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Make America Great Again

A primera vista, no parece muy claro qué gana Trump con las reiteradas amenazas arancelarias a México que hasta ahora han terminado en “la próxima va en serio”. Sin embargo, salvo por la retórica, el mecanismo no es del todo novedoso. Se trata de la extorsión, el estira y afloja que prácticamente ha definido la relación bilateral y que sirve para mantener el control de Estados Unidos sobre México.

La única curiosidad es que la misma amenaza la ha replicado por todos lados. Ya no se trata sólo de intimidar a México y usarlos para definir al desorden que ellos tienen que arreglar, porque allá no pueden, no saben o no quieren gobernarse. Ahora, el mundo entero ha dejado de ser un aliado. Así, ni en Europa ni en Canadá se salvan de los aranceles. La idea, desde luego, es presionar para mostrarles débiles y dependientes del imperio. Como estrategia no sé qué tanto pueda perdurar, aunque le sirva, de momento, para ganar algunas batallas que le permiten mostrar cómo Estados Unidos está retomando el control del orden mundial.

Cada país ha respondido con lo que tiene, aunque nadie quiere hacer enojar al magnate. Y aunque no le reconozco ningún mérito intelectual, la idea detrás de todo esto parece justamente construir la imagen del poder, sin necesidad de hacer otra cosa. El gigante que domina funda su poder en el temor que inspira. Es la posibilidad de hacer lo que mantiene el control, menos que lo que realmente se haga. Pero en las posibilidades de hacer hay todo un sistema comunicacional: yo pongo las reglas y todos se subordinan. O se atienen a las consecuencias. Para México, por cierto, no son sólo los aranceles, y por eso es un poco más complicado.

Lo curioso en todo esto es que a la presidenta de México no le ha venido mal toda la retórica y amenazas de Trump. Al contrario. Los aplazamientos en la imposición de aranceles se leen de este lado como victorias políticas, como inteligencia negociadora. Y sirven también, para agitar las banderas nacionalistas y llamar a cerrar filas. Acá no nos subordinamos, dirán; pero la subsistencia de la amenaza permite siempre incrementar el precio a pagar por la “soberanía”. Todos ganan y poco, si algo, cambia.

Es probable que a ninguno de los dos le interese cambiar demasiado, salvo por algunas cuestiones visibles y aparatosas: mandar a 29 capos a los Estados Unidos refuerza la idea de que aquí no hay cómo procesarlos o mantenerlos encerrados, quien se fortalece son los Estados Unidos, pero como en México nadie va a abogar por los traficantes, así que enviarlos allá sin demasiadas explicaciones jurídicas, es un mal muy menor. En todo caso, también tiene un elemento funcional en las circunstancias actuales: sí los detenemos, pero los jueces los dejan libres. Es tramposo, pero eficaz.

Estados Unidos bajo el mandato de Trump y sus oligarcas buscan constituirse nuevamente como los mandamases del mundo entero. Make America Great Again como sistema comunicacional supone, entre otras, recolocar a los Estados Unidos como potencia imperial, pero desde otro lugar. Menos que una fuerza cultural e ideológica (donde por cierto ningún país les compite), la idea de los MAGAS es constituirse como una fuerza mucho más evidente. Como dijo el señor Burns: “de qué sirve el dinero si no puedo inspirar miedo en el prójimo”.

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