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Música y talento ad libitum

Fue el jueves 24 de agosto cuando la Orquesta Filarmónica del Estado de Querétaro (OFEQ) se reunió en el teatro Metropolitano y deleitó a sus oyentes con “Un concierto de Broadway”. Bajo un cielo estrellado y acompañado de una noche fría, la multitud que acudió el evento no lo hizo de forma homogénea: están los que eran como yo, que ven el teatro y las obras musicales como eventos de alta categoría y, a los cuales amerita ir ataviado con un buen vestir. Después están aquellos que toman ese tipo de eventos como uno más y que entran a tomar asiento en sus butacas, vestidos de jeans, sudaderas, y tenis. Y por último, están también los que van al teatro saliendo de trabajar y que con una camisa rosa pastel manchada de lo que probablemente fue su almuerzo, se forman para apreciar un evento que les permita distraerse y descansar después de un largo día de trabajo.

La orquesta portaba en aquella noche sus mejores galas: Isaac Saúl, quien ha dirigido más de 40 representaciones musicales y que es por ahora el director de “El Rey León en vivo” en la Ciudad de México, fue quien dirigió a los músicos a través de los siete temas que se interpretaron durante la noche.

A las 8:30, la hora acordada para iniciar el evento, los instrumentos presentes cobraron vida con su “calentamiento” y preparación para el concierto. Las cuerdas rechinaron y alzaron las expectativas dentro del teatro hasta los cielos. Los instrumentos de viento llenaron el aire del recinto con su fuerte resonar. Las percusiones golpearon el ambiente con el ritmo con el que guiarían en las subsecuentes canciones.

Un personaje que jamás se identificó introdujo el evento y algo más: la orquesta portaba una banda blanca en su brazo izquierdo en señal de solidaridad y apoyo a todas las zonas de guerra o violencia alrededor del mundo. Con el mensaje “La música y lo que nos hace sentir es lo mismo aquí y en cualquier otra parte del mundo” aquel hombre invitó a todos los presentes a trabajar y tomar conciencia del trabajo que tenemos por delante, si es que queremos alcanzar el ideal de la paz y justicia en el mundo.

Los aplausos reconocieron las palabras que fueron habladas; dando las gracias por asistir y mostrarse tan interesados en la labor y el arte de la Orquesta, el hombre presentó y dio la bienvenida al director de la agrupación musical. Los aplausos le llovieron, y su propia orquesta se colocó de pie y lo recibió con una atenta ovación. Isaac Saúl había entrado y estaba listo para comenzar con el concierto,

Los temas principales de “Violinista en el Tejado”, “Los Miserables”, “Fantasma de la Ópera”, “West Side Story”, “Mamma Mia”, “Evita”, “Cats”, y “A Chorus Line” llenaron el espacio del recinto durante poco más de una hora y media con fuertes aplausos tras la finalización de cada canción.

Con el final de la última pieza tanto músicos como espectadores se pusieron de pie en reconocimiento y agradecimiento mutuo; Isaac pasó personalmente con los miembros de la orquesta para felicitarlos y estrechar sus manos. Se despidió del auditorio y salió para dar el concierto por terminado… por dos minutos.

El tan aparentemente calmado y sobrio director se comportó posteriormente como una estrella de rock. Alzó la voz y se dirigió directamente a la audiencia para ofrecerse a tocar una pieza más. Con los gritos clamando por “El Rey León”. Isaac rio y admitió que las piezas de aquella obra no podrían ser tocadas en esa noche. “El fantasma de la ópera” y “Mamma Mia” dominaban pero ninguno de los dos parecía imponerse al otro.

Tal y como la había hecho durante toda la noche con sus músicos, Saúl alzó las manos y con un súbito movimiento acalló a la multitud. Proclamo los nombres de ambas obras teatrales, y con una mano haciendo el gesto de in crescendo, determino que “Mamma Mia” era la que merecía ser reproducida una vez, y así fue.

Sin embargo, todas las buenas estrellas de rock suelen dar más una canción de más al final, y cuando los gritos de “¡otra, otra, otra!” se alzaron una vez que la orquesta finalizó con “Mamma Mia”, Saúl y sus músicos atendieron a las suplicas de su auditorio una vez más.

A pesar de que el famoso director salió dos veces más del escenario, con la idea de que el concierto finalmente había llegado a su fin, siempre regresó y toco una pieza más hasta que tras las tercera canción -y un fragmento de improvisación- salió para ya no volver, aun cuando los aplausos y las ovaciones siguieron llamándole por medio minuto más.

La gente finalmente se levantó de sus asientos y salió del teatro. Más que haberse tratado de un espectáculo de “alta clase” y categoría, el concierto demostró ser uno lleno de vida y que agotó a sus oyentes con sus vibrantes notas. Isaac Saúl tocó y guío no sólo con sus músicos sino también con sus oyentes. La noche y espectáculo fueron no solo para los que pagaron boleto, sino para los que estuvieron sobre el escenario también. El panfleto con el nombre “Broadway” era una mera formalidad; aquella noche fue en realidad, un concierto “al gusto y placer” de sus protagonistas y espectadores.

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