La sociología organizacional, una aproximación a la vida social desde el espacio laboral

La vida cotidiana se puede entender como aquellos hábitos, creencias y costumbres con las que vamos actuando y socializando. Un ejemplo de esto es nuestra rutina diaria y por qué creemos que es correcta. Me levanto y desayuno porque creo que es sano, espero a que mi mamá me dé la bendición antes de salir porque es una costumbre con mucho significado en la familia, voy al trabajo en bici porque es mi costumbre, me ahorra dinero y valoro el impacto que tiene en la movilidad de la ciudad. La forma en que actuamos día a día es aquella en que nos formamos como individuos y aunque a veces no lo tengamos en la mente también es lo que nos forma como trabajadores.
Si el trabajo ocupa tanta relevancia en nuestro hacer cotidiano ¿por qué poco se habla de cómo las lógicas laborales moldean y repercuten en la vida social? Siendo el trabajo el eje que rige el quehacer de un México precarizado y competitivo, donde las oportunidades no son siempre para quienes la ven. La sociología organizacional, entre muchas otras cosas, pone en la mesa esta discusión sobre la relevancia del análisis de los lazos productivos como mecanismo de articulación social, siendo el principal objeto de estudio las relaciones sociales que se generan y sostienen en espacios productivos, así como el impacto que generan en otros fenómenos sociales.
Las formas bajo las cuales se estructuran los espacios laborales van cambiando conforme pasa el tiempo porque los contextos y las necesidades que las van rigiendo se van modificando. Los espacios de trabajo se van moldeando y resignificando, un ejemplo de ello puede ser el surgimiento de las Pequeñas y Medianas Empresas en el país.
Pensemos un momento en cómo somos formados e introducidos a la lógica laboral desde que somos pequeños, nos dejan caer un montón de normas que muchas veces no tienen relevancia o relación con tus habilidades y capacidades a la hora de desempeñar un puesto: El largo de tu cabello y su color, tu estilo de ropa, si cuentas con tatuajes o no, que joyería usas y una larga lista de elementos que podrían ser un indicativo desde otra perspectiva más cultural de la expresión de tu identidad. La inconexión que llega a resultar de querer emparejar estos elementos físicos y personales con el mundo laboral puede resultar, para un porcentaje de la población como invasivo, frustrante, sinsentido o hasta violento. Pero muchas veces la cosa no se queda en el plano físico, sino que trasciende al ideológico.
Estos lineamientos normativos que representamos y construimos como parte de nuestra necesidad de funcionar en un trabajo no es un comportamiento aislado. ¿Qué ocurre en nuestras casas, escuelas, espacios públicos? Pareciera que el comportamiento se permite transgredir y ocupar mayores espacios, pero cabe cuestionar aún más sobre ¿cuál espacio empezó a regir al otro?
Parte de la sociología organizacional problematiza la falta de relación de las dinámicas laborales con las personales de los trabajadores, como el no contemplar sus necesidades, hábitos, costumbres o creencias puede afectar la productividad, el trabajo en equipo, la durabilidad del personal, entre otras problemáticas.
La sociología organizacional demuestra un interés en este fenómeno ya que los espacios productivos en muchos casos no articulan o no demuestran interés por vincular su propia organización de forma coherente y significativa con los demás aspectos de la vida cotidiana de sus trabajadores. Estos se pueden ver expresados en diversos problemas sociales tales como son la violencia social, la salud pública, inflación económica, precariedad laboral, entre otros. Pese a que la mayoría de ellos están estrechamente ligados con el trabajo y sus características, la falta de relevancia en elementos de impacto social genera una transformación en las prácticas laborales y en cómo se van generando. Un ejemplo de ellos pueden ser el surgimiento de las propias pymes o el aumento de aquellos que trabajan desde el llamado “sector informal” los cuales van en ascenso.
A forma de conclusión se puede considerar que existe una fuerte relación entre la precarización laboral, la falta de oportunidades, violencia social, deserción escolar, entre otros, con las características negativas que muchas veces tienen las organizaciones laborales. Aquellas que no contemplan a los individuos con los que trabajan, sus características y necesidades. Nos damos cuenta de un primer gran indicador del porque los puestos o roles que ocupamos en el trabajo, se perciben inconexos de nuestra realidad social, porque en estos espacios, enfocados a la producción y consumo, los trabajadores no son tomadxs en cuenta como seres pensantes que sienten, que viven, que disfrutan, que se cansan, que trabajan.