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Mina “La Negra” (i)

Agrava la situación –si es verdad lo que se dijo en aquel noticiario– que las autoridades gubernamentales se hayan manifestado inicialmente en apoyo al gran capital, antes que a los trabajadores.

En el noticiario matutino de TVUAQ (televisión de la UAQ), del martes 14 de abril de 2020, se mencionó que los gobiernos del estado de Querétaro y del municipio de Cadereyta habían enviado a policías para que protegieran la mina “La Negra”, en Maconí (Cadereyta, Querétaro), como reacción ante manifestaciones de algunos habitantes de la zona por despidos recientes a consecuencia de que –dicen voceros de la mina– es “necesario” prescindir de trabajadores, pues se han caído los precios internacionales de varios minerales; además de que las condiciones en México y en el mundo no permiten mantener planes de trabajo y condiciones laborales que se tenían antes de la aparición de la pandemia del coronavirus.

Agrava la situación –si es verdad lo que se dijo en aquel noticiario– que las autoridades gubernamentales se hayan manifestado inicialmente en apoyo al gran capital, antes que a los trabajadores. Aunque no es grande el número de habitantes –o, precisamente, porque no es grande– (alrededor de 600 personas, de las cuales unas 350 son mujeres), sí es alarmante que los jóvenes varones que permanecen en la localidad sean analfabetos (más de 40), nunca han asistido a la escuela o sus aspiraciones se concretan en dos horizontes: o –como “mojados”– se van a los EEUU a trabajar por temporadas en “la pizca”, o entran a trabajar como operarios a la mina –aunque sea en calidad de eventuales–.

Esto significa que la vida económica diaria de la población se apoya básicamente en el trabajo femenino. Procurar la escolaridad media de sus hijos (que podría ser formadora de trabajadores para otras prácticas de producción) es un sueño imposible para los habitantes, ya que sólo en Zimapán (Hidalgo) o en Vizarrón (Cadereyta) o enfrente al cruzar la sinuosa y riesgosa cañada, en el vecino municipio de San Joaquín, hay escuelas para estudiar bachillerato, preparatoria federal o algunos oficios alternativos.

En Maconí no hay escuelas de educación media superior. Las mujeres sustentan al pueblo. Ellas practican el cultivo de traspatio, procuran animales para la economía doméstica (pollos, gallinas, chivas, conejos, etc.) o todos los días llevan comida a la entrada de la mina para venderla a los trabajadores. Esto es, practican toda suerte de economía informal.

De suerte que la vida de la población sí depende de las posibilidades que da la mina (las autoridades locales no han podido promover otras formas de economía local), pero en la administración de La Negra se vive una especie de autismo laboral, pues la población interesa sólo en cuanto significa disponibilidad fácil y barata de mano de obra.

Pese a los intentos por mantenerla siempre activa, p. ejm., con tareas de exploración y explotación desde 1976, la mina ha tenido que cerrar en varias ocasiones, por motivos comerciales (a finales de 1991 y principios del siguiente año, el mercado del mercurio decayó a nivel mundial y comenzó a ser sustituido por otros materiales).

La atención de la mina ha estado puesta en el mercado y en su capacidad extractivista, pero no en la suerte y porvenir de los habitantes de la zona. Que la demanda de productos mineros fluctúe y, por tanto, se tenga que modificar intermitentemente la cantidad de trabajadores es algo usual en los centros mineros. Eso afecta también a los habitantes de Maconí pues, si bien son pocos los operarios contratados (poco más de 400 a lo largo de diferentes períodos en un año), la economía local que genera la mina es importante para la zona (con más de 20 empresas foráneas). Así es la dinámica entre habitantes de una región y los centros productivos allí asentados.

“La Negra” se instaló originalmente en 1557 (en busca de plomo y plata), en varios poblados de la región. Otras minas lo hicieron, también, en otras partes de la zona (San Pedro Escanela, San José o Pinal de Amoles, Río Blanco, El Doctor, Plazuela, San Joaquín).

Luchas sociales (independentistas o por conquistas laborales), así como búsquedas tecnológicas y de operación, generaban dificultades; por eso se cerró en varias ocasiones y lugares de la Sierra Gorda –como en La Negra– el trabajo minero. Después de vicisitudes, a mediados de los sesenta del siglo XX, la poderosa compañía Minera Peñoles compró la mina, la cual se dedicó a explotar mercurio, plata, oro, plomo, zinc, antimonio, manganeso, cobre, arsénico, entre otros minerales y rocas marinas de la era mesozoica, según datos recogidos por la UAQ y la Academia Queretana de Estudios Humanísticos.

Sobre los “beneficios” de la mina en la zona se ha discutido desde hace años. En su mayoría, los habitantes coinciden en que ese centro de trabajo ha sido determinante allí asentado para que muchos jóvenes permanezcan en Maconí, y no se vean en la necesidad de emigrar, sobre todo a los EEUU, en busca de trabajo –permanente o temporal: “lo que caiga”, dicen–; sin embargo, lamentan que la mayoría de la población no recibe directamente los beneficios del empleo en la mina (si acaso, 400 personas de la localidad son contratadas al año, de manera temporal o de forma definitiva; hay otros empleados, generalmente extranjeros, sobre todo canadienses o europeos con sueldos mucho más altos).

Hay sectores de Maconí o de zonas cercanas que viven de los trabajos en La Negra, pero de forma indirecta, por sus ocupaciones como albañiles o dedicados a la construcción, porque prestan servicios en la localidad (policías, funcionarios), por ser especialistas en la educación (sobre todo maestros), porque van con sus tacos o alimentos ya preparados a la entrada de la mina, a la hora en que suena el silbato para que obreros y empleados salgan por media hora a comer, y algunas otras actividades lucrativas.

Varios cuestionan la presencia de la compañía en Mompaní porque, argumentan, como promesa de empleo, ciega a los jóvenes y les impide desarrollar hoy, en lo personal, otros proyectos de crecimiento: orientan su vida toda sólo a ser contratados después, “una vez que ya tengan la edad”, en “La Negra”; no más alicientes ni horizontes. Por eso han pugnado desde hace años por establecer allí un campus de la UAQ, que oriente sobre alternativas de vida, de conocimiento y de ocupación.

“La Negra” en Mompaní es crucial, como factor de la vida ocupacional efectiva y como determinante de las posibilidades en el futuro. Los centros de trabajo –en este caso, un espacio minero– deben ofrecer todo tipo de posibilidades a necesitados de atención, o no sirven.

¿En qué consiste la responsabilidad sociopolítica de los trabajadores, pero, sobre todo, la responsabilidad política y económica de los empleadores?, ¿a quién deben acudir en busca de soluciones para sus problemas esos niños, ancianos, forasteros que buscan asentarse, madres solteras, demandantes de tierras, etc.? No vale que se paguen sueldos magníficos o que permiten vida digna a trabajadores de empresas o a funcionarios públicos, si su trabajo no sirve para la población.

Otro tema de discusión, para futuras entregas de estas colaboraciones, es identificar riesgos ecológicos y ambientales de asentamientos de este tipo, pues una de sus características es que tienen tiraderos (por ejemplo) que dan lugar a cinco jales que, desde hace años, vienen recibiendo a cielo abierto desperdicios del trabajo minero.

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