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Relación Iglesia-Estado: En el centro del debate constitucional

Los artículos 24 y 130 han modificado la relación del país para con la Iglesia

Cristo Alejandro Recéndiz

PARA DESTACAR: Javier Méndez consideró que desde la Conquista y hasta la actualidad, la Iglesia católica ha jugado un papel predominante en la historia del país. Tras la Revolución mexicana se retomaron y ampliaron los postulados de 1857, con lo que se dejó mayor claridad sobre la separación entre la Iglesia y el Estado.

La Iglesia católica jugó un papel decisivo en la conformación de la Nación mexicana y su separación del Estado sólo se logró después de un largo proceso de conflictos sociales, recordó Francisco Javier Méndez Pérez, catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAQ con especialidad en Sociología de la Religión.

El artículo 40 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos determina que México es un Estado laico, de forma que ninguna institución religiosa debe influir sobre el gobierno o alguna autoridad política. Así, el Estado debe ser neutral y ver a los ciudadanos como iguales, sin importar sus creencias religiosas.

Por su parte, el artículo 24 garantiza la libertad de culto, es decir, los individuos tienen el derecho a profesar y practicar libremente cualquier creencia religiosa o de no practicar ningún culto, sin que esto sea motivo de una sanción.

Anteriormente, el artículo 24 determinaba que los cultos religiosos sólo eran permitidos en lugares privados, ya fuera el hogar o un templo. Pero en 1992 el texto constitucional se modificó para permitir los actos religiosos en lugares públicos.

Al respecto, el investigador Javier Méndez Pérez explicó que el artículo 24 tenía la intención de evitar que los eventos religiosos se convirtieran en actos políticos, pero la mayor parte de la población estaba de acuerdo con la separación entre la Iglesia y Estado, de forma que no tenía sentido sostener la prohibición.

“Desde siempre hubo actos públicos religiosos, como las peregrinaciones y las fiestas patronales, que en ese entonces estaban fuera de la ley. Quien intenta aplicar esta ley fue Plutarco Elías Calles y desató la Guerra Cristera. Estos actos públicos religiosos existían y no se politizaban. Aplicar el artículo 24 hubiera traído más conflictos”.

“La modificación fue para adaptarse a una realidad que no afecta a terceros, pues tiene que ver con la religiosidad de la población. La mayoría de las personas toman sus decisiones personales e incluso va en contra de lo que dicen algunas religiones, pero esto no quiere decir que el pueblo pierda su religiosidad”, consideró el académico.

Por otra parte, el artículo 27 constitucional también prohíbe que las iglesias adquieran, posean o administren bienes raíces y capitales. Hasta el siglo XIX, la Iglesia católica era propietaria de grandes territorios y de todos sus templos, pero las Leyes de Reforma cambiaron esta situación, que se ratificó para la Constitución de 1917.

Sin embargo, actualmente las iglesias recurren a la formación de entidades con personalidad jurídica para adquirir inmuebles, amparándose en el artículo 130 constitucional, uno de los ordenamientos con más modificaciones desde su promulgación: veinte en total.

El artículo 130 señala que “Las iglesias y las agrupaciones religiosas tendrán personalidad jurídica como asociaciones religiosas una vez que obtengan su correspondiente registro. La ley regulará dichas asociaciones y determinará las condiciones y requisitos para el registro constitutivo de las mismas”.

Otro aspecto plasmado en el artículo 130 constitucional, es la prohibición para que los sacerdotes participen en actividades políticas. El texto añade que los ministros de cultos no podrán desempeñar cargos públicos y como ciudadanos tendrán derecho a votar, pero no a ser votados. Solamente quienes dejen de ser ministros de cultos con la anticipación y en la forma que establezca la ley, podrán ser votados.

Además, el inciso ‘e’ del mismo artículo 130 apunta que «Los ministros no podrán asociarse con fines políticos ni realizar proselitismo a favor o en contra de candidato, partido o asociación política alguna. Tampoco podrán en reunión pública, en actos del culto o de propaganda religiosa, ni en publicaciones de carácter religioso, oponerse a las leyes del país o a sus instituciones, ni agraviar, de cualquier forma, los símbolos patrios”.

Iglesia ha predominado en la vida política del país

El investigador consideró que desde la Conquista y hasta la actualidad, la Iglesia católica ha jugado un papel predominante en la historia del país. Gran parte de los pueblos originarios fueron convertidos al catolicismo a la fuerza, con lanza, sangre y puño de hierro.

Posteriormente, durante el inicio del movimiento independentista de 1810, el cura Miguel Hidalgo cargó el estandarte de la Virgen de Guadalupe para iniciar con el levantamiento armado, que culminó en 1821, cuando Agustín de Iturbide, tomó el poder y estableció el catolicismo como la religión oficial del Imperio mexicano.

Méndez Pérez expuso que fue hasta el año de 1857, con la Guerra de Reforma entre liberales y conservadores, cuando se intenta separar a la Iglesia del Estado, lo que se reflejó en la Constitución de 1857, en la que se concedió el derecho a los ciudadanos de la libertad religiosa.

En los siguientes años, los presidentes Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada trataron de sostener el proyecto liberal y restarle poder a la Iglesia católica, pero durante el mandato de Porfirio Díaz, quien se mantuvo durante 30 años en el poder, la institución religiosa logró reestructurarse y retomó su poder político.

Sin embargo, la situación cambió con el inicio de la Revolución mexicana, en 1910. Siete años después se retomaron y ampliaron los postulados señalados en el texto de 1857, con lo que se dejó mayor claridad sobre la separación entre la Iglesia y el Estado.

Durante los siguientes 100 años ha pasado por un largo periodo de conflictos, el más directo de todos fue la Guerra Cristera, ocurrida entre 1926 y 1929, durante la presidencia de Plutarco Elías Calles, en donde cientos de personas fueron asesinadas por defender sus creencias, a favor o en contra de un Estado laico.

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