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¡Qué pendejada es esa!

Que ya no se necesita. Que ya se alcanzó. Que qué más quieren las mujeres. Ya solo les están dando privilegios. Si se quiere igualdad, ¿por qué se llama fem-inismo? ¿Y los hombres qué?, ¿qué no querían igualdad? No es que sea machista, pero…

Es cierto, a comparación de hace casi 300 años -cuando por primera vez en el mundo moderno se habló de igualdad de género- el panorama de desigualdad ya no es el mismo; las mujeres tienen hoy en día, y desde el siglo pasado, derechos y oportunidades que ni las más idealistas habrían imaginado.

Sin embargo, como todos los Derechos Humanos (DD.HH.), son progresivos e irreversibles, es decir, los gobiernos están obligados a tomar las medidas apropiadas para seguir mejorando las condiciones para el pleno ejercicio de los DD.HH. Es por eso que los precursores de la igualdad –aquellos inconformes y exagerados- siguen implementando acciones a su favor y así debe de ser.

“Qué pendejada que vayan a poner antes a una mujer tonta, sólo por ser mujer, que a un hombre capaz” he perdido la cuenta de cuántas veces he escuchado una aseveración similar a esta en cuanto a las cuotas de género; esas dichosas cuotas que resultan ser una de esas acciones (afirmativas) para alcanzar la paridad, que vienen cargadas de un sabor desagradable, a una salada exageración, un amargo privilegio, a una desigualdad que deja agruras en algunos.

Y sí, en efecto, es una discriminación, pero una discriminación positiva que se lleva a cabo para disminuir la brecha de género. México recientemente ha llevado al ámbito político y económico esta acción para mejorar su posición y lograr los objetivos a los que se ha adscrito, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible impulsados por la ONU, ya que en términos de igualdad, se encuentra en (redobles por favor) el lugar 66 de los 144 países analizados en el Informe Global de la Brecha de Género (GBG) 2016; colocándose debajo de Kenia, El Salvador y Vietnam ¿Decepcionante? ¡Claro!, ¿sorprendente? Para nada…

Pero, ¿qué pasa con ese hombre capaz por el que más de uno parece preocupado?, ¿se quedará sin lugar en la Legislatura (en una empresa, o en cualquier cargo de representación) por esa mujer “tonta” que entrará a ocupar solo un requerimiento? Pues ese hombre capaz, competirá contra sus iguales para tener su lugar, así es: “iguales”, aquellos que han tenido las mismas oportunidades históricamente. Imaginemos de un lado a un grupo de hombres –el estereotipo de diputados mexicanos (corruptos) que quieran imaginarse- entre ellos, uno quiere hacer el cambio; del otro lado está un grupo de mujeres -si quieren igual de corruptas que los anteriores- y entre ellas, una que también planea hacer un buen trabajo; la diferencia entre el “bueno” del primer grupo y la del segundo, es que él siempre ha tenido y seguirá teniendo la oportunidad de competir por el puesto; ella –hasta hace poco- ha logrado ser considerada, puesto que anteriormente -a causa de su género- no era tomada en cuenta.

En otras palabras, la paridad de género, así como otras acciones afirmativas (el vagón especial en el metro para mujeres, el apoyo económico a madres solteras, los lugares asegurados para grupos indígenas o afrodescendientes en las universidades, etc.) son necesarias para mejorar la calidad de vida que históricamente ha sido menor para los grupos vulnerados; éstas no afectan al otro; de hecho (las de la materia en cuestión) no sólo benefician a las mujeres -dejando fuera la cuestión de que al compartir obligaciones y derechos con las mujeres, la carga social de los hombres sería más equilibrada- si se alcanzaran los estándares de paridad, ésta proyecta a mejorar el Producto Interno Bruto en un 11 por ciento para el 2025, lo cual se traduce a 0.2 billones de dólares al año; así que, si son de esos a los que los Derechos Humanos, no les mueve nada, tal vez esta cuantiosa cifra pueda motivarlos a aceptar la igualdad ya pactada desde hace 30 años. Si no me creen a mí, pregúntenle a ‘Forbes’.

Por otro lado, dado el contexto político en que vivimos en México, me atrevo a decir que los funcionarios públicos nunca se han caracterizado por su buena labor, entonces ¿por qué cuando entra una mujer señalamos con más fuerza?, ¿por qué se asegura que jugará un mal papel?

Es cierto, muchas han sido utilizadas como marionetas para llenar una cuota, pero también tenemos títeres con copetes y tesis plagiadas, ¿o no? En realidad no se debería de esperar que hicieran un peor o mejor trabajo, deberían ser juzgadas con el mismo tenor que a los señores, pues las exigencias extras son tan dañinas como las expectativas bajas.

Debemos apostar a que la equidad de género pase de la institucionalización a la transversalización para que las mujeres en verdad sean consideradas agentes de cambio en la sociedad, tanto en lo económico, como en lo político. ¿Que en cuánto tiempo sucederá? Los Objetivos de Desarrollo Sostenible planean cumplirse para el 2030, pero el GBG estima que podría tomar hasta 170 años para lograr la equidad de género, así que no se desesperen que este tema llegó para quedarse. La paridad de género (y la equidad per se) es importante, es necesaria y no es cuestionable. ¡Qué pendejada! Tener que seguir hablando de esto…

 

*Estudiante de la licenciatura en Comunicación y Periodismo

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