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#8M un día para reflexionar no para celebrar

Cada 8 de marzo es una oportunidad para evidenciar que en México existen serias desigualdades entre mujeres y hombres en todos los aspectos de la vida, desde oportunidades de empleo y disponibilidad de educación, a desigualdades de poder, tanto el interior de las relaciones, hasta el acceso a los espacios públicos.

Las normatividades asignadas para cada género siguen siendo motivo de inequidad, en un mundo en el que la diferencia biológica ha impuesto una asignación de características, atributos y roles, las cuales han estado basadas en el poder y el dominio de un género sobre otro.

Los estudios de género han contribuido a demostrar que la desigualdad entre hombres y mujeres es producto de una construcción cultural y no resultado de capacidades naturales diferenciadas entre los sexos.

En lo que respecta a la educación, ésta se considera la base fundamental para el desarrollo que atenúa las disparidades sociales de manera más efectiva. Sin embargo, las oportunidades para acceder a ella y la permanencia en los diferentes niveles educativos no han sido iguales para hombres y mujeres, entre otras razones por diferencias de género, las cuales no son heterogéneas en distintos grupos sociales y regiones de nuestro país.

En los espacios escolares constantemente se manifiestan muchas de las diferencias basadas en el género, pero poco se les reconoce, al ignorar o negar la existencia de condiciones desventajosas para las mujeres y que privilegian la atención hacia los varones con reglas no escritas que favorecen la hegemonía masculina a través de prácticas cotidianas (Mingo, 2010).

De un tiempo a la fecha, el 8 de marzo se ha vuelto parte de una campaña de mercado global, de una superficialidad abrumadora que impregna la agenda pública y política, hablando mucho, pero haciendo poco. Por lo tanto, para esta edición de Tribuna de Querétaro resultó importante evidenciar algunas de las condiciones de desigualdad que las mujeres padecen en un aspecto nodal de su vida que es la educación, que es el espacio universitario.

En esta ocasión en la Universidad nos miramos internamente e invitamos a la reflexión de los grandes retos que aún nos toca por zanjar. Si bien hay temas coyunturales que nos exigen mirarles y darles solución, como lo es el acoso sexual, la violencia sexual, la seguridad en los campus, en el transporte que nos lleva y trae a la universidad, también están los grandes temas pendientes como es la inclusión de cada vez más mujeres en las ciencias y las matemáticas, en la bibliografía, en la escritura, en el lenguaje.

Sin olvidar los temas que no se nombran, como lo es la diversidad sexual, o la complejidad que resulta la conciliación entre el trabajo/ la escuela y la familia, que cuestiona justamente la ecuación simbólica de mujer=madre.

De igual forma, no se debe olvidar los grandes esfuerzos que en la universidad se han realizado para la creación de espacios de atención a la agenda de género, y a los estudios en la materia, mismos que han impulsado la reflexión en diversos niveles y que evidencian los grandes retos pendientes.

En este 8 de marzo #8M, Día Internacional de las Mujeres, no nos feliciten, no nos regalen flores, no hagan eventos, no nos regalen despensas o festivales con palabras vacías. No nos feliciten «por ser mujeres», porque «por ser mujeres» en este país nos están violentando y matando.

Referencia bibliográfica

Mingo, A. (2010) Hilvanes de género en la experiencia escolar, en Desasosiegos. Relaciones de género en la educación. 1° Ed, UNAM, 2010, México.

 

Alejandra Martínez Galán

Directora Invitada

Estudiante universitaria

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