Tigres de Papel

El debate sobre el posdebate del debate

“En la tempestad, se forja el acero”.
-Anónimo

Mucho se ha escrito sobre el primer debate presidencial y, sin duda, sienta un precedente importante para valorar las formas y contenidos de una confrontación que pasará a la historia porque es el primero en el que participan dos mujeres que se disputan la presidencia de México. Lo primero que habría que decir es acerca del formato que se decidió a utilizar para este encuentro y que representó un obstáculo para que éste fluyera y resultase más atractivo para una audiencia no muy afecta a este tipo de eventos.

Es un formato muy restrictivo que inhibe la libertad de debatir a plenitud, las severas condicionantes del tiempo, la brevedad de los 40 segundos, la bolsa de tiempo, las fallas del reloj o cronómetro, la falta de tiempo, el desperdicio del mismo para exponer una idea… todo se reduce al tiempo que nos agobia y hace que nuestros cuerpos y vidas se carcoman irremisiblemente; así el debate.

Aunado a lo anterior, hay que dar cuenta de la elección y del desempeño de los moderadores; Denisse Maerker, muy bien, eficaz e implacable en su desempeño, exigiendo responder a las preguntas a las debatientes (sobre todo a Xóchitl) y, aun así, se queda corta dado su potencial inquisitivo. Por otro lado, está el papel del moderador varón, de apellido San Martín, gris y torpe, se equivoca al momento de conceder la palabra cuando aún no correspondía. En fin, quizá tuvieron demasiadas restricciones y eso es culpa del formato, no tanto de la moderación. Amén de las preguntas dolosas, con jiribilla que, abiertamente, hacían cuestionamientos directos a la 4T. ¿Imparcialidad? Ja, ja.

El único espacio de auténtica libertad se la debemos a la improvisación; fue el momento en que hay una confusión respecto al marcaje del tiempo debido a las fallas del reloj; allí, Denisse tuvo que intervenir, fuera del guión, para tratar de aclarar la situación; allí, Claudia Sheinbaum, demostró una chispa creativa que no había presumido antes la dama de hielo, e improvisa y con gozo y picardía le receta en la cara a la candidata de la derecha un derechazo prefecto: “cuidado, que también se va a querer robar la bolsa de tiempo”.

El suceso anterior nos hizo recordar aquel debate en el que Ricardo Anaya se aproxima a AMLO y éste, presuroso y divertido, esconde su cartera en el saco al momento que dice algo así como “aguas con la cartera”. Anécdotas como éstas son las que rompen con la solemnidad esclerótica de un debate, un poco de humor no está mal, pero también hace falta diseñar un formato que les permita más libertad y en donde pongan a prueba la capacidad de improvisar y salir avantes en los momentos difíciles.

No obstante, en una entrevista que le hacen el encuestador demoscópico, Francisco Abundis, éste refiere que el propósito soterrado de un debate es el de ser una prueba de carácter y, por ende, demostrar esa firmeza y determinación que les hace ver incólumes ante la tormenta que les azota y tener la capacidad del contragolpe para anular al adversario sin siquiera despeinarse. Así se mostró Claudia durante todo el debate quien, a pesar de los embates furiosos de una Xóchitl Gálvez descompuesta, impotente y frustrada, no le hizo la mínima mella al semblante pétreo de una Claudia muy segura de sí misma y con un dominio completo de la situación.

La verdad, Xóchitl dio pena ajena y mostró, a todos luces, lo que ha exhibido en toda su carrera política y durante la campaña electoral: la falta de un oficio político elemental, la ausencia de un control sobre sí misma, la desfachatez, el ridículo absoluto y una vacuidad y banalidad en muchas de sus expresiones y acciones, que le convierten en la candidata idónea de una derecha mexicana que da lástima y que es fiel reflejo de todos los comportamientos vergonzosos de Xóchitl, lo cual nos ratifica, una vez más, que esa ultraderecha corrupta y rabiosa, no debe volver jamás al poder.

Y en cuanto a Alvarez Máynez, sin pena ni gloria, hizo lo que pudo, hizo lo que quiso, se vuelve a presentar con lenguaje de señas, una buena jugada para verse inclusivo, se le petrifica la sonrisa Colgate, le da sus buenos raspones a Xóchitl y, lo más destacado en su intervención, se hizo visible ante las masas de potenciales votantes. Hasta ahí llegó.

Mención aparte merecen las emisiones televisivas y radiofónicas (no tanto en los medios digitales) que se empecinaron en tratar de matizar la debacle de la candidata del PRIAN, al señalar que no fue la misma de siempre, que estaba muy incómoda y nerviosa, que le falta la chispa que le caracteriza, el humor, su ligereza y espontaneidad; en fin, que no se rinden ante la evidencia aplastante: que su candidata es un fracaso y que van a perder escandalosamente las elecciones del 2 de junio, ¡y que bueno! Claudia será la primera mujer presidenta de este país… ¡y que mejor!

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