Romper el mito de la maternidad única: El análisis de ser madre desde distintos contextos

Hablar de la maternidad como una sola forma de vida perpetúa el mito del amor maternal e invisibiliza otras formas de crianza, de acuerdo con Amanda Hernández Pérez, Lorena Erika Osorio Franco y María Elena Meza de Luna, ganadoras del premio Alejandrina 2023.
“Era un mito que sigue calando en el imaginario que está relacionado con el amor incondicional, el sacrificio sin límites, todas las mujeres deben ser madres porque si no, no serán felices”.
destacó Hernández Pérez
Ahora el mito comienza a romperse gracias a los cuestionamientos desde el feminismo, movimientos sociales y las crisis de políticas neoliberales que han puesto en jaque la idea de maternidad como una tarea inherente para la mujer. Gracias a este cuestionamiento, se puede hablar de “maternidades”. Dicha resignificación permite visibilizar su ejercicio en diferentes contextos y politizar el tema: maternidades en la migración, maternidades y discapacidad, maternidades y violencia.
Osorio Franco, académica de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), puntualizó que no podemos hablar de una maternidad, no hay una tipología establecida, ya que depende de muchas variables a considerar, de ahí la importancia de la interseccionalidad: “No es lo mismo una mujer de clase media que vive en la ciudad que una mujer indígena de una zona rural”, dijo.
Baja de hijos por mujer
Según números del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), analizados por este semanario, el promedio de hijos por mujer en la entidad pasó de 4.5 a 2.8 entre 1970 y 2020, es decir, 50 años.
Al respecto, María Elena Meza de Luna, académica de la FCPS-UAQ, lo atribuyó en parte a la promoción del uso de anticonceptivos: “Nos dio la protección de nuestro cuerpo para poder decidir si queremos tener hijos o no. Esto ha permitido planificar”, remarcó, al tiempo de hablar también de una mayor concientización sobre el cambio climático y las inseguridades sociales que minan las posibilidades de tener hijos.
También ha habido un cambio en la identidad de las mujeres dentro de la esfera social, ya que no se identifican con el rol de madre-esposa, sino que se han involucrado en la política, la ciencia y el deporte, y a su vez, han logrado mayor libertad a través de la autonomía económica.
Amanda Hernández, también académica de la misma institución, explicó que hay países con pirámides invertidas, es decir, hay más adultos mayores de 60 años que niños, por lo que han implementado programas en los que “si tú tienes tres hijos se te da dinero en efectivo, tus hijos no van a pagar la escuela, y se te da una casa […] pero ¿qué ha pasado? Las mujeres aun así no tienen hijos y no van a tener hijos porque ellas lo que dicen es que son políticas que las vuelven a anclar al espacio privado”.
En este sentido, ya que las políticas públicas son acompañadas de ideas patriarcales, Lorena Osorio enfatizó la importancia de trabajar en una política que impulse a que las mujeres se incorporen al mercado de trabajo, que se desarrollen profesionalmente, pero les garanticen el cuidado de sus hijos. Sin embargo, todavía existe una gran influencia de la Iglesia en cuanto al papel de la mujer como madre, especialmente en América Latina.
De esta manera, las mujeres jóvenes que deciden no tener hijos enfrentan una fuerte presión social y son duramente cuestionadas por aquellos que las ven como “egoístas” y que creen que están fallando en su “esencia” de ser mujeres.
Meza de Luna señaló que vivimos un momento en el que podemos encontrar tres siglos en uno solo: desde personas con pensamiento machista, aquellos en transición y aquellas personas que reconocen el dominio sobre su cuerpo.
Retos de crianza
Los retos de la crianza dependen del contexto y varían según la situación de cada madre. Por ejemplo, una madre que trabaja en el hogar tiene retos diferentes a los de una senadora. Sin embargo, las tres doctoras identificaron diez puntos centrales:
- La corresponsabilidad en los cuidados, pues la carga aún es mayor para las mujeres
- El manejo de la maternidad y la inserción en la vida laboral, lo que desgasta su salud por la sobrecarga
- La precarización laboral: no hay tiempos para descansar y sobre todo para una crianza de calidad: “con que le dediques media hora de calidad a tus hijos está bien, no es cierto, los niños necesitan tiempo”
- Excesivo tiempo en redes sociales: el poco tiempo libre que tienen los padres lo utilizan para navegar, y los niños se quedan sin atención
- Hay una infodemia de consejos de cómo ser buen padre o madre.
- Los pocos servicios e infraestructura de cuidado
- El debilitamiento de las redes familiares
- La exigencia de mayor formación escolar, por lo que las familias las absorben y contratan a profesores extras para que los niños sean excelentes
- La socialización de género no tradicional desde temprana edad
- Resignificar las maternidades.
Según Lorena Osorio, las madres comprometidas con la crianza son consideradas buenas madres según el modelo de familia tradicional, mientras que aquellas que no están presentes son catalogadas como malas, sin tener en cuenta las condiciones estructurales que enfrentan para el sostenimiento de sus hijos.
En cuanto al Día de las Madres, Meza de Luna explicó que todavía se significa en torno al valor comercial, y que los empresarios tienen un dominio muy bien articulado sobre esta celebración. A pesar de esto, se observa en las mujeres jóvenes ciertas rupturas y quienes se posicionan de una forma más crítica.



