Pronafide: planes vemos, resultados no sabemos
Miércoles 5 de junio de 1997, un mes antes de las elecciones en diversos estados de la República, Querétaro incluido, se presenta el Programa Nacional de Financiamiento del Desarrollo 1997-2000 (Pronafide). Seis son los objetivos económicos que persigue:
- impulsar el crecimiento de manera sostenida y con promedios del 5%,
- generar un millón de empleos por año,
- promover el ahorro interno hasta alcanzar la meta que represente el 22% del Producto Interno Bruto (PIB),
- aprovechar el ahorro externo como complemento hasta en un 3% del PIB,
- fomentar la inversión e incrementarla hasta el 35% del PIB, y
- mantener bajas las tasas de inflación, llegando al 7.5% en el año 2000.
En resumidas cuentas, se trata de elevar el ahorro y la inversión productiva, ya que para los responsables hacendarios esta es la fórmula para asegurar el crecimiento sostenido y sin sobresaltos.
La idea básica es evitar las crisis recurrentes en cada sexenio. Esto, en palabras del Guillermo Ortiz, Secretario de Hacienda, significa que durante la presente administración no habré crisis financiera, con lo cual se sientan las bases de una economía sólida para el inicio de la siguiente, independientemente de quién esté al frente de ésta.
En términos de los modelos económicos que se vienen siguiendo no hay variación alguna, no hay cambio. El Pronafide es una sistematización de la política económica que se viene instrumentando. En marzo de este año, con motivo de la 60 Convención Nacional Bancaria de la Asociación de Banqueros de México, el gobierno mexicano fijó las metas a alcanzar para asegurar que la presente etapa de recuperación no se vea interrumpida y las crisis dejen de ser recurrentes, en ese entonces se marcaron tres objetivos:
- reducir la inflación no solamente en ciertos momentos, sino de manera sostenible,
- fortalecer el marco jurídico, económico y administrativo para asegurar los avances que se han producido, y
- aumentar el ahorro interno hasta que éste signifique el 25% del PIB y que la inversión represente el 27% del PIB.
Es decir, el Pronafide no es novedoso
En lo que se refiere a las posibilidades de lograr las metas trazadas, les puedo decir que si bien las propuestas suenan razonables y alcanzables, la realidad es que los grandes planes de desarrollo, desde la época del general Cárdenas, siempre se ha enfrentado a factores no previstos. Particularmente en los últimos cuatro sexenios (López Portillo, De la Madrid, Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo), el factor externo ha sido determinante para el comportamiento de la economía nacional. El plan de actual centra parte de sus esperanzas en la inversión extranjera.
Las tendencias hacia la globalización han convertido al país en rehén de los mercados mundiales, los fuertes movimientos de capital, motivados por la necesidad de obtener las mayores tasas de ganancia posible, hace que los esfuerzos por mantenerlos sea tarea difícil; la especulación sigue ganando espacios y no se ve ningún tipo de mecanismo que asegure la permanencia de esos capitales, mucho menos se ve que puedan ser atraídos hacia inversiones de largo plazo. En este sentido la inversión productiva tiene pocas perspectivas de crecimiento.
En México sabemos que la firma del Tratado de Libre Comercio, le ha significado al capital extranjero y, principalmente, al norteamericano, grandes beneficios, tanto en sus exportaciones como en materia de empleo, pero en México todavía no vemos estos resultados.
Otro factor en el que se centra el Pronafide es el del ahorro, tanto interno como externo, particularmente a partir de las Afores, que son las empresas que controlan los fondos para el retiro de los trabajadores mexicanos; e impulsando acciones para promover el ahorro popular. El problema aquí es que con el ahorro proyectado para el año 2000 y suponiendo que se alcance la meta del 25% respecto del PIB, apenas nos colocaríamos en los niveles de ahorro que tenía el país en 1980 (35.6%) y en 1981 (25.7%). El otro problema es que alcancemos efectivamente esas cifras.
Cuando explotó la crisis de diciembre de 1994, el Gobierno de la República señaló como una de las principales causas de que esto suceda recurrentemente es la falta de ahorro interno de los mexicanos. Hoy sabemos que estas alternativas han sido un medio eficaz para el ahorro interno en otros países como España, Chile y Argentina, ¿lo será para el país?
El lanzamiento del Pronafide es la continuación de lo que Lázaro Cárdenas llamó Plan Sexenal, Ruíz Cortines Programa Nacional de Inversiones, Diaz Ordaz Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social y De la Madrid, Salinas y Zedillo en sus primeros años, Plan Nacional de Desarrollo.
Una de las claves del éxito de los países altamente industrializados es que han sabido diversificar sus relaciones comerciales con las demás naciones del mundo. Las características de la economía contemporánea se centran en la necesidad de actuar como economía abierta al comercio internacional, comprar y vender bienes y servicios, en condiciones ventajosas, en las distintas regiones comerciales es el objetivo principal. Por su parte, en nuestro país hemos tratado de copiar esos esquemas de crecimiento con poco éxito ya que las relaciones de dependencia nos obligan a crecer en función de las necesidades de las grandes potencias. Y mientras no logremos modificar estos aspectos estructurales, difícilmente las propuestas de planeación tendrán resultados positivos. A lo más que aspiramos es alcanzar la tan anhelada estabilidad de la economía por un periodo de tres años.
México, país de oportunidades, riquezas naturales y mano de obra generosa y abundante, características que dan a nuestra nación un gran potencial de desarrollo. Es un hecho que producimos en abundancia, es un hecho, también, que nos falta mucho por hacer para que seamos una nación que satisfaga las necesidades de su población en donde la calidad de vida sea digna para todos. En este sentido, las orientaciones de la política económica deberán cambiar los objetivos ocultos de beneficiar solamente a los sectores económicamente fuertes, para establecer políticas de impacto social duradero. Mientras tanto, cada dos o tres años seguiremos escuchando el anuncio de los planes salvadores de los desastres económicos.



