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Las familias en México: Trabajos de cuidados y uso del tiempo

Para Luciano

“El tiempo es relativo”. Frase tan choteada como cierta que en meses recientes cobró un nuevo significado para mí; para mi familia. Pasamos tres de los ocho meses de vida de mi bebito en un hospital: uno de los mejores de este país y uno de los dos únicos que podían tratar su cardiopatía: atresia pulmonar; el término probablemente no les diga nada, así que… yo tampoco les diré nada.

Es difícil escuchar verdades en la vida. Al menos en nuestro caso, el saber que uno de nuestros bebés nacería con un problema grave en el corazón ya nos apachurraba el nuestro a mi esposa y a mí. Si ya esto era difícil, más complejo era el hecho que ningún hospital en Querétaro podría tratar a nuestro bebé. Habría que llevar el tratamiento en Ciudad de México. ¿Mudarnos? Pasó por nuestra mente, definitivamente, sin embargo, no parecía necesario por el momento. Somos docentes y pues, benditas clases en línea (“gracias”, pandemia) … No obstante, las citas de seguimiento durante el último trimestre del embarazo fueron menos espaciadas de lo que pensamos y al menos tres veces al mes había que ir…

Luchito sería operado a horas de nacer. Tiempo de recuperación: sepa la bola. Fueron cuarenta y un días. La cosa es que, en ese lapso, hubo que hacer posible lo imposible: mi esposa se paró al otro día de la cesárea, anduvo de hospital en hospital y le arrancó la cabeza a un guardia que se andaba haciendo pato en el hospital en el que tenían a nuestra bebé (exagero, tal vez lo traumó de por vida nomás) comenzó la lactancia de nuestra hija e ignoró las medidas de seguridad que se le dan a una mujer que acaba de ser intervenida quirúrgicamente —por supuesto que no lo hizo por gusto—, coordinó familia que ayudara en el proceso, buscó pediatra en una ciudad ajena, hospedajes, guardias en el hospital y muchas cosas más que no cabrían aquí. Por mi parte, dar clases a distancia desde el hospital, tomar clases de posgrado, avanzar en una tesis, hacer guardias en el hospital y, en el caso de ambos, aprender a ser madre y padre de dos bebés en circunstancias completamente distintas, fue desgastante en todo sentido. Nada de esto habría sido posible si no se hubiese involucrado la familia completa, el apoyo desde presencial hasta económico fue clave para lograr mantenernos sin la preocupación del transporte, las comidas, los gastos y tiempos que se requería. Todo esto, fue solo en el primer mes y cacho de la vida de nuestro bebé. Posteriormente, pudo llegar a Querétaro los siguientes cinco meses, dentro de los cuales, hubo que regresar periódicamente a sus citas de seguimiento, hasta que, en una de ellas, detectaron un problema que hubo que tratar de inmediato. Urgente. Los siguientes días que se convirtieron en semanas y luego meses no previstos en circunstancias similares a la primera ocasión fueron indescriptiblemente dolorosos, sobre todo por el final. La increíble lucha de Luciano terminó el 9 de junio, que quede claro, terminó porque él así lo decidió. Durante esos últimos meses nos dimos cuenta de muchas cosas: una de las principales, es la relatividad… ¿Qué tiene más valor?, ¿pasar las noches en vela cuidando de mi bebé en el hospital o cumplir con mis responsabilidades académicas y laborales? Para mí, la respuesta fue sencilla y no me arrepiento de nada. Gracias a las escuelas en las que laboro por considerar lo mismo; ojalá el colegio de profesores de mi facultad hubiese sido igual de empático.

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