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¿De qué clase de moral estamos hablando?

Por: Daniel Muñoz Vega

PARA DESTACAR: Si ustedes consideran que es más grave que dos homosexuales se casen, está bien, me sería imposible cambiar su cosmovisión y ni siquiera quiero hacerlo, de igual manera ustedes no podrán impedir que los derechos de otros se ejerzan.

Salir a las calles a protestar siempre será un derecho que defenderé; sí considero una lástima que cierto sector de la sociedad marche para atentar contra los derechos de otros, esto en referencia a la marcha contra el matrimonio igualitario convocada para el próximo 10 de septiembre por muchas organizaciones civiles.

Sin embargo, deseo profundamente que sea un éxito, que les sirva como catarsis para lidiar contra la frustración de no poder imponer un modelo único de familia; deseo que ese día, puedan cimentar su moral, meramente reducida a una visión de la sexualidad, eso les hace bien en la conciencia.

A ustedes quienes marcharán: sé que sufren al ver que otros ejercen su libertad y sus derechos, sé que para ustedes es más grave que dos personas del mismo sexo se casen, que la terrible situación de violencia que vive el país; sé que les es más importante estar al tanto de la vida sexual de otros, que el presidente tenga una mansión injustificable de 7 millones de dólares o que hayan desaparecido 43 estudiantes, dos razones suficientes para salir a las calles y vernos en un espejo, y preguntarnos, ¿qué nos pasa?

En verdad nunca entenderé que aquellos que convocan esta marcha sean los mismos que han protegido a sacerdotes pederastas cambiándolos simplemente de parroquia o ¿de qué moral estamos hablando?

En verdad no los entiendo, pero por favor marchen con ganas, con sus conciencias limpias, marchen en defensa de la familia, aunque para ustedes no importen los huérfanos de la guerra contra el narco, que son  cerca de 50 mil niños sin padres; marchen para que solo exista la imagen de mamá y papá dentro de una torcida visión de la clase media, aunque haya poblaciones enteras en Zacatecas y Michoacán donde los niños  dejan de ver a su padre porque tiene que ir a trabajar a los Estados Unidos, sé que ni siquiera se preguntan lo mucho que daña el capitalismo al concepto de familia que ahora defienden.

Marchen por favor, con muchas ganas, que siempre será importante que la sociedad se involucre en los temas de interés nacional. Quizá haya cosas que impacten de manera más negativa en el contexto nacional como la inmensa corrupción que ha generado una clase gobernante obscenamente rica, impune y criminal, una corrupción que ha erosionado terriblemente el tejido social generando una desigualdad única a nivel planetario, pero si ustedes consideran que es más grave que dos homosexuales se casen, está bien, me sería imposible cambiar su cosmovisión y ni siquiera quiero hacerlo, de igual manera ustedes no podrán impedir que los derechos de otros se ejerzan.

Un día los esclavos dejaron de serlo, un día las mujeres pudieron votar a pesar del enojo de muchos, hoy las personas deciden qué hacer con sus cuerpos,  deciden con quién unir sus vidas y de qué forma, por eso su marcha tiene que ser su catarsis, saquen a lo largo del recorrido toda la frustración por no poder establecer e imponer sus valores; entiendo que la pasan mal por no poder hacer que sus hijos se desarrollen en una sociedad de moral impoluta construida bajo sus propios argumentos, pero entiendan, su moral no puede ser única, su verdad tampoco y tendríamos que empezar por respetar los derechos de los otros.

Por eso marchen, desahóguense, griten, recen, pataleen, porque los derechos no se  quitan, no se negocian y no se consultan.

Se viene un vendaval de opiniones y una fuerte polémica en torno al tema, nada ociosa, al contrario, a veces necesaria para construir una sociedad; pero en medio de tantas palabras, escritos, marchas, visiones y opiniones, tendría que establecerse un acuerdo de tolerancia, y así hacer el intento por entender que vivimos en un mundo que nos muestra miles de realidades: la de los migrantes, la de los obreros, la de los homosexuales, la de los familiares de personas desaparecidas, la de mujeres violentadas sexualmente, y miles más, donde no tenemos la mínima idea de la forma cómo sufren y luchan.

Por lo menos, tendríamos que tener la decencia de guardar silencio y procurar la armonía en nuestro entorno, viviendo y dejando vivir en paz a los demás actuando siempre para no afectar a terceros.

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