Manósfera: así se viraliza el machismo

“Todos somos machistas, clasistas y misóginos”, afirmaron Fabián Verdín, maestro en Estudios de Género y Licenciado en Actuación, y Grecia Sánchez Chavira, estudiante de Artes Visuales.
La Coordinación de Equidad, Educación y Formación con Perspectiva de Género de la Facultad de Artes (FA) de la Universidad Autónoma de Querétaro organizó la conferencia“Manósfera: narrativas problemáticas y la normalización del machismo online”. En esta charla se desmenuzaron los discursos y comunidades que proliferan en internet y que, bajo distintos disfraces, reproducen y fortalecen ideologías machistas profundamente dañinas.
El término “manósfera” (del inglés manosphere) hace referencia a una red de comunidades en línea compuesta principalmente por hombres heterosexuales que comparten ideas misóginas y machistas. Aunque a primera vista parecen grupos aislados, lo cierto es que su influencia crece gracias a la amplificación de las redes sociales y la invisibilidad que ofrecen los algoritmos digitales.
¿Cómo se integra la manósfera?
Dentro de la manósfera existen varias subcategorías con discursos diferenciados, pero que comparten la base de considerar a las mujeres como inferiores o como enemigas:
●Incel (célibes involuntarios): hombres que creen no poder mantener relaciones sexuales porque las mujeres los rechazan. Culpan a las mujeres y a la sociedad por su frustración sexual.
●MGTOW (Men Going Their Own Way): varones que aseguran haber “despertado” ante las supuestas manipulaciones femeninas, y promueven alejarse por completo de las mujeres.
●Pick-Up Artists: conocidos como “seductores” o “coaches de ligue”, enseñan cómo manipular emocionalmente a las mujeres para tener relaciones sexuales. Un ejemplo conocido en México es Temach.
● Activistas por los derechos de los hombres: aunque algunos abordan temas legítimos y necesarios como la salud mental masculina o la paternidad, terminan por desvíar sus causas hacia ataques contra el feminismo.
¿Sólo para hombres?
Aunque se asume que la manósfera está integrada únicamente por varones, lo cierto es que el machismo no distingue géneros ni cuerpos. Tal como se discutió en la conferencia, existen mujeres que reproducen estos discursos, ya sea por desconocimiento, presión social o internalización de estereotipos.
La violencia simbólica se esparce como un virus silencioso a través de memes, videos, foros, comentarios y hasta productos de entretenimiento.
El poder de las imágenes (y del algoritmo)
Vivimos en una época donde las imágenes nos impactan más que nunca. La estética, el humor y la viralidad de ciertos contenidos en redes sociales se convierten en vehículos perfectos para diseminar ideas peligrosas. “El algoritmo te da lo que más ves”, explicó Verdín, lo que genera cámaras de eco donde las narrativas misóginas se amplifican sin cuestionamiento.
Muchas veces el machismo se camufla con humor: memes que ridiculizan a las feministas, bromas sobre el consentimiento, o chistes sobre roles de género. Lo preocupante es que, al hacerlo objeto de risa, se minimiza el problema. “Un buen comediante puede hacer reír sin ofender”, dijo Verdín, al invitar a reflexionar sobre la necesidad de repensar nuestras formas de entretenimiento.
Violencias que inician en la infancia
La manósfera se alimenta de inseguridades masculinas que se gestan desde la infancia. Expresiones como “pegar como niña”, o insultos como “maricón” o “joto”, construyen una masculinidad frágil donde se asocia lo femenino con lo débil y lo despreciable. Esta violencia también afecta a los hombres: los obliga a reprimir emociones, a competir entre sí, y a vivir bajo una constante presión de demostrar poder.
Figuras como Temach refuerzan esa masculinidad violenta al hablar de las mujeres como propiedad o como premios que se pueden conquistar. “Hablan de límites como si fueran prohibiciones, no como acuerdos en una relación”, señaló el maestro. Pese a ello, estos discursos se monetizan y tienen millones de seguidores, lo que agrava la desinformación y fomenta relaciones tóxicas.
Reconocernos para transformar
A partir de la idea de que todos somos machistas la propuesta es clara: no normalizar. No ignorar el problema, no justificarlo con bromas o costumbres, no idealizar a quienes promueven estos discursos. Tampoco caer en discusiones estériles con personas cerradas al cambio: a veces, señaló Verdín, es mejor invertir el tiempo en construir redes de diálogo y aprendizaje que desgastarse con quienes solo quieren provocar.
Esta declaración, lejos de ser una condena, es una invitación a la autocrítica. Hemos sido educados bajo estas estructuras por generaciones. El cambio sólo es posible si partimos del reconocimiento y no desde una supuesta “superioridad moral”.
El reto es colectivo
La manósfera no es sólo un rincón oscuro del internet. Es un reflejo de lo que hemos callado, tolerado o reforzado como sociedad. Y también es un llamado de alerta: si no enfrentamos estos discursos desde la educación, el arte, la cultura y la vida cotidiana, seguirán creciendo bajo nuevas máscaras.
El reto es colectivo. Y el primer paso es mirar de frente ese espejo incómodo.







