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Al escribir estas líneas, está a discusión la formación de una institución que en su nacimiento como en su funcionamiento marcará al sexenio naciente: la Guardia Nacional. Durante 12 años, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y sus seguidores clamaron contra lo que llamaba la “militarización del país”. Este nuevo cuerpo, más otras misiones que se piensa dar al ejército, echa por tierra esta línea discursiva. Ese “abrazos y no balazos” se agrega a las frases demagógicas.

Más allá de las filias o fobias que genera una institución de este tipo. El surgimiento de la Guardia Nacional muestra dos vicios que tiene nuestra clase política, respecto al estado de derecho su debilidad y una claudicación. Pero vayamos por partes.

El primer vicio es el de la simulación, pues ante críticas sobre que el mando de este cuerpo debería ser civil, pero ante la insistencia del presidente de la República que tuviera un fuerte componente militar, se opta por un “mando mixto”. Sin embargo, al revisar la iniciativa es claro, que las funciones operativas y las estrategias recaerán en los órganos militares, mientras que la autoridad civil funcionará como proveedora de recursos. Una forma de darles atole con el dedo a los críticos de esta propuesta. ¿Cambio? Pues no, lamentablemente, más de lo mismo.

El segundo vicio, son los acuerdos en “lo oscurito” tan criticado por el ‘peje’. El PRI y MORENA llegaron a un acuerdo para aprobar esta iniciativa. La gran pregunta es ¿A cambio de que el PRI aportó sus votos? Mientras esto no se aclare estamos ante una batalla más perdida por la llamada 4T.

El estado de derecho, una vez más exhibe su debilidad ante el crimen organizado. La promoción de la Guardia Nacional, muestra que es urgente restablecer, en términos de Weber, el monopolio de la violencia legítima, pues sin este no puede haber Estado. Por ello, la necesidad de un cuerpo militarizado que combata a las grandes bandas criminales, que recupere la institucionalidad legal en algunas zonas del país. ¡Calderón y AMLO llegaron a la misma conclusión!, el asunto es que no solo con la violencia legítima se recuperan territorios a largo plazo, sino con la creación de instituciones que sus habitantes acepten, algo que no está en el radar del nuevo gobierno y que solo a mediano y largo plazo se pueden construir.

Finalmente hablemos de la claudicación. Aceptar la Guardia Nacional implica reconocer, una vez más, que las policías estatales y municipales, salvo honrosas excepciones, tienen profundos vicios y debilidades. Es una prueba de que controles de confianza, mejores salarios, los procesos de capacitación han servido de poco. Que la creación de la Guardia Nacional no sirva de pretexto para desatender presupuestariamente y bajar el nivel de exigencia a las policías locales. gobernadores y presidentes municipales son responsables de estas corporaciones, pero los procesos de control de confianza y su poder de fuego muchas veces depende de partidas federales.

Ahora corresponde a los ciudadanos estar atentos, para que estos vicios no se reproduzcan y para que esta claudicación no se dé, de no ser así, estaremos una vez más ante el gatopardismo y ante una mayor debilidad de las instituciones civiles y esto no es bueno para nosotros ni para las futuras generaciones.

Twitter: Luz_Azul

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