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Esos que no se ven

Saben que los miembros del Ayuntamiento no son “los jefes”, sino sus servidores públicos. Enhorabuena, pobladores de Carrillo Puerto. Espero que su lucha dé buenos frutos con esta administración.

En cierta escuela primaria pública de Querétaro, me tocó escuchar una recomendación que daba la mesa directiva de la asociación de padres de familia al resto de sus miembros. Ésta era retransmitida de la que habían recibido por parte de algunos policías de la Unidad Municipal de Protección Civil de Querétaro que visitaron dicha escuela: No sabemos si se trata de una política oficial o de una expresión autónoma de los trabajadores de esa dependencia, quienes preocupados (e incluso víctimas) de la situación de violencia generalizada, solicitaban el apoyo de la ciudadanía, pues ellos no se daban abasto: “Desconfíen de sus vecinos; el perfil de muchos ciudadanos es delincuencial; al lado de sus casas puede haber ladrones, narco-menudistas, violadores o asesinos… [sic]”.

Si bien, es cierto que hay que tener cuidado y tomar todas las precauciones necesarias para no sufrir sorpresas desagradables, también es cierto que dicha recomendación puede resultar contraproducente y agravar la situación.

Una de las estrategias de un Estado represor es precisamente ésa. Provocar que unos desconfíen de los otros; provocar que la gente prefiera encapsularse en sus casas, frente al televisor, y no salir a los espacios públicos (excepto a los centros comerciales), pues encontrarse con los otros puede generar conciencia social y la conciencia puede generar revueltas, cuando la gente reconoce las graves desigualdades que caracterizan a nuestra población y reconoce cómo la enorme riqueza de algunos se debe al despojo de otros.

Se trata, en fin, de evitar que la gente se organice. Si la guerra de todos contra todos que impone el neoliberalismo tiene efecto en la población, quienes gobiernan el mundo no tendrán necesidad de usar a sus ejércitos para eliminar a los descontentos. Ellos se eliminarán solos.

Es común que la ideología dominante haga ver como “ignorante, violenta, desordenada, manipulable, escoria social…” sólo a “la plebe” de las zonas populares, más densamente pobladas de las urbes, y que oculte la violencia estructural que ocasionan las clases en el poder: los bancos, las trasnacionales, los gobiernos, las clases privilegiadas… El caso de los “Porkis”, por ejemplo (ciertos jóvenes veracruzanos, ricos, acusados de violadores en 2016) se minimizó por sus padres como “travesuras propias de chamacos”.

Otra estrategia del Gran Poder es mantener ocultas todas las manifestaciones de conciencia social, solidaridad, compasión, inteligencia, autodeterminación, cohesión social y organización, que se dan también en múltiples microespacios de los barrios populares de nuestras ciudades (no sólo en el campo). Muchos de “ésos que no se ven”, están haciendo un trabajo fundamental para el mejoramiento de nuestra ciudad.

Fui testigo de una de esas manifestaciones que tuvo lugar en la calle Libertad del pueblo de Felipe Carrillo Puerto, cuando vecinos de la zona recibieron a miembros del Ayuntamiento de Querétaro para exigir que un terreno baldío, que es municipal y que se encuentra en medio del pueblo, sea convertido en área verde y espacio para el deporte, la recreación y la expresión cultural de las familias que viven ahí, ya que en esa zona no hay áreas verdes y los baldíos que hubo otrora, se han ido convirtiendo en plazas comerciales, bodegas, talleres, tiraderos y demás.

En dicho terreno, que se encuentra en zona habitacional, creció y se mantuvo una enorme empresa de desperdicios metálicos-industriales que operaba a cielo abierto, altamente contaminante, y nociva para la salud.

A pesar de todos los reclamos de los vecinos, fue sostenida mucho tiempo, por negociaciones corruptas entre los dueños y los gobiernos queretanos. La incansable lucha popular, por más de 25 años, logró expulsarla del lugar y el terreno se convirtió en municipal. Desde entonces, en 2015, los vecinos vienen exigiendo al Ayuntamiento de Querétaro que lo convierta en parque recreativo.

Con lo que no contaban es con que el gobierno municipal, en lugar de satisfacer dicha necesidad, se lo apropió y lo usa como enorme bodega de materiales.

Al reciente encuentro al que me referí, con miembros del Ayuntamiento, llegó buena cantidad de vecinos, acompañados de muchos niños con carteles, para mostrar que es falso que “en ese lugar no hay niños”, o que sólo hay “vándalos que destruirán todo lo que el gobierno haga, pues la gente no sabe cuidar lo que recibe sin esfuerzo” (según señaló cierta representante oficial a los dirigentes populares).

Fue muy grato constatar la gran elocuencia de los muchos vecinos “plebe” que tomaron la palabra en esa reunión (obreros, amas de casa, comerciantes, maestros…). Todos dejaron claro, con expresiones sencillas, emotivas, valientes y muy pertinentes, que no son ignorantes, que conocen sus derechos y las leyes que los protegen; que saben de historia local y que los miembros del Ayuntamiento no son “los jefes”, sino sus servidores públicos.

Enhorabuena, pobladores de Carrillo Puerto. Espero que su lucha dé buenos frutos con esta administración.

 

metamorfosis-mepa@hotmail.com

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