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CUÁL UNIVERSIDAD (III)

Antes de que existiera Tribuna de Querétaro, circulaba en esta ciudad El nuevo Amanecer, un periódico que editaba un joven enérgico y esforzado, Efraín Mendoza Zaragoza. Con gran sentido editorial, Efraín suplía las carencias que los años ochenta y sus tecnologías prohijaban en un periódico que se hacía con sólo recursos propios y con su esfuerzo y el de la maravillosa Mary González. Allí comencé a colaborar con mis escritos.

De Efraín y Mary aprendí que la honradez periodística y sus aledaños –rigor intelectual y responsabilidad temática sobre lo escrito- son ineludibles de la comunicación; honradez, veracidad y responsabilidad a que me obliga más, todavía, mi condición de profesor en la UAQ.

Por lo dicho, tengo que decir “¡qué vergüenza!” al revisar el texto que envié a Tribuna la semana pasada, y encontrarlo incompleto. Así, ahora entrego nuevamente esa colaboración específica, y ofrezco mis disculpas a los amables lectores. 

Inicié mi entrega pasada diciendo que se trataba de la continuación de otra que ofrecí en el número 826 de Tribuna de Querétaro, de nombre “Cuál universidad”. 

Señalaba que, en el artículo anterior, quise evidenciar la importancia de saberes y prácticas que se propician en una universidad rural, para entender la vida social del ser humano, que establece una relación estrecha con la naturaleza, que busca profundidad con el ambiente, que procura conocimientos científicos en pro de una buena vida, etc.

Por la brevedad de la visita a CESDER que allí se reseñaba (del 10 al 12 de octubre), sólo pudimos reconocer algunas características de la institución. Vimos que necesitamos visitar otras universidades -del país o de fuera de México- para valorar las universidades donde estudian hoy algunos jóvenes, y si podemos pensarlas de otra manera.

En mi artículo anterior, reseñaba que, con varios estudiantes, visité CESDER para entender una institución pública que busca ser: universidad (educación superior, pues), pública, popular, mexicana (o latinoamericana); cuatro atributos que parecen obvios, pero que (visto con cuidado) no lo son. Entonces, pasé a describirlos someramente, uno por uno:

– Educación superior: desde el siglo XX había venido declinando la comprensión de la universidad como cuna de la alta cultura, que funcionaba sólo en beneficio de las clases altas. La “nueva” universidad se fue convirtiendo en institución de capacitación para el trabajo; poco a poco, se llenó de normas con carácter instrumental y legaloide, que la hace abandonar progresivamente la teoría, la investigación y la vinculación social. Esta decisión niega profundidad en los saberes y hace que abandonen su función social. Si bien las empresas pronuncian discursos grandilocuentes (para dar buena impresión), en realidad sólo les interesa que se elaboren rápido diversos productos, que salgan pronto las mercancías, que haya movimiento acelerado del mercado (obsolescencia programada) y que se produzca a muy bajo costo (en favor de la empresa y del mercado, antes que en favor del público). En el texto se señalaba que hoy abundan -con marca de universidad- escuelas de capacitación que “fabrican” trabajadores en tiempo exprés, a bajo costo y con deficiencias de formación. Son “universidades” del mercado.

– Pública: En Europa todavía se entiende a la universidad con sentido público -que se mantiene con recursos públicos-, pero en los EEUU y en otros países son más frecuentes (e incluso en mayor número) las universidades privadas, con dos consecuencias: (1) para el Estado es consecuencia lógica que abandona progresivamente a la educación superior, y se queda sólo con la básica; y (2) las firmas comerciales ven a la educación superior como negocio emergente; la universidad pierde responsabilidad social y entra en el ámbito del mercadeo. Hoy se habla del mercado universitario como venta de servicios de investigación y educación al mejor postor.

– Popular: consecuencia de tal “mercadeo” es que las universidades entran en competencia por conseguir clientes que paguen por sus servicios, lo que las hace más caras, pero no mejores. En los sectores sociales se busca clientela que pague. Las universidades ofrecen ahora una mercancía inaccesible para los pobres, para los que viven lejos o tienen que trabajar para sobrevivir.

– Mexicana: la universidad que hoy tenemos es copia de la europea o de la gringa, pues no se estructura con base en una epistemología del Sur, ni gracias a la recuperación de saberes populares -muchos de ellos de gran profundidad y rigor intelectual-; para articularla, no se echa mano de los conocimientos y recursos locales (que, en cambio, son explotados y monopolizados por la minería y la industria extractiva extranjera, por la industria farmacéutica y química transnacional, por el comercio internacional), y todo se va fuera del país, a seguir enriqueciendo grandes cuentas bancarias, a costa de empleos y beneficios para la población de origen.

 

(Continuará)

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