Bioética y educación para la paz: una convergencia evidente

La paz no es algo que deseas, es algo que creas, algo que haces, algo que eres, y algo que regalas (John Lennon)
El objetivo de la educación, de acuerdo con Nussbaum, es cultivar la humanidad en cada uno de nuestros estudiantes, y eso implica brindar a la persona las herramientas necesarias para elegir así su modo de vida. La educación para la paz y la educación en bioética intentan que los dicentes alcancen un modo de vida satisfactorio para ellos y para las personas que los rodean. La bioética y la educación para la paz deben coincidir en este noble intento de lograr en las personas una mejor vida.
Si definimos la educación para la paz como ayudar a construir unos valores y actitudes determinados tales como la justicia, libertad, cooperación, respeto, solidaridad, la actitud crítica, el compromiso, la autonomía, el dialogo, la participación y a la bioética como una disciplina plural, con una actitud radical de comprensión y diálogo, el reconocimiento de la diversidad, su compromiso con la democracia incluyente y con el sentido de un estado social de derecho, principalmente en el trato de las personas más vulnerables (Bioética global).
Los estudios para la paz tienen sus orígenes después de la segunda guerra mundial (siglo XX), iniciando entonces una preocupación en torno a estudiar maneras distintas de generar paz desde distintos puntos estratégicos como social, cultural, económico, político y educativo. Curiosamente el juicio de Nüremberg fue un hito importante para el surgimiento de la bioética, al ser enjuiciados médicos nazis por casos de investigación no ética.
La ONU crea en 1964 la UNESCO; con ella hace hincapié en la educación, donde se abarcan temas como enseñanza para los derechos humanos, para medio ambiente, para el desarme, entre otras.
La noción de educación para la paz fue impulsada por la Organización de las Naciones Unidas en la década de 1970 con el propósito de formar a las nuevas generaciones en una “cultura de paz”, que permita a los hombres resolver los conflictos a través del diálogo, la mutua comprensión y la valoración de la diversidad.
La bioética nace, precisamente en los años 70 del siglo pasado, el primero que acuñó esta palabra fue Potter. Para este autor la ciencia y las humanidades habían alcanzado un punto de no encuentro y sugiere un puente entre ellas, a través de su libro: Bioethics: bridge to the future.
A pesar de ello, la bioética, inicialmente, se dedicó a problemas éticos médicos y tecnológicos (trasplante cardiaco, uso de respiradores artificiales, investigación en seres humanos, técnicas de fertilización in vitro, la enfermedad, etc.). A partir de esto y con el paso de los años, la bioética ha evolucionado y regresado a su origen, hacia una bioética global, sobre todo en la última década. Esta bioética global incluye, además de los problemas éticos médicos y tecnológicos, las problemáticas ambientales, los derechos humanos y la sustentabilidad de la vida en nuestro planeta, defendiendo de este modo a las generaciones futuras.
Tenemos entonces, a dos disciplinas interrelacionadas, ambas trabajan desde el conflicto y con cuestiones complejas como la diversidad, los derechos humanos, la exclusión, violencia, ecosistemas, finitud de recursos naturales y la vulnerabilidad social.
Dentro de estas similitudes y específicamente dentro de la educación en ambos contextos, podemos abordarla desde la filosofía como una bioética intervencionista que trata temas de vulnerabilidad y derechos humanos. Desde el derecho nuevamente encontramos un enlace a través de la justicia transicional y la autonomía personal. Y desde la política con el ejercicio de una responsabilidad pública hacia la paz positiva como parte de una ética pública.
Otro punto de encuentro es el método utilizado para la educación en ambas disciplinas, por medio de resolución de dilemas bioéticos y conflictos, estos permiten el reconocimiento de los problemas, la reflexión y la posible solución de estos; con un completo reconocimiento de la otredad.
Así mismo, se fomenta el diálogo, el debate, la argumentación, el pensamiento crítico y la asunción del sentido amplio de justicia.
Igualmente, a través de esta metodología, se puede hacer frente al conflicto, manejando adecuadamente las herramientas necesarias y habilidades para expresar sentimientos y pensamientos de forma asertiva.
Las personas que han sido educadas para la paz y formadas en bioética, aprenden técnicas y habilidades para resolver conflictos, privilegian métodos como la cooperación, la negociación y la mediación para transformarlos. Permitiéndole cambiar el conflicto, entender en qué consiste y proponer soluciones que satisfagan a todas las partes involucradas.
La UNESCO en la Declaración Universal de Bioética y Derechos Humanos (2005) otorga una estructura consensualmente aprobada a nivel mundial de principios y procedimientos para guiar a los Estados en la creación de instrumentos, leyes y programas en el campo de la bioética. Promover el respeto por la dignidad humana. La protección de los derechos humanos. Reconocer la libertad científica. Estimular la participación pluralista. Buscar un acceso equitativo al desarrollo tecnológico y científico. Proteger los intereses de generaciones venideras y destacar la importancia de la biodiversidad y su conservación como preocupación común de la especie humana.
El interés de la UNESCO por buscar este tipo de soluciones compartidas constituye sin duda un punto de referencia importante para quienes quieren profundizar en las posibles soluciones a los desafíos que plantea la bioética global y la educación para la paz. Me parece, por lo tanto, una vía de acceso interesante al tema que nos ocupa: la posibilidad de elaborar una bioética superior o preferible, apoyada en los derechos humanos, y efectiva para todos los seres humanos (donde quiera que ellos se encuentren) con un fuerte eslabón a una educación para la paz.
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*Docente de la Facultad de Medicina, UAQ