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“Acapulquito”, lejos de la recuperación económica

Las pérdidas para cada establecimiento en la presa Constitución durante la Semana Santa superan los 300 mil pesos estiman los administrativos de la zona.

San Juan del Río, Qro. – Desde el inicio de la cuarentena obligada por la contingencia sanitaria, el comercio en San Juan del Río ha ido en decadencia debido a la falta de flujo de los turistas y comensales. La zona comercial ubicada a las orillas de la Presa Constitución 1917 ha afectado a gran parte de los locales gastronómicos y de turismo.

Elementos de Protección Civil acudieron a los establecimientos el miércoles Santo, en abril, para realizar el cierre parcial en la mayoría de las palapas y así evitar el cúmulo de visitantes desde el jueves, en atención a los protocolos de sanidad ante el COVID-19.

Las pérdidas para cada establecimiento durante la Semana Santa superan los 300 mil pesos, estiman los administrativos de la zona. Entre la presa y los restaurantes se forma una brecha la cual funge como otra zona de comercio con un aproximado de 50 vendedores ambulantes: paseos en motos o caballo, bebidas preparadas y botanas.

Los recortes y nuevas modalidades

Diego ha trabajado durante tres años en la palapa “El Charquito”; inició como ayudante en la cocina y actualmente es mesero los fines de semana. Durante los 22 años que se ha brindado el servicio no había pasado algo de esa magnitud, destaca el trabajador. El principal motivo que lo impulsó a trabajar en esta zona comercial fue para sobrellevar sus gastos escolares y personales.

Al interior de “El Charquito” se tomaron las medidas sanitarias dadas por las autoridades: cubrebocas, careta, gel antibacterial y dos metros de separación entre mesas. “Los visitantes deben portar cubrebocas al ingreso y salida del lugar, antes de recibirlos se les toma la temperatura (…) el trato hacia los clientes ha cambiado un poco, ya que son más exigentes con la limpieza e higiene”, destacó Diego en la nueva etapa de comercio.

A causa del bajo flujo de comercio, el cincuenta por ciento del personal se ha dado de baja en este restaurante; han quedado sólo 50 trabajadores. “Antes atendía hasta 16 mesas en un día de alto flujo y ahora atiendo máximo 8, las jornadas han cambiado mucho”, aseveró el también estudiante.

Nuevos establecimientos y grandes retos

Rodolfo Torres es el gerente de la palapa “Miramar” que cuenta con un año y cuatro meses de brindar servicio a los visitantes: fue la última en abrir sus puertas a las orillas de la Presa Constitución 1917, también conocida como ‘Acapulquito’. “Antes de que iniciara la contingencia sanitaria teníamos bastante gente de jueves a domingo, se llenaban el establecimiento de comensales, más de 500 personas nos visitaban al día”, reiteró Torres.

Durante abril, mayo y junio permaneció cerrado este establecimiento. En este periodo sólo descansaron a las 19 personas que conforman el personal, no registraron ninguna baja. La entrada cuenta con tapete sanitizante y un dispensador de gel antibacterial, los meseros utilizan cubrebocas y careta, los cocineros realizan sus cambios de guantes cada determinado tiempo en la jornada.

“Sí nos ha costado volver a aclientarnos, se perdió todo lo que ya habíamos trabajado, pero les brindamos seguridad a los clientes con todas las normas de cuidado y salud (…) si se llega a necesitar más medidas las vamos a acatar completamente”, comentó Rodolfo.

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