Carismático desgaste
La imagen de un líder político carismático la podemos asociar con la de un político populista. Estas dos cualidades pueden a veces coincidir, pero no son lo mismo.
De Leszec Kolakowski, cuyo marxismo consecuente lo llevó confrontar intelectualmente los totalitarismos, recupero una selección y adaptación realizada hace dos años.
-Un líder carismático surge sólo a consecuencia de impredecibles catástrofes sociales y económicas. ¿Pero qué podría lograr un líder de esos? Lo más sano, lo que conviene, es que ante tales contingencias se realicen cálculos sobrios, racionales, adecuados a la planeación de una estrategia común. El problema consiste en que esas operaciones sobrias y racionales no siempre son accesibles a todos, y requieren tiempo.
-Esperando a Andrés Manuel. No sabemos quién es realmente Andrés Manuel. ¿Quién podría ser? ¿un mensajero divino? ¿un profeta? ¿alguien que nos inicie en los secretos de nuestra predestinación nacional?
-La imagen de un líder político carismático la podemos asociar con la de un político populista. Estas dos cualidades pueden a veces coincidir, pero no son lo mismo.
-Necesitamos a Andrés Manuel porque hay en nuestro espíritu algo que, por siempre, quedará en una condición infantil e inmadura: querríamos librarnos de la responsabilidad de ser nosotros mismos.
-El político populista es no sólo el que repite la consigna “dame el poder y me encargaré de componer las cosas”, sino aquel cuyo verdadero interés consiste en escuchar los sueños más simplones del pueblo, los sueños irracionales del pueblo, y hacer ver que se identifica con estos sueños, sin pensar si resultan posibles o si corresponden al interés real de la sociedad o del Estado.
-Necesitamos a Andrés Manuel para tener al lado a alguien que tome por nosotros las decisiones y, por lo menos, que nos enseñe lo que debemos hacer. Añoramos quien nos guie, y si este no existe nos sentimos asustados e impotentes.
-Promete todo lo que, según cree, sueñan las masas más numerosas. Y puede, con un poco de habilidad –aunque con una mezcla de insolencia–, lograr un considerable apoyo.
-Los dones carismáticos y las personalidades carismáticas son no sólo válidas sino partes abiertamente necesarias de ese camino en el que bregamos con nuestro destino.
-Por lo regular, el líder carismático tiene pocas oportunidades para consumar conquistas en un sistema democrático; por mucho poder que tenga, sus promesas están vacías.
-Sabemos que las capacidades carismáticas pueden ser a veces un don del diablo, nosotros mismos tenemos que discernir la diferencia entre el bien y el mal, para no rendirnos a su fuerza seductora.
-La confianza en la vida no nos protege contra el sufrimiento, la desgracia y las contrariedades de la vida, sino que es fuente de la vida espiritual, que nos permite encarar el mal sin desesperación.
-Un líder carismático puede caer bien o mal. Los líderes carismáticos pueden sacar de sus partidarios todo lo peor en la naturaleza humana: la prontitud para la violencia y la crueldad, la irreflexión y la soberbia.
-Un líder carismático puede aprovechar su autoridad para sembrar la paz y la vocación para el sacrificio. Puede ser un hombre culto o un ignorante.
-Un personaje carismático, para realizar su labor eficazmente, no tiene para nada que ser un hombre conocido, famoso –al contrario de un político carismático–: basta con que tenga un pequeño grupo de alumnos o aprendices espirituales, a quienes sepa conferir sus dones.
-Existe, sin embargo, gente dotada de autoridad carismática que en verdad necesitamos. No me refiero a líderes políticos sino, para decirlo de alguna manera, a defensores, gente que guíe o gente que ayude.
-No necesitamos, en verdad, políticos carismáticos, sino políticos inteligentes y honestos, benévolos con la gente, libres de rabia, y que no lancen amenazas.
-Pero la figura del carisma, aunque puede, en ciertas situaciones, traer a la gente dones oportunos, es siempre un fenómeno peligroso, porque invariablemente tiene la fuerza para convertirse en semilla del fanatismo. Lo más sano ante tales figuras es prescindir de ellas.
-La posición de un líder carismático no está dada para siempre: se la puede perder.