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Recordatorios del COVID-19 sobre el agua en México

Las poblaciones sin acceso al agua (…) obtuvieron medidas cautelares; aunque con la aclaración de ser exclusivamente aplicables “durante la contingencia”.

Directa o indirectamente, el agua se ha mantenido en la agenda familiar y social durante la crisis sanitaria. En apariencia, al inicio dejamos de tocar “los temas del agua”, en particular la discusión de la Ley General que iniciaría en abril, para hablar de distanciamiento, tasas de contagio y recuperación económica. Al mismo tiempo que el debate sobre el agua pareció pasar a segundo plano, no así su importancia material para el mantenimiento de la salud cotidiana.

Las medidas básicas de higiene develaron la realidad normalizada pero inaceptable de miles de personas que no cuentan con acceso salubre al vital líquido. La emergencia sanitaria agravó los daños por contaminación industrial que resienten las comunidades aledañas a los ríos Bacanuchi en Sonora o Santiago en Jalisco.

Las poblaciones sin acceso al agua, cuya atención prioritaria se venía despriorizada, obtuvieron —ahora sí con prontitud— medidas cautelares; aunque con la aclaración de ser exclusivamente aplicables “durante la contingencia”. Querétaro no es la excepción. En casos como el de los habitantes de la Pradera, recrudeció la presión que ya antes se hacía, vía cortes de servicio, para obligar a contratar con la operadora privada AQUAA.

Las preocupaciones sobre el agua se han centrado en necesidades de higiene y consumo humano. ¿Las restricciones presupuestarias afectarán al “sector hídrico”? ¿se exentaría del pago del servicio público? La crisis climática, que antecede a las crisis sanitaria y económica, revela claramente al agua como sostén de la vida ecológica.

Desde el confinamiento percibimos el inesperado regreso de patos al río Querétaro o el arroyo Jurica, mientras constatamos el agudo aumento de presión inmobiliaria en áreas con valor hidrológico. Una gran paradoja. Por un lado, sanitizando los espacios en aras de la “salud” humana; por otro lado, perpetuando y permitiendo la degradación de los ecosistemas elementales para la salud planetaria.

Los últimos meses dejaron clara una desigualdad estructural para hacer frente a la contingencia al mismo tiempo que reafirmaron al agua como elemento clave para disminuirla. También develaron diferentes visiones sobre su manejo y destino. En vísperas del Día Mundial del Agua y en plena jornada nacional de sana distancia; no obstante, las denuncias de coacción y criminalización, y de pretender someter a consulta derechos cuya violación ya había sido formalmente acreditada, Mexicalli expresó un rotundo no a la construcción de Constellation Brands, sentando un precedente histórico en la defensa del derecho al agua en México.

De cara a la “nueva normalidad” los intereses del agua reaparecen sigilosamente en el escenario público. La Oficina de la Presidencia para el seguimiento de la Agenda de los Objetivos del Desarrollo Sostenible 2030 recomienda “una Ley de Aguas para lograr menor explotación de mantos por disminución de actividad industrial”. En el Legislativo, tres iniciativas de Ley General de Aguas, la Ciudadana, la del grupo parlamentario de MORENA y la de la Comisión Recursos Hidráulicos, se preparan para ser dictaminadas, incluso fast track, en cualquier momento.

Lo que ahora se juega en el Congreso de la Unión no es menor. Vale la pena, si no lo hemos hecho, empezar a informarnos con seriedad. La pandemia nos sensibilizó hacia la salud y el valor de la vida. No perdamos entonces de vista que la disminución de la calidad del agua, por consecuencia del suelo y del aire, anticipan un futuro de mayor incertidumbre y de mucho riesgo.

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