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Sobre fútbol y las fuerzas básicas de Gallos Blancos

El Querétaro Futbol Club, llamado Gallos Blancos de Querétaro, se fundó el 8 de julio de 1950.

El futbol es el arte del desenfreno. La euforia representada en cientos de miles o millones en estadios o televisores. La épica contemporánea. Un espectáculo repleto de expresiones culturales y la historia nos cuenta que varias gestas de héroes o heroínas tras un balón, confirman que el futbol es incluso algo más que solo futbol.

Dentro de todo lo que podría hablarse sobre este deporte, hay aspectos enigmáticos. Las cámaras enfocan a los jugadores o la afición que, tumultuosa, genera emociones con los cánticos y el carnaval en cada jugada o la explosión al gol. Pero hay un lugar que se sabe existe, aunque se ignora, en el que se germinan las próximas figuras del deporte y que está en las fuerzas básicas de los clubes.

La dinámica es sencilla: cada equipo realiza visorias y deciden quienes entran y no. Los jóvenes, ávidos del triunfo, la fama o ambas, buscan el sueño de jugar y las retas en el barrio o los torneos llaneros desembocan en una travesía difícil, pero no imposible. Las probabilidades de acceder son pocas, pero el hecho es que cada jugador del mundo, en liga profesional, retó a la estadística, para convertirse en una excepción.

La mayoría de los jóvenes que intentan ingresar a un club son de distintas localidades. En el equipo de Gallos Blancos, por ejemplo, llegan de Sonora, Chihuahua, Nuevo León, Baja California, Colima, Tlaxcala, Ciudad de México, Chiapas, por decir algunos y si son aceptados, residen en la entidad para escalar por edad en las categorías existentes dentro de la Liga MX: La sub 12, 13, 14, 15, 16, 17, 20 y Primera División, aunado a la Liga Femenil que recientemente se profesionalizó.

Al quedar en el club este les proporciona uniformes, estancia, alimento y educación. En esta última es por la que los conozco. La preparatoria y secundaria en la que trabajo como profesor de las materias de Humanidades es aledaña a la zona céntrica de la ciudad.

Su esquema de trabajo es denominado de “alto rendimiento” ya que son tres horas por día y se concluye en dos años, por lo que implica trabajar más en poco tiempo, comparado con una escuela regular. Este sistema se adecúa perfectamente al club, ya que permite que los jóvenes entrenen de manera profesional sin perder su proceso educativo.

En la escuela los jóvenes son como cualquiera. Se quejan o les gusta, pero su interés está en el deporte. La mayoría vive en Casa Club, en la que conviven 32 jóvenes hasta cumplir los 17, que es la edad en la que comienzan a recibir un salario y entonces rentan en otro espacio normalmente entre 4 ó 5 para solventar los gastos. Algunos cuentan con patrocinadores de marcas reconocidas y otros más, buscan ser titulares en sus respectivas categorías.

Hay también seleccionados nacionales y pocos que han logrado llegar al primer equipo, como el caso de uno de ellos quien recientemente metió un gol ante Tijuana en la Copa MX por lo que, al otro día, fue motivo de charla y emoción en la escuela. En algunos medios locales hablaron de él y probablemente logre consagrarse en el equipo debido a su calidad y compromiso. Ha representado a México en varias competencias en América y Europa.

Por otra parte, las clases son, lo que podría definirse, multiculturales. Trabajar con jóvenes de diversas partes del país es un jolgorio de caló y jerga en que confluyen varias tonalidades, palabras o diferencias lingüísticas que se prestan a la cábula entre unos y otros, que llevan al debate sobre nombramientos como “esquites”, “vasolotes”, “coctel de elote” o “elote en vaso”.

Burlarse de las quesadillas sin queso de la Ciudad de México o el tono “ñero” de sus habitantes; decidir sobre cuáles son los mejores mariscos entre Veracruz o Sinaloa o el por qué los queretanos nos respondemos solos: “¿Trajeron la tarea? ¡Nah!”. Muchos de ellos provienen de pueblos tan lejanos en los que apenas y tienen mil habitantes o quienes vienen de capitales de estados.

A veces, los padres acompañan a los hijos en la travesía. Buscan trabajo y se mudan a la ciudad en turno. Si el joven es “cepillado”, cambian de lugar, en el intento por encontrar otro equipo y hay nuevos amigos y empleo. También están los que no reciben apoyo y a regañadientes los padres aceptan los objetivos de un niño o niña con capacidades sobresalientes para hacer futbol, pero conscientes de que eso no es suficiente.

En la escuela es interesante, a grados curiosos, conocer algunos aspectos. Al sobrino del Chaco Giménez afirmar que lo es. Dudar de él y que se pare y te muestre fotografías y videos y cómo es que se siguen mutuamente por Instagram o al sobrino de Enrique Peña Nieto jugar en alguna categoría del equipo queretano y escuchar anécdotas sobre la seguridad que tuvieron en la Ciudad de México antes de un partido, en el que decenas de policías los resguardaron.

Darles clase de Filosofía, hablar sobre estilos artísticos y que te digan que existe el “neogótico tropical”; reírte y escuchar que te dicen que es en serio. Buscarlo y encontrarlo, saber que existe y que pertenece a Colima y sorprenderte. O hablar sobre el juego de la Ouija, retarlos, reprobarlos si no se mueve o que lo haga y sacar el diez y la probabilidad de que se aparezca un demonio, pero tener una mejor calificación.

Copiarse el examen y que el alumno en turno saque una libreta en clase, según él de manera clandestina, darme cuenta y preguntarle el por qué y recibir una respuesta absurda: “es que tengo que estudiar para inglés”. “¿Vas a estudiar inglés en pleno examen de geografía?”. “Sí”. “Ya sé que estás copiando, solo acéptalo”. “Le juro que no, profesor”. “¿Sabes cómo te hace ver ese tipo de respuestas?”. “Como un pendejo, ¿verdad?”. “¿Qué te digo?”.

Verlos rogar por un mejor promedio o que se paren en plena clase a bailar. Tener alumnos que son lectores, estudiosos y con interés en conocer. Olvidar la clase y hablar sobre el futbol, ciencia, alienígenas, la existencia de Dios o recomendaciones de películas, series o música. Sobre el servicio militar, lo que quieren estudiar, sobre sus amigos o las “crisis domingueras”. Alegrarte cuando ganan o mentar madres si pierden un partido y de vez en cuando soltar mierdas sobre la escuela.

A la mayoría le gusta el ‘freestyle’ y repiten una y otra vez las mismas “batallas” y frases famosas en las competencias que se realizan cada fin de semana. Los narcocorridos y poner música en el celular o cantarlas casi gritando y pedirles que guarden silencio cada tanto. Ver series como La casa de papel o hablar sobre los partidos y los rivales, los números en puntos y minutos jugados y cuestionarse si serán los próximos en salir del equipo ante los malos resultados.

Darte cuenta, al cuestionarlos, si alguna vez han pensado en regresar a casa y recibir respuestas contundentes que se resumen en un “sí”. Escucharlos decir que extrañan a su familia y que quisieran volver y que esta los apoye y les den ánimos.

Algunos no soportan la lejanía y renuncian y vuelven a casa y otros tantos lo soportan y encuentran la manera de sobrevivir emocionalmente. Notar su felicidad en la clase cuando les dan algunos descansos en el club y se van o cuando los familiares vienen a verlos.

El Querétaro Futbol Club, llamado Gallos Blancos de Querétaro, se fundó el 8 de julio de 1950. Su historia es la de cualquier club pequeño, con pocas aspiraciones aunque no por ello nulas ni menos pasionales, para trascender en el balompié mexicano. Dicen los chavos que la serie Club de Cuervos es la historia del equipo. Sus logros son menores. Ha desaparecido más de alguna ocasión y sus nombres han cambiado como el inmortal Atletas Campesinos, cuyo mote fue retomado por una banda de ska local, que ha logrado posicionarse como un referente nacional del género.

La llegada de Ronaldinho al equipo causó una sensación evidente. Muchos restaurantes afamados en la entidad y bares, tienen la playera con el número “49” firmada por el brasileño, enmarcada y colgada en una pared visible, para hacer marca de su recorrido etílico.

Su figura hecha con mármol cerca de las oficinas de la delegación Félix Osores Sotomayor o ver a niños y jóvenes en las calles con la playera y número. Pero no solo de él, pues el equipo tiene otras figuras como el argentino Mauro Gerk, de quien se puede ver su rostro en decenas de murales de grafiti por toda la ciudad u otros tantos con la figura del portero Tiago Volpi.

El futbol es un fenómeno de consideraciones globales. Su función, alterada por un sistema de mercancía y ganancia, persiste, que es la diversión y la metáfora. Eduardo Galeano nos contó la historia del equipo Dínamo de Kiev en la Segunda Guerra Mundial o Martín Caparrós sobre la migración en Francia luego de la última Copa del Mundo, en la que concluye diciendo: “Hay triunfos que dicen mucho sobre las derrotas”.

La memoria encuentra también su expresión en el deporte y es político. El Real Madrid Club de Fútbol como representante de la dictadura franquista y el Fútbol Club Barcelona la república. O el derbi escocés entre Celtic Football Club y Rangers Football Club, de quien sir Alex Ferguson refirió como la rivalidad más intensa del futbol, por su carácter dicotómico: El primero de origen católico, inmigrante, republicano, de sectores empobrecidos y, el segundo, protestante, partidario del imperio británico y de la élite de la ciudad.

Pero ahora, en este lugar y tiempo del mundo, los escenarios son distintos, aunque no menos trágicos, pues la violencia en este país, acecha a cada uno. Y si bien no hay coyunturas como una Guerra Mundial, el país tiene padecimientos que incrementan cada año. Y, sin embargo, el balón se mueve. Porque sucede que la historia no solo consta de épicas, sino de la totalidad de acciones, ya que en la cotidianidad ocurren acciones que tenemos que afrontar. Y eso dice mucho al respecto de nuestro contexto.

Hace aproximadamente cuatro meses “cepillaron” a cerca de veinte jóvenes, lo que significa ya no ser parte del equipo. A la mayoría le impartí clases y me conmoví al enterarme, debido al cariño que existe en esta profesión. Nunca faltan las risas o pláticas serias. Llegaron todos, como siempre, pero en silencio. Los carnavales diarios se volvieron cementerios y entre algunas lágrimas y lamentaciones, se despidieron.

Luego de ello y al ver las sillas vacías, platicamos con el resto sobre lo sucedido. Algunos se irían a Puebla o San Luis Potosí a probar suerte. A hacer historia, en búsqueda de un sueño que, tal vez, no se cumplirá y no por falta de talento o empeño, sino por esos otros aspectos que no se pueden controlar por más que se quiera.

Lo saben y aún insisten. Pero las alegrías no falta o las amistades que no se podrían hacer de otra manera. El aprendizaje a una edad temprana y los esfuerzos. O estar frente al próximo goleador, defensa o portero que las cámaras acaparan y decir con orgullo “yo reprobé a ese cabrón”. Todo es posible, al final de cuentas. Sí, la realidad es mucho más que su primera impresión y el fútbol es más que solo fútbol.

 

Facebook: David Álvarez (Saltapatrás)

Twitter: @DavidAlv5

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