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Sobre la recolección de la basura y el desmantelamiento del Estado

Por: Víctor López Jaramillo

PARA DESTACAR: No hay garantía alguna que la privatización de los servicios sean mejores que los que presta el municipio. La prueba está en el desorden que hemos vivido estas dos semanas en la recolección de la basura; me pregunto si al interior del cabildo se sopesaron las razones por las que era pertinente cambiar el sistema de recolección.

¿Privatizar o no privatizar? ¿Ser o no ser los encargados de cumplir con los servicios de limpia? Esas son las preguntas que no se hizo el Hamlet del Centro Cívico de Querétaro y se decidió, casi sin oposición en el Cabildo, que el laureado sistema de recolección de basura dejará de realizarlo el municipio para que una empresa privada fuera quien recogiese la basura que los queretanos generan día con día.

¿Privatizar o no privatizar? Para el alcalde Marcos Aguilar Vega la palabra privatizar suena muy fuerte y por eso decidió usar los típicos eufemismos del lenguaje político, por ello, simplemente le llamaron “concesionar”.

El argumento del gobierno municipal es simple. Anticipándose a una futura contingencia económica, para recortar gastos deciden que es más barato que una empresa privada especializada en el tema sea quien se encargue de ese servicio, que hasta hace menos de un mes realizaba el municipio.

Y vuelvo a la frase con la que abrí este artículo, me pregunto si al interior del cabildo se sopesaron las razones por las que era pertinente cambiar el sistema de recolección. Todo indica que no, que fue una votación al vapor y las consecuencias las pagamos los ciudadanos que vemos como se acumulan las bolsas negras en nuestras colonias.

El servicio de recolección de residuos sólidos, o basura, es uno de las ocho obligaciones del municipio establecida en la Constitución, entre los que también están el agua potable, el alcantarillado, el alumbrado público, entre otros.

Claro, también está facultado para que terceros, mediante un pago lo hagan, es decir lo privatice, lo realicen empresas privadas o se concesione, como le gusta decir al municipio en el discurso oficial.

La renuncia del gobierno de Marcos Aguilar Vega a realizar directamente el servicio de la recolección de basura no obedece a una locura del alcalde y el Ayuntamiento, sino a toda una política económica en donde se intenta desmantelar al Estado (así con E mayúscula) para dejar todos los bienes y servicios al libre mercado. Exacto, acertó usted, esto se llama neoliberalismo.

¿Es bueno o malo que el gobierno se desentienda de servicios y lo deje todo en manos de la Iniciativa Privada? La respuesta es que es peligroso porque mientras el Estado debe buscar al bien común de la cosa pública (de ahí la palabra república), la iniciativa privada busca principalmente el fin de lucro, la obtención de máximas ganancias abatiendo costos.

Esto no es malo cuando se aplica en los negocios privados pero sí muy perjudicial cuando se implementa en la prestación de servicios públicos.

Explico: en el servicio de limpia municipal no se debe buscar obtener una ganancia económica, sino satisfacer un servicio por el cual los ciudadanos pagan sus impuestos. Bajo la iniciativa privada ya empezamos a ver las primeras consecuencias: muy bajos salarios para sus empleados y un mal servicio en la recolección de basura.

Esta tenencia de ver como enemigo al Estado y como salvador a la libre empresa no es obra de los pensadores políticos que son nuestros regidores allá en Centro Cívico, ya dijimos que es una tendencia global que ha sudo cuestionada incluso en los mismos Estados Unidos.

Ya lo sentenció el historiador John Lukacs en su ensayo “¿Nuestro enemigo: el Estado?” publicado en la revista ‘Nexos’ en 1997, donde analiza las consecuencias de las políticas privatizadoras en Estados Unidos y el mundo:

“Lo que ha significado la “privatización” de esas instituciones es nada más que el reemplazo de una burocracia por otra, y casi siempre la segunda es de naturaleza inferior. (Lo mismo vale para la relación de las burocracias federales respecto a las estatales.)

No hay absolutamente ninguna garantía de que la burocracia de una compañía de seguros de salud sea más humana o siquiera más eficiente que el funcionario federal que examina los registros personales del Medicare”.

Es decir, no hay garantía alguna que la privatización de los servicios sean mejores que los que presta el municipio. La prueba está en el desorden que hemos vivido estas dos semanas en la recolección de la basura. Esa es la consecuencia de hacer de los servicios públicos unos bienes privados.

Y ojo, que en las intenciones privatizadoras del municipio  también está la tentación de concesionar el servicio de alumbrado público.

Algo huele podrido en Querétaro, advertirá el Hamlet queretano. En efecto, eso que huele podrido es la basura que se acumula en las esquinas y que representan la desmantelación del Estado en favor de la empresa privada en perjuicio del bien común. No hay mejor metáfora que esa basura acumulada.

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