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Brujas, hechiceras, plantas visionarias, biotecnología y salud comunitaria

Para entender y explicar el entorno, las sociedades humanas construyeron variadas cosmovisiones. En ellas las mujeres dieron una contribución enorme al descubrir las virtudes de las plantas para uso alimentario, curativo, tóxico y visionario. Algunas de esas mujeres, hábiles en el manejo de las plantas enteogénicas, fueron definidas como brujas y hechiceras.

La palabra bruja, calificaba negativamente a las mujeres que poseían clarividencia y podían conocer, mediante ciertos artilugios, el destino o suerte de los integrantes de su comunidad. Las hechiceras estaban más identificadas con los conjuros de amor. Pero ambas conocían las virtudes y poderes de las plantas. Por lo que podían sanar y hacer maleficios, elaborar ungüentos, pomadas, extractos y muchas otras formas farmacológicas.

En Europa, entre 1450 y 1750, etapa de tránsito del feudalismo al capitalismo, se requirió confinar a las mujeres a la función reproductiva, alejándolas de todo lo relacionado con la agricultura de subsistencia y de traspatio, para ello se engendró la caza de brujas, durante la cual unas 500 mil personas fueron quemadas en las hogueras, acusadas de practicar la brujería. Este tipo de procesos con distintas formas y en diversos periodos de la historia se ha repetido, por ejemplo durante el famoso Informe Flexner, en 1910, la Fundación Rockefeller persiguió y restringió las terapéuticas médicas no alopáticas, o la lista negra, durante la Segunda Guerra Mundial, con la cual el gobierno macartista norteamericano acusó de comunista a todo aquel ciudadano con pensamiento crítico.

Las brujas y hechiceras resguardaban el conocimiento milenario sobre plantas medicinales, tóxicas y visionarias, mismo que documentaron en libros y otras formas, pero la inquisición, el poder de la ignorancia y el oscurantismo, sometió al fuego libros, cuerpos y almas. De la misma forma durante la conquista y colonización de América, se persiguió a todo indígena rebelde acusándolo de idolatra. Un ejemplo de ello es que en 1562 durante el acto de fe en Maní, Yucatán, bajo las ordenes de Tribunal Inquisitorial encabezado por Fray Diego de Landa se asesinaron a 10 mil mayas y se destruyeron todo tipo de figuras y códices.

Cada una de las plantas usada por brujas y hechiceras tiene poderes, que en virtud de su concentración e ingredientes activos, pueden sanar, excitar sexualmente, producir alucinaciones, sueños o incluso la muerte. Por ejemplo el beleño (‘Hyoscyamus niger’ y ‘H. Albus’), la mandrágora (‘Mandragora autumnalis’), la belladona (‘Atropa belladona’), el estramonio (‘Datura stramonium’) y la cicuta (‘Conium maculatum’) poseen propiedades analgésicas y anti-inflamatorias; la resina de la adormidera (‘Papaver somniferum’) es un potente analgésico (la morfina).

Los extractos de algunas de estas plantas formaban el famoso “ungüento de brujas” con el cual las usuarias se untaban la frente, bajo los brazos, en las muñecas, en las palmas de las manos, en la entrepierna y la vagina, al ser absorbidos por la piel y mucosas, les generaba una acción represora del sistema nervioso central, anestesiándolas (escopolamina) y en dosis altas excitándolas (hiosciamina y atropina) lo que daba lugar a alucinaciones durante el sueño, presentando sensación de vuelo o levitación y de asistir a bacanales, bailes frenéticos, todo envuelto en sensaciones eróticas.

En la flora mexicana y latinoamericana están el jícuri (‘Lophophora williamsi’), el San pedro (‘Echinopsis pachanoi’), la Ayahuasca (‘Banisteriopsis caapi’), los hongos amanita y psilocybe, entre otras organismos enteogénicos.

De forma particular el jicuri o peyote contiene diversas sustancias como la mezcalina, tiramina, hordenina, candicina y otras. Entre sus bondades terapéuticas están las de ser analgésico, antireumático, antiasmático, minimiza los resfriados, las neurastenia, es antibacteriano, elimina la fatiga crónica, la ansiedad y la depresión, es cardiotónico y útil en afecciones psiquiátricas y psicológicas.

Y aunque el peyote es una especie considerada en peligro de extinción, puede usarse de forma sustentable, debido a que por su forma de crecimiento mediante grupos o ramets, al extraer el cuerpo globoso o “cabeza” sin la raíz, ésta emitirá nuevos brotes e individuos, por lo que su colecta, con esta modalidad, puede considerarse simplemente una poda. El verdadero daño a las poblaciones vegetales, está en la actividad industrial y minera, así como en el crecimiento de la mancha urbana, actividades que destruyen el ecosistema de muchas especies nativas y endémicas.

El Ahuehuete, herbolaria. Mayor información en: Niños Héroes 41 esquina con Matamoros, local 3, plaza del Vergel, Tequisquiapan, Querétaro. Teléfono 442-377-51-27, elahuehuete.herbolaria@gmail.com, www.elahuehuete.com.mx

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