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Cruceros viales se han convertido en fiestas electorales

Por Luz Marina Moreno Meza

El periodo de campañas electorales es la oportunidad para los distintos partidos de envolver las calles con tres colores, con tonos azules y blanquiazules, naranjas, amarillos; adornar los postes con las caras de los candidatos impresas en lonas y pancartas; y vestir a sus fieles con playeras y gorras representativas.

La esquina de avenida Cimatario con Luis Vega y Monroy fue testigo del volantaje repartido por jóvenes y no tan jóvenes a los autos que atravesaban por el crucero a las seis de la tarde.

Taxistas destilaban miradas incómodas a los repartidores distinguidos por sus playeras azules y blancas que en el pecho portaban el nombre de su partido.

“Aquí estamos al pie de la lucha”, fue una de las tantas frases que salió del micrófono que estuvo bajo el poder de un joven de voz animosa, misma que era acompañada por la canción de Matador y por el ajetreado tránsito de la ruta.

Con un ambiente fiestero –ejecutado por la música que alcanzaba varias cuadras para ser percibida por el oído ajeno– las jóvenes volanteras intentaban mover las caderas mientras daban unos pequeños saltos para asemejar estar felices.

Una posible felicidad otorgada por el aumento a 16 millones en becas de estudio que la candidata, promocionada y reconocida por ser “diferente”, propone.

“Con esto me asegura mi futuro, por eso voy a votar por ella”, dijo el joven de complexión gruesa que portaba una voz de animador de fiesta.

Porras acompañadas de palmas se perdían con el bullicio de la distracción de los conductores, que no mostraron empatía al momento de que se les entregaba un paquete de propaganda por las ventanillas. Uno de los propagandistas ni siquiera cumplía la mayoría de edad.

“Muchas veces nos preguntamos a dónde se van nuestros impuestos, para ello Josefina quiere crear un observatorio ciudadano con gente como tú, como yo, que están comprometidos con México”, era la frase que hacía montón a las otras tantas que más que vender a una candidata presidencial, vendían la imagen de alguien que está en un concurso y no precisamente de belleza.

La tarde fue cayendo y las lonas azules se fueron perdiendo con la leyenda “Si has leído más de tres libros en tu vida toca el claxon tres veces”. Sin embargo esto no impidió que un carro perdido en el montón empleara el claxon para comprobar la cultura que tres libros le han otorgado.

“Ya basta de candidatos que no sepan leer, que no saben del discurso, ni del guión”, exclamaba el locutor.

 

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