lanzamiento, su interpretación sigue llena de pasión que contagia a los espectadores, a pesar de que la energía no sea la misma que alguna vez lo caracterizó. First of the gang to die enciende a los presentes. Sólo hay una pantalla central, un hombre gallardo de 58 años y músicos que más tarde tocaron The bullfighteer dies, con su discurso en contra del maltrato animal, pues desde los 11 años “Moz” es vegetariano.

En contra de las políticas migratorias y el uso de la fuerza policial, interpretara Who will protect us from the police? Y World peace is none of your bussines, para llegar al aclamado clásico Everyday is like sunday, que habla del amor que es rechazado por las apariencias físicas, sobre la tristeza de las ausencias y el sentimiento de pena y dolor.

Finalmente, la presentación de 70 minutos concluye con Jack the ripper, Spent the day in bed, Hold on to your friends, Alma matters y Jacky’s only happy when she’s up on the stage; a continuación Judy is a punk, un cover de Ramones se musicaliza por el recinto… y a las 21:10 horas los reflectores se apagan. Los aplausos crean un sonido estrepitoso de agradecimiento entre los fans de Morrissey y entre quienes sólo esperan la llegada de Panteon Roccocó y Molotov, los últimos en cerrar el evento.

Morrissey, Morrissey, Morrissey, corean. Hay lágrimas entre los fans. Ovación. En el escenario, melancolía, pasión. Moz” lo ha vuelto a hacer.

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