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El caso de Francisco Pájaro, enemigo de la religión

La mañana del 9 de enero de 1927, un grupo de entre 20 y 25 hombres, presuntamente vinculados al movimiento cristero y liderados por Luis Herrera, saquearon e incendiaron el comercio de Francisco Pájaro en Colón. De acuerdo con el testimonio de Ma. Félix Elías, su esposa, los atacantes irrumpieron en el establecimiento con armas de fuego, mientras lanzaban las consignas: “¡Viva la Guadalupana!”, “¡Abajo el gobierno!”, “¡Muera Elías Calles!”, “¡Mueran los excomulgados de esta tienda!” y “¡Mueran los infieles!«; al tiempo que atribuían sus acciones a las órdenes del cura Don Nazario Guerrero.

Francisco Pájaro había sido señalado por algunos habitantes del pueblo como “protestante, bolchevique, masón y enemigo de la religión”; descripciones que traerían consecuencias en la vida de un hombre común cuyo único delito fue no haberse sumado al malestar general de los católicos mexicanos cuando comenzaron a levantarse en armas en contra del gobierno.

De acuerdo con la versión de Pájaro, el conflicto inició cuando Antonio Reséndiz le presentó un memorial que había sido enviado por el cura Nazario y que debía ser firmado por todos los católicos del pueblo. Pájaro se negó a hacerlo, decisión que más tarde provocaría una reacción inmediata por parte de Reséndiz. Éste, a fin de perjudicarlo, comenzó a persuadir a los habitantes del pueblo para que no compraran en su tienda, pues era un “enemigo de la religión”. Al percatarse del daño que le causaban los rumores, acudió con el cura Nazario para denunciar que Reséndiz estaba promoviendo un boicot en su contra. Aunque el cura le había prometido calmar los rumores, seguían hostigándolo. Sin embargo, más tarde, al ampliar su declaración, denunció que había sido el cura mismo el principal instigador de los rebeldes, ya que al momento del asalto éste fue aludido. 

Antes del incendio de su tienda se había tenido que enfrentar a los insultos y amenazas de algunos habitantes en su propio establecimiento. Sin embargo, Francisco no se quedó callado esperando a que algo le pasara. Más tarde, y con la declaración de Luis Herrera, quedó en evidencia la principal razón por la que se orquestó el asalto e incendio al comercio de Pájaro. Según dicho testimonio, en diciembre Herrera se enteró de que Pájaro lo había denunciado, junto con otras personas, ante las autoridades de haber incumplido la Constitución de la República, y ante el temor de ser detenidos, varios de los acusados se refugiaron en el cerro. Entonces decidieron irse en contra de Pájaro, buscando quemar su propiedad e incluso atentar contra su vida.

Como consecuencia de los fatídicos acontecimientos, Pájaro se fue a Querétaro, pero volvió a Colón al poco tiempo como presidente municipal interino, cargo que desempeñó sólo un par de semanas, las suficientes para hacerse de varias enemistades porque no estaba conforme en cómo se estaba manejando la persecución contra los cristeros.

En una noche de 1928, Francisco Pájaro fue levantado y asesinado en el callejón del Zorrillo por “un grupo de militares” de acuerdo con la versión oficial, quienes se llevaron el cuerpo para enterrarlo en el panteón. Al encontrar sus restos, su esposa le reclamó por haber vuelto a Colón: ella ya presentía su destino.

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