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El Estatuto de Roma y la violencia de género

La crisis del coronavirus no solamente es mortal por el virus en sí, sino que se han desencadenado una serie de problemas en todos los ámbitos.

En el estatuto de Roma se designan los crímenes más graves de trascendencia para la comunidad internacional en su conjunto. Como toda ley, es necesario su perfeccionamiento e irá evolucionando conforme a lo que las condiciones requieran. Un ejemplo de ello, es la lucha de diversos activistas por tener el ecocidio como delito internacional. Sin embargo, hay otros delitos que ya deben de integrarse.

La crisis del coronavirus no solamente es mortal por el virus en sí, sino que se han desencadenado una serie de problemas en todos los ámbitos: económico, social, político, educativo, etcétera. Todos son preocupantes, y uno de los que resalta es el aumento de violencia intrafamiliar a nivel mundial. Ya es una guerra de años el buscar erradicar la violencia de género y esa lucha no ha estado en cuarentena.

Hace algunas semanas, en la plataforma de twitter se denunció a un cantante, Johnny Escutia, el cual se autodenomina como “King de la furia”. Sus canciones son verdaderamente aterradoras, ya que, en palabras de una usuaria “describen cómo violar, torturar, matar y desmembrar mujeres y niñas” y, efectivamente, pareciera que las mismas se regocijaran de la violencia contra la mujer o contra quien muestre un signo de lo que él considera debilidad, incluso con actos tan perversos e inhumanos como los cometidos en contra Ingrid Escamilla, quien fue asesinada brutalmente en febrero de este año.

Este mismo cantante afirmó en internet que no importa cuántas veces lo denuncien en plataformas de internet, volverá a subir sus canciones con otro nombre, con otra cuenta, que ya lo ha hecho. Este nuevo Marqués de Sade es persistente y peligroso, incluso la gente que lo sigue llegó a amenazar de muerte a la denunciante en twitter.

Con la globalización y, sobretodo, el internet y sus plataformas, la música llega a más y más personas incluyendo a quienes consideran la violencia como algo natural, esto no conoce fronteras. “Mal de muchos, consuelo de tontos” y es donde entra en juego no solamente la psicología de aminorar las consecuencias, sino, por otra parte, el instinto de pertenencia a un machismo exacerbado. Con ello se quiere justificar el violar, el matar, el torturar, porque alguien más lo hizo y entra en una normalidad para quienes lo cometen, transformando los instintos básicos en instintos bestiales. Todo valor queda en el olvido.

Volviendo al Estatuto de Roma, en él se establece como delito de lesa humanidad la violación, esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazo forzado, esterilización forzada o cualquier otra forma de violencia sexual de gravedad comparable, sin embargo, no existe aquí la incitación a esta violencia. En la teoría de derecho penal, se tiene que comprobar el “tipo penal” esto significa que la conducta debe adecuarse perfectamente al delito establecido en la ley, esto aporta seguridad jurídica y evita que haya presos sin una justificación real y que caigamos en una realidad kafkiana. Por ello, es que no podría denunciarse la incitación como delito de lesa humanidad, sino que tiene que ser denunciado en cada país conforme a sus leyes.

Sin embargo, no podemos esperar a que una corte internacional se pronuncie al respecto y que proceda legalmente (que sería lo ideal) y tampoco podemos esperar de nuestras autoridades que actúen, lo primero es abrir los ojos, que todos denunciemos en las plataformas, evitar que ese discurso de odio y bestialidad se siga distribuyendo y, en la medida de lo posible, denunciar cualquier acto de violencia no solamente de género. Nosotros podemos hacer un cambio.

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