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El monstruo de Carrillo

La pregunta sobre cómo contribuir a preservar (al menos) la capacidad pensante, la cordura y las ganas de vivir de niñas, niños y adolescentes, cuando las condiciones sociales son tan difíciles como las que hoy experimentamos, deja sin dormir a muchos educadores.

Hay que reconocer que todas las épocas han tenido graves problemas y a la vez grandes movimientos esperanzadores, sólo que esto último no siempre puede verse cuando uno está inmerso en la vorágine del presente y no consigue guardar esa distancia que la historia ofrece.

Algunos ven al pasado con nostalgia “pues al menos entonces -según dicen- podía distinguirse claramente el bien del mal. Hoy todo es tan confuso que ya uno no sabe ni en quien confiar”. Muchos discursos estelares se derrumban cuando circula por doquier tanta información contradictoria y se descubren las corrupciones de quienes antes eran valorados como ‘héroes’ o ‘salvadores’.

Hay quienes consideran que conviene preservar lo más posible la inocencia de los chicos “para que sufran lo menos posible”, y prefieren obrar como aquel papá de la película italiana ‘La vida es bella’ (escrita, dirigida y protagonizada por Roberto Benigni en 1997), quien literalmente hizo circo, maroma y teatro, para ocultar a su hijo pequeño la grave condición del campo de concentración nazi en el que se encontraban. Otros, en cambio, optan por dejar que los menores se expongan crudamente a los dramas “pues sólo así aprenderán que la vida es dura y forjarán su carácter”.

¿Qué será mejor ante un contexto especialmente difícil?: ¿ocultar los hechos o mostrarlos sin tapujos?, o ¿habrá una opción “’intermedia’?

He aquí un enorme desafío para madres y padres de familia cuando se ven obligados a dejar solos a sus retoños, en compañía de un smartphone (del que no pueden prescindir, por razones escolares); o para los docentes que se enfrentan a las lastimosas dificultades de sus estudiantes para hacer un análisis razonable de la realidad, cuando éstos últimos no logran concentrarse en las actividades, ni expresar una frase bien estructurada, ni comprender un texto sencillo, ni resolver una simple ecuación, ni convivir en paz con sus compañeros y cuando, para colmo, se ven ahogados por la burocracia que el sistema les impone.

Condiciones como ésta son bien conocidas por profesores que han sido formados en la pedagogía popular alternativa (integral, laica, crítica, científica, ecológica, democrática, libertaria…). Ellos saben que las experiencias educativas más relevantes a lo largo de la historia (la lista es interminable) han tenido lugar en contextos altamente difíciles.

Un colaborador de esta pedagogía es Bruno Bethelheim, psicólogo infantil, que destacó la importancia del entorno familiar en el equilibrio emocional del niño, reconocido por su estupendo libro ‘Psicoanálisis de los cuentos de hadas’, en el que analiza cómo la literatura infantil no sólo ofrece a los chicos un enorme placer estético, sino contribuye a su liberación emocional, generando sentimientos de amor, fuerza, coraje, fidelidad o valentía, al identificarse con personajes pequeños pero astutos, que enfrentan monstruos malvados o graves problemas y peligros, pero logran superarlos.

No sólo la literatura colabora con la salud mental de los menores, sino todas las artes en el marco de una ‘Educación por el trabajo’ (Freinet).

Las escuelas que dan importancia al arte en sus espacios participan de modo relevante, no sólo en el sano desarrollo afectivo y cognitivo de los menores sino: en una mejor comprensión de un mundo que no es estático, sino que puede ser transformado.

Damos la bienvenida también a experiencias educativas no escolarizadas como la que se lleva a cabo la Casa de la Vinculación Social de Carrillo Puerto, Qro., en el marco del proyecto de ‘El Tlacuache’, que ofrece a los menores diversas oportunidades para reflexionar (de modo adecuado a su edad), sobre la gravedad del calentamiento global y la crisis civilizatoria, a través de actividades lúdicas, provocativas y generadoras de curiosidad científica, como los mapeos barriales, la elaboración de compostas y hortalizas, la construcción de alebrijes y la producción radiofónica de cuentos de terror, como el ‘El monstruo de Carrillo’, creación de los niños participantes.

*Miembro del Movimiento por una Educación Popular Alternativa (MEPA).

maric.vicencio@gmail.com

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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