Opinión

La izquierda local, de cara al 2018

Efraín Mendoza Zaragoza

PARA DESTACAR: Lamentablemente, nuestra izquierda local no ha logrado colarse al entramado del poder real. El PRD, a su paso por la Legislatura, acabó renunciando a ser voz y oídos de la ciudadanía y prefirió instalarse en los cómodos entendimientos cupulares. Tras la elección pasada, Morena desplazó al PRD y lo devolvió a su piso.

Por siglos, Querétaro fue un estado sin relevancia económica. Su encanto radicaba en su ciudad capital, un conjunto conventual que excitaba el recogimiento. Ser una ciudad-monasterio, un santuario conservador, la volvió atractiva para el poder central.

Frente al relato patriótico de los propagandistas oficiales, podríamos oponer otro relato menos narcisista. Frente a quienes proclaman a Querétaro como cuna de la Independencia, tumba del Segundo Imperio, dos veces capital de la República y, cuna de nuevo, ahora de la Constitución, propongamos otra secuencia histórica

Querétaro como último reducto de poder virreinal, Querétaro como último reducto del Segundo Imperio, Querétaro como escenario de la consumación de la derrota frente a Estados Unidos y de la pérdida de la mitad del territorio nacional… y, por supuesto, que no se nos olvide, Querétaro como cuna del Partido de Estado, uno de los azotes más terribles del siglo XX mexicano.

No volverá más Querétaro a esa calma inalterable de siglos, esa parsimonia colonial de nuestra Edad media nacional. Hasta 1950, Querétaro no pasó de los 245 mil habitantes y en medio de una formidable transformación, hoy somos más de 2 millones. Es decir, en solamente cinco décadas la población se multiplicó por ocho veces y las estimaciones oficiales proyectan que en menos de 30 años la población se duplicará.

La capital se convirtió en una de las ciudades más atractivas para vivir, con altísimas tasas de inversión extranjera, una de las ciudades globales del futuro. Su crecimiento económico de todo lo que va del siglo XXI está por encima de la media nacional y es similar al que registra China. Sin embargo, al lado de esos portentosos indicadores económicos tenemos penosos atrasos sociales, además de que estamos ya en la órbita de las ciudades ensangrentadas.

Desde el punto de vista político, el estado de Querétaro ha sido gobernado por una élite que dispone de dos fuerzas políticas para mantenerse en el poder: PRI y PAN. Sus diferencias son de matiz. En un contexto de generalizada insatisfacción ciudadana, la alternancia que hemos experimentado a partir de 1991 resultó de mera forma, como la que puede haber entre la cortesía y el cinismo.

Lamentablemente, nuestra izquierda local no ha logrado colarse al entramado del poder real. Permanece fuera de las relaciones de poder.

El histórico electoral de la izquierda registra triunfos relevantes. En lo que esperábamos fuera el prólogo de su entrada a las grandes ligas, por conducto del PRD gobernó Tequisquiapan y Arroyo Seco. En elecciones presidenciales, el pico de aceptación ciudadana llegó a representar el 25 por ciento, como ocurrió en 2006. Tres años después, en un colapso estrepitoso, el PRD estuvo a una décima de perder el registro. A su paso por la Legislatura, en los últimos años acabó renunciando a ser voz y oídos de la ciudadanía y prefirió instalarse en los cómodos entendimientos cupulares.

Si en los años recientes el PRD dio algún signo de retorno a la competencia real, fue con candidatos ajenos, producto de rupturas del PRI, como fue el caso de Pedro Escobedo en 2015, cuando se quedó a cuatro puntos del triunfo. Tras la elección pasada, Morena desplazó al PRD y lo devolvió a su piso, por debajo de los 4 puntos.

El partido que encabeza Andrés Manuel López Obrador puede presumir de haber alcanzado, en su primera incursión, 6.19 por ciento de los votos

¿Qué retos enfrenta la izquierda en Querétaro, de cara al 2018? ¿Qué le parece si de eso seguimos hablando en nuestra próxima entrega?

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