Punto y Seguido

F. Calderón: recuerdo del autor intelectual

“Como planta un árbol, mata un niño

Ejército INFAME”

Portada del periódico RÍODOCE, Sinaloa

12/06/07

Viernes 1 de junio 2007

-“!No disparen!… ¡No disparen!… ¡Traigo mujeres y niños!”.

Una bala destrozó el parabrisas y le pegó a Adán en el brazo derecho; en señal de paz levantó su brazo sano para que dejaran de dispararle.

–¡Ya no tiren! ¡Traigo niños conmigo! –insistía.

Otro proyectil le destrozó su brazo izquierdo y lo tumbó al suelo. Al caer herido vio que su pick up se deslizaba, con su familia a bordo, hacia un pequeño barranco situado al borde del camino.
-“…Y la pick up cayó al barranco”.
A siete metros de profundidad, Griselda Galaviz Barraza de 23 años, esposa de Adán, los tres hijos del matrimonio Esparza Galaviz: Edwin, de 7 años, Grisel, de 5 y Juana, apenas dos años. Además estaban la hermana de Adán, Alicia de 19 años y profesora rural, Josué Carrillo, sobrino de 7 años y otra profesora, amiga de la hermana, Teresa Flores Sánchez.

4 de junio 2007

-«Bienvenido»

-«Es un honor estar aquí, es un gusto verlo, su Santidad».

Y lo que parecía ser una audiencia cotidiana para el Papa Benedicto XVI, se tornó un cálido encuentro, sobre todo por la efusividad de María, Luis Felipe y Juan Pablo, los tres pequeños hijos de la Familia Calderón Zavala. Luego de bajar del lujoso Mercedes Benz en que se trasladaba la comitiva presidencial y ser recibidos por el Sumo Pontífice, este sorprendió a todos ya que sin dudar brindó abrazos y bendiciones a los pequeños. La sorpresa siguió con los regalos que la familia del presidente traía: María, de 9 años (dos más que Edwin), le ofrendó un pequeño oso de peluche (como en el spot mexicano donde una niña regala su osito al soldado de un retén porque el ejercito “nos cuida”), Luis Felipe, de 7 años (dos más que Grisel), obsequió al Papa una playera de la Selección Nacional y un pin con la bandera de México, algo pasó con el balón “tricolor” que iba a regalar Juan Pablo, dos años mayor que Juana Esparza, alguna mano del protocolo Vaticano prefirió ocultarlo, es más, el Papa ni siquiera alcanzó a verlo.

1 de diciembre 2006 y ss

Felipe de Jesús Calderón Hinojosa no decidió ser Comandante Supremo de las fuerzas armadas de México; tomó protesta como presidente y, mecánicamente, quedó investido con esa atribución. En cambio sí decidió ponerse la casaca verde olivo y la gorra que ostenta el águila con las cinco estrellas, decidió también aumentar salarios y recursos para los militares –por lo menos eso difundieron los medios de comunicación-, y con ello la utilización masiva del ejército en operativos “contra el crimen organizado”. Se escucharon voces de alerta, si había que apostar a las fuerzas armadas como último recurso dada la descomposición, ineficacia y corrupción de las policías de todos los niveles de gobierno, también había que cubrir con por lo menos dos requisitos indispensables: estrategia y disciplina. Sabido es que la obediencia es condición inobjetable en el mando militar y siempre se espera que los soldados cumplan cabalmente con las órdenes recibidas, pero ¿y la estrategia? Desde los primeros días del gobierno, los apresurados e improvisados operativos ordenados por el presidente Felipe Calderón demostraron de inmediato su incapacidad para identificar las amenazas que significaba utilizar la fuerza militar. Felipe Calderón, por atribución y propia decisión, es el comandante de un ejercito que ha violado (¡al cabo que eran putas! dicen), agredido, atemorizado y asesinado mexicanos inocentes, niños incluidos.

Sábado 2 de Junio de 2007

Abajo yace el esqueleto de una camioneta desbarrancada; en la cañada cajas de alimentos, ropa, libros, exámenes, material didáctico, un dibujo de Piolín y otro de un corazón rojo. A un lado del vehículo, una Ford pick up modelo 91, el parabrisas destrozado: tiene seis impactos en línea recta. Y uno más arriba. Les dispararon de frente, no hay dudas. Y había muy pocas posibilidades de sobrevivir. El cerco de las balas fue mortal. No había impactos en la parte trasera. Fue el viernes 1 de junio por la noche. El sábado por la mañana la noticia empezó a circular en todo el estado. Domingo. Lunes. Hasta ese momento el Ejército todavía no daba la cara. El lugar de los hechos fue abandonado, y solo los amigos y familiares de las víctimas acuden al lugar para seguir velando el recuerdo de los suyos. Decenas de evidencias están ahí, desparramadas en la cañada donde también quedó la camioneta.
Doña Andrea Rivera, abuela de Adán, bisabuela de Edwin, Grisel y Juana, recarga la cabeza en su mano izquierda y se lamenta: sobreviví a todo para llegar a esto. (Con información de proceso, RÍODOCE, La Jornada, Milenio, El Universal)

 

 

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba