Punto y Seguido

Conspiración

El análisis político se desliza entre la ciencia ficción y la tomadura de pelo. Esto lo sospechan los sociólogos, pero lo saben con certeza los politólogos.

Se sabe que Peña Nieto no tiene más el mando. Le fue arrebatado mucho antes del primero de julio del 2018, mediante un determinista juego dialéctico que paulatinamente lo obligó a ceder la autoridad. Sería analíticamente irresponsable asegurar que el virtual expresidente es tonto. Simplemente algunas jugadas no le han salido bien, jugadas que se prestan más al espectáculo mediático y a la estulticia incontrolable de las redes sociales.

Justamente ahí, en el espectáculo, se ubica la conspiración. Se trata de la maestra Elba Esther Gordillo.

Suponen algunos que la maestra regresa por los fueros perdidos hace cinco años y que, junto con los fueros, una sed de venganza de tamaño dinosáurico. Regresar por los fueros implica un posible conflicto con el nuevo presidente. Ricardo Raphael los resume así:

 Los cinco fueros

1) Control sobre la organización más grande y poderosa de América Latina, el SNTE, que cuenta con más de un millón 600 mil afiliados. 2) Control sobre la inmensa tesorería de esa misma organización. 3) Control sobre una amplia red de maestros dispuestos a operar electoralmente a nivel local y nacional, la cual ha causado daños mayores a la democracia mexicana. 4) Control sobre la política educativa. 5) Control sobre una buena parte del presupuesto educativo que es el más robusto de la administración pública.

Sin embargo, en toda conspiración hay elementos que operan en contrario, son parte de la incertidumbre que nuestra limitada condición racional tiene que apechugar: AMLO es el principal aliado de Peña Nieto.

La maestra pudo haber salido libre cualquier día de hace dos semanas para acá, pero escogió (sí, escogió) el mismo de la entrega de constancia de AMLO. Pidió permiso como suelen pedirlo los políticos de altos vuelos, es decir, vale más pedir disculpas.

El mismo día en que AMLO recibió constancia que lo acredita como presidente electo, coincide con la liberación de la maestra. La opinión pública dio relevancia a ésta última nota, opacando el lucimiento del flamante nuevo presidente.

De inmediato el equipo de López Obrador reviró en voz de Agustín Ortiz Pincheti: criticó como “un error” que Javier Corral persiga a César Duarte, pues “le quita recursos y energías que deberían estar destinados al gobierno”. El mensaje tenía otro destino. Puede expresarse en paráfrasis: sería un error gastar energías y recursos perseguir a Peña Nieto. Lo deben entender todos los aliados.

El conjunto de mensajes de López Obrador tiene más nerviosos a sus colaboradores de muy oscuro pasado. El conductor del carro completo es él. Con el control de ambas cámaras se moverá libremente por las luminosas avenidas y por los intersticios invisibles del régimen.

Controlará el pataleo de la oposición con leves gestos y avalanchas en redes sociales. Transparencia, rendición de cuentas y combate a la corrupción serán cuestiones de fe. La inmensa fuerza tiene a los presuntuosos 30 millones como una bien aceitada corporación. El poder, sabemos, nunca se auto-limita, se expande sin medir riesgos. Hasta que algo pasa.

La expansión del poder enmascarado en perdón; pretenden imbuirlo en los corazones del pueblo. El perdón es un proceso personalísimo, dice el futuro responsable de la seguridad pública Alfonso Durazo, proceso “que tiene que ver con la paz interior de las víctimas para poder sacar y seguir adelante con sus vidas, pero sin olvidar lo ocurrido y sobre todo con la certeza de que ese eventual perdón no se va a traducir, jamás, en un acto de impunidad por parte del Estado Mexicano”.

Promover el perdón como acto purificador. La responsabilidad del perdón radica en las personas siendo el beneficiario el propio Estado. Si se fracasa la culpa recaerá en los corazones mezquinos.

Suena bien la pequeña conspiración.

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