¿Ser funcional o no ser?, esa es la pregunta
No ser funcional al sistema hegemónico significa que cada individuo sea auténticamente dueño de su energía vital y no necesite malbaratar su fuerza de trabajo.
“Aquí yace Fulanito,en su juventud gasto salud para ganar dinero, en su senectud gasto dinero buscando salud; aquí yace Fulanito, sin dinero y sin salud”
—Epitafio anónimo
Conforme avanzamos en la investigación colectiva de las causas del estado enfermo nos encontramos con diversos paradigmas, uno de ellos lo muestra la expresión ampliamente utilizada: “necesito ser funcional”, es decir, funcionar de acuerdo a como lo establece el sistema hegemónico: trabajar y consumir, desgastarse e inexorablemente morir sin haber vivido.
Porque está muy claro, la única forma en que el sistema hegemónico requiere que las personas funcionen es mediante aquella que le permite extraerles la plusvalía, esa energía vital que transformada en trabajo socialmente necesario es acumulada, concentrada y centralizada como riqueza material por unas cuantas personas, los grandes millonarios y sus instituciones financieras.
La energía vital es extraída de los seres humanos por dos mecanismos: la producción es decir el trabajo físico o intelectual, el único mecanismo que genera valor y en consecuencia riqueza, y mediante el consumo de mercancías, es decir mediante la adquisición de todo aquello que el individuo requiere para ser funcional al sistema hegemónico: alimentos, sobre todo los que dañan la salud; el vestido específicamente los que agrandan el ego; la vivienda básicamente la que oprime; la enseñanza escolar, aquella que obliga a obedecer; los medicamentos, particularmente los que anestesian la existencia; el tiempo “libre” del ser funcional, cuando existe, lo dedica a actividades que lo hacen funcional al sistema: limpiar la casa, lavar la ropa, adquirir alimentos, entre otros.
En resumen, ser funcional al sistema hegemónico es ser un individuo alienado, adormecido, esclavo de las estructuras y en consecuencia su estado normal es estar enfermo, sobrevivir y morir sin haber vivido.
No ser funcional al sistema hegemónico es una ruta desconocida, donde cada individuo debe encontrar creativamente sus propias alternativas en los distintos ámbitos de la vida, las formas de generar sus alimentos, elaborar su vestido, edificar su vivienda, construir su conocimiento, resolver sus dolencias y afecciones, disfrutar sus afectos y contemplar la naturaleza.
No ser funcional al sistema hegemónico significa que cada individuo sea auténticamente dueño de su energía vital y no necesite malbaratar su fuerza de trabajo, ni sobrevivir como un individuo consumidor de cacharros.
Para no ser funcional al sistema hegemónico hay que elegir la “nada” en vez del “dolor”, de aquella frase de William Faulkner en su novela “Las palmeras salvajes” donde escribió “entre el dolor y la nada, prefiero el dolor”, texto que describe al ser funcional, pues al ignorar otra posibilidad se aferra al dolor, porque en sí misma ésta sensación lo hace sentirse vivo. Otra frase paradigmática es la que dice “sí después de los 50 años no sientes ningún dolor, significa que estás muerto”, haciendo creer que el dolor es algo normal, cuando en realidad es una elección.
La nada es la opción de no ser funcional al sistema hegemónico, decidir ser un individuo autónomo, autogestivo y convocar cotidianamente a esa rebeldía que tiende a la extinción de la cesión funcional de la plusvalía al gran capital, dedicándola en consecuencia al propio desarrollo.
Para algunos, la reflexión antes expuesta, simplemente parece una utopía, algo inalcanzable, pues insertos como individuos funcionales al sistema hegemónico, tienen miedo de dejar su nicho de confort y arriesgarse en el lado de esa “nada” Faulkneriana.