Mujeres campesinas; eje central de los sistemas agroalimentarios en las familias rurales y el maíz como identidad cultural

En México, existe una diversidad de sistemas de producción de granos básicos, principalmente con muchos productores de pequeña escala quienes siembran menos de 20 hectáreas (SIAP 2018). Aunque la política pública y los programas sociales, consideran como pequeño productor(a) a aquellos que cuenten con menos de 5 hectáreas, algunos de estos productores(as), que casi siempre se encuentran en el medio rural, producen maíz, frijol, habas, chicharos y otros granos básicos para consumo familiar y para alimentar a sus animales, muchos de estos productores no alcanzan la productividad necesaria para sostener sus necesidades durante todo el año ni producen excedentes para vender y recuperar algunos gastos de producción. Igualmente, el acceso a insumos y crédito para mejorar su sistema de producción, son limitados y, por lo tanto, es difícil aumentar los rendimientos (SIAP, 2018; SAGARPA, 2015). Ante este contexto es muy sabido y en lo que he vivido a lo largo de 10 años de experiencia en comunidades rurales, los hombres son dueños y/o posesionarios de las tierras y, en la mayoría de los casos, ellos toman las decisiones de qué sembrar, cuándo y cómo; lamentablemente quienes se toman el tiempo en las labores de cultivar, fertilizar, deshierbar, cosechar, conservación, desgranado, selección de semilla; son las mujeres y, sin olvidar que ellas realizan todo el proceso para nixtamalizar el maíz para, así obtener la tortilla, un alimento que no puede faltar en las mesas mexicanas.
El maíz es uno de los principales pilares del patrimonio biológico y cultural de la nación ya que la alimentación del pueblo de México se basa, desde tiempos ancestrales, en el maíz. Este cereal sigue siendo el elemento central de la dieta de gran parte de la población mexicana, a pesar de las transformaciones en la dieta que ha tendido a sustituir los productos derivados del maíz y otros cultivos como el frijol por productos industrializados que se han incluido en los mercados mexicanos a consecuencia de la globalización.
Cabe destacar que, el maíz es originario de México. Gracias a los restos de semillas que se hallaron en Tehuacán, Puebla, sabemos qué hace siete mil años se inició su cultivo (SIAP,2018), El teocintle o zea perennis es una especie del género Zea que se localiza principalmente en México, Nicaragua y Guatemala.
Los teocintles son los ancestros silvestres del maíz, que a través de la agricultura fue domesticado por los habitantes de la América prehispánica, esto nos hace pensar que quienes realmente fueron participes importantes de la domesticación y mejoramiento del maíz fueron mujeres, ya que los hombres realizaban otras labores fuera del hogar.
El elote, como se llamaba en Mesoamérica (la palabra ‘maíz’ viene del caribe) era el cultivo más consumido y el que más aguantaba las variaciones del clima y, por ello, el más leal y cercano a la vida indígena (SIAP, 2018). Actualmente se habla de variedades, o maíz mejorado, y estos se pueden encontrar en diversas altitudes y climas de México, mismos que se han adaptado mediante mejoramiento genético y en las comunidades rurales por selección visual de los campesinos.
El aumento de su consumo como alimento básico se debió a que rinde más que el trigo, el centeno o la cebada, y gracias a su bajo precio se convirtió en el alimento principal y la fuente central de energía y proteínas para la gente de escasos recursos. (FAOSTAT, 2003). En el campo agrícola se ha divulgado y comercializado con semillas mejoradas, esto por la necesidad de obtener mayor producción por hectárea para aquellos que se dedican a su comercialización, dejando de lado al maíz criollo, por su bajo rendimiento, aunque existen diversos puntos estratégicos con campesinos que se niegan a cambiar sus costumbres y tradiciones, buscando así evitar que se pierda las semillas criollas o nativas, incluso la forma tradicional de su producción, para ello existen programas y grupos de pequeños campesinos que están optando por retomar las formas antiguas de cuidar sus suelos con abonos agroecológicos y dejando de lado los productos comerciales, en primer lugar por su alto costo y segundo porque la población busca consumir productos más sanos y libres de agroquímicos.
Personas mayores que han consumido durante varios años el maíz criollo, saben diferenciar entre una masa obtenida del maíz mejorado y del criollo, prefiriendo mas el de maíz criollo o nativo, por su textura, sabor y cocción de la tortilla, así como su recalentado días después.
La agricultura, sobretodo la asociación del maíz con frijol, haba, chiles, calabazas; además de ser una actividad económica, es una forma de identificación cultural, un modo de vida de la cual las mujeres siempre han formado parte fundamental y han sido el pilar de su permanencia en la alimentación de las familias rurales.
Por citar algunos ejemplos de la fuerza laboral productora de este sector en México, se puede mencionar que:
- Poco más de 75 mil mujeres son productoras. Destacan en cultivos como maíz, café, frijol, entre otros.
- Aportan 18 mil millones de pesos en la producción de cereales
- Cultivan 95 mil hectáreas de hortalizas, especialmente dedicadas a chile verde, elote, tomate verde y jitomate
- El principal cultivo en el que las mujeres participan es maíz en grano, con 16 % del total de la producción. (SIAP, Atlas agroalimentario 2012-2018)
“Considerando al maíz; un alimento sagrado”
Esto se puede ver en culturas como la mexica, que adoraban a la diosa del maíz, Centéotl; en las de los mayas, con historias como la del Popol Vuh, que cuenta que el hombre fue creado por los dioses con el maíz.
Los mexicanos utilizamos el maíz no sólo para la alimentación, sino también como parte importante de sus ceremonias religiosas. Podemos recordar el día 2 de febrero, día de la Candelaria y que, en este día, los campesinos esperan una misa para bendecir sus semillas y, estas mismas serán sembradas para obtener nuevas cosechas en las parcelas y así perpetuar la especie.
Por esta sola razón es un elemento fundamental de la cultura de los diferentes pueblos que constituyen la nación mexicana. La riqueza de la sociedad mexicana se debe a su diversidad cultural, proveniente en gran medida de la presencia de muchos pueblos que se desarrollaron en el territorio que ahora es México desde hace siglos, con marcadas diferencias regionales, ya que las distintas regiones del país tienen características culturales propias, como se aprecia con toda claridad al comparar el noroeste y el sur o el sureste del país (Alvarez-Buylla, et al 2013.).
Así, el maíz, además de ser central para la alimentación, tiene un enorme valor simbólico para muchos de los pueblos constitutivos de la nación, pues gran parte de sus prácticas sociales, económicas, culturales y religiosas están ligadas a este cultivo. La cosmovisión y la forma de vida de los pueblos indígenas, así como gran cantidad de las prácticas cotidianas de muchas comunidades rurales y urbanas, también tienen al maíz en un lugar central. Dicha situación impone como un imperativo ético y político a todo ciudadano el hacer una reflexión profunda que le permita participar en la toma de decisiones y en acciones que tiendan a proteger, preservar y fortalecer ese fundamental patrimonio biocultural que es el maíz.
Por esta razón los habitantes de San Miguel Tlaxcaltepec, se organizaron hace algunos años para organizar una feria del maíz, un evento de gran importancia que iniciaría con el noble objetivo de seguir preservando las semillas nativas o criollas y evitar su pérdida en la región, ya que como sabemos es el alimento de todos los mexicanos, pero de mucho mayor importancia para las familias de campesinos en las zonas rurales.
Recordemos que las semillas nativas o criollas son el resultado de miles de años de procesos evolutivos a través de herencias familiares de campesinos a sus descendientes y en diversas culturas que las seleccionan año con año, interactuando cooperativamente para dar lugar a la riqueza de semillas propias de una región (Alvarez-Buylla, et al 2013).
La feria que se organiza, tiene como objetivo principal el intercambio de semillas nativas para un mejoramiento autóctono y regional ya que, esto hace que sea dinámico, por la implicación de procesos de selección local y específicos a ciertos maíces deseables en la región y al mismo tiempo es un proceso complejo por su distribución, pero gracias al intercambio que se busca fomentar entre familiares, vecinos, y a veces entre productores lejanos, por que las semillas son bienes comunes y parte fundamental asociados a los sistemas agroalimentarios tradicionales.
«Quetzalcóatl hizo que lloviera fuego del cielo y quitó a Tlacotecutli y puso por sol a su mujer Chalchitlicue, quien fue sol por 312 años. Durante el tiempo que Chalchitlicue fue sol, la gente comía de una simiente como maíz que le dicen “cincocopi” [teocintle]”.
Leyenda de los Soles (Ángel Ma-Garibay 1973 y Primo Feliciano Vázquez 1975)
Referencia bibliográfica:
– Álvarez-Buylla, ER; Piñeyro-Nelson, AA, 2013, “El maíz en peligro ante los transgénicos. CEIICH/UNAM-UCCS. Mexicod.f.568 pp.
– SIAP, Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (2018). Anuario estadístico de la producción agrícola.
– SIAP, Atlas agroalimentario 2012-2018 http://www.gob.mx/siap
– SAGARPA, Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (2015). Selección y manejo de maíces criollos. Subsecretaría de Desarrollo Rural. Dirección General Para el Desarrollo Rural.
– FAOSTAT, 2003: http://faostat.fao.org/default.aspx
– http://bdjc.iia.unam.mx/items/show/389.
– http://infosiap.siap.gob.mx/siaprendes/contenidos/2/03-maiz/contexto-2.html – https://biodiversidad.gob.mx/diversidad/alimentos/maices/teocintles