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2018: Independientes e “independientes”

La verdad, hasta parece choteo que la semana pasada, el Instituto Nacional Electoral (INE) haya recibido 86 manifestaciones de intención para ser candidato(a) “independiente” a la presidencia de la República. De estas 86 manifestaciones a 38 se les dieron 48 horas para contestar algún requerimiento realizado por la autoridad electoral y a 40 se les autorizó que ya podían recabar las casi 867 mil firmas necesarias para respaldar su candidatura.

Es evidente que muchos de ellos no conseguirán las firmas necesarias y, por lo tanto, no se registrarán como candidatos. Si todos ellos lograran recabar dichas firmas, tendrían que recopilar casi 35 millones de firmas, lo que es imposible, así que la inmensa mayoría se quedará en el camino.

A los candidatos a la presidencia hay que sumar a otros 31 candidatos “independientes” a una senaduría y 185 a una diputación federal en 148 distritos electorales en 28 estados de la República. Una verdadera marea. Al igual que en el caso de la presidencia, la inmensa mayoría se quedará fuera al no poder recabar las firmas necesarias.

A lo anterior hay que sumar a otros miles que ya solicitaron su inscripción a alguno de los 32 Institutos Electorales de los estados.

La inmensa mayoría de los que solicitaron el registro son personajes totalmente desconocidos a la opinión pública o sin participación política evidente.

¿Independientes?

Es evidente que el término “independiente” está mal aplicado pues cabe preguntarse ¿independiente de quién? A nivel mundial, cada vez más, el término se asocia a ser candidato no propuesto por algún partido político o por una organización política con personalidad jurídica para proponer candidatos.

Claramente, esto no significa ser independiente, pues el apoyo a esas candidaturas puede provenir de grupos empresariales o de organizaciones sociales sin personalidad jurídica equivalente a la de un partido político. En estos casos, se podría ser independiente de un partido político, pero no de la o de las organizaciones que apoyan la candidatura y menos de los intereses económicos que la impulsan, lo que incluso vuelve más peligrosas algunas de estas candidaturas para un sistema democrático, pues, como ha sucedido en varios países, esas candidaturas pudieran estar incluso promovidas, financiadas y sostenidas por la delincuencia organizada. Sólo por citar, un ejemplo, recordemos que el narcotraficante colombiano Pablo Escobar llegó a ser diputado.

Entonces hay una contradicción intrínseca, pues el verdadero independiente estaría solo, formando parte de un proyecto individual y en este sentido, ¿qué valor tiene para la democracia una candidatura genuinamente independiente? ¡Ninguna! Pues se accede a ella por ego, por intereses estrictamente personales, por la incapacidad de poder encabezar un proyecto colectivo, por la incapacidad de haber podido conglomerar detrás de sí a colectivos y organizaciones.

El término de candidato independiente se ha venido devaluando con el paso del tiempo, ha perdido su esencia de ser independiente de cualquier partido político para convertirse en sinónimo de candidato no propuesto como candidato por algún partido político con registro. Esto último implica que se quieran presentar como “independientes” personajes como el actual gobernador de Nuevo León, “El Bronco” quien militó durante 33 años en el PRI o Margarita Zavala, esposa del expresidente espurio Felipe Calderón, quien también militó 33 años en el PAN. Es evidente que ambos personajes están llenos de los “genes” de los partidos políticos en los que han militado la mayor parte de su vida, su forma de hacer política y su forma de comportarse está determinada por esta herencia.

De la noche a la mañana, estos personajes se van a dormir como militantes de un partido político y amanecen como “ciudadanos” y nos vienen con el cuento que buscan una candidatura porque están “en contra de los partidos políticos” y “a favor de los ciudadanos”, como si los conceptos de ciudadano y miembro de un partido político fueran mutuamente excluyentes, lo que evidentemente no es así.

Las candidaturas “independientes” como las de “El Bronco”, Margarita Zavala y otras, vienen más del despecho de no haber sido ungidos como “candidato(a) oficial”. En el mejor de los casos, se trata de un berrinche personal y en otros casos se trata de convertirse en instrumento para fragmentar el voto.

Caso patético el de Jaime Rodríguez “El Bronco”, quien apenas lleva dos años como pésimo gobernador de Nuevo León y ya se inscribió como candidato “independiente” a la presidencia de la República. “El Bronco” ha sido un rotundo fiasco como gobernador, resultó todo lo contrario.

Para acabarla de amolar, muchos de esos candidatos y candidatas “independientes” hacen de la necesidad virtud, pues al no haber logrado los suficientes consensos para apoyar su candidatura, presumen de lo que no tienen pero que les encantaría haber tenido: la candidatura oficial de su partido o de su grupo.

 

anbapu05@yahoo.com.mx

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