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Diversidad y respeto en filas de la Resistencia

Ambos aficionados se sienten incluidos y respetados; se reconocen como personas de la comunidad LGBT+ y declaran que jamás han sido víctimas de agresiones.

Uno tenía años de conocer la dinámica del estadio, para otro era un nuevo mundo por descubrir; con energía desbordante y experiencias que jamás había imaginado. Para Camilo y Mario había un punto de acuerdo: El miedo a la Resistencia Albiazul, a la temible y emplumada cabecera norte. “Decía que algún día iba a estar ahí, pero me daba miedo que me fueran a dar un chingazo o que no supiera a dónde correr, con quién ir o quién me pudiera defender”, reconoció Camilo, con su playera de Gallos puesta, en una silla de su estética.

A su lado le acompaña su amigo Mario, cuya historia no es distinta: “Quería estar ahí, ser parte de la porra, pero mis amigos me decían que ahí me iban a pegar (…) Un día decidí comprar [el boleto] ahí. ‘Ya lo que pase yo me hago a una orillita y ya me voy ahí pegando poco a poquito’. Lo compré y prácticamente yo llegué solo”, pero Camilo empezó a encontrar a algunos de sus conocidos que ya asistían a la Resistencia, algunos como Mario que ya había vencido el miedo también”, rememoró.

“Mario fue el que me enseñó a mí las canciones, me enseñó a cantarlas. Él se ponía a cantarlas, pero se adelantaba para decirme las partes y ya yo le seguía. La que más me emociona es ‘Dale Querétaro’; esa me enchina la piel y hasta las lágrimas me saca cuando realmente la están cantando todos y al unísono, se siente bien bonito”.

Ambos aficionados se sienten incluidos y respetados, pues se reconocen como personas de la comunidad LGBT+ y declaran que jamás han sido víctimas de algún acto violento o una agresión. De hecho, resulta lo contrario: “No es necesario tener que decirlo con los demás. A lo mejor nuestros amigos cercanos saben, pero no tienes por qué decir ‘ya llegué a la porra y soy este’. Tal vez el ambiente de la porra no se presta para que tengas que hablar de algo más: vamos a disfrutar el partido y a pasarla bien entre amigos”.

Amistad, amor y distorsión

La primera vez que Mario fue a la porra conoció a una persona que se convertiría en su pareja sentimental. Años después regresaron juntos a la final en la misma fecha en que se conocieron y “fue algo muy chido ahí, muy simbólico”. Lejos de encontrar violencia, encontraron amor y amistad.

Para los dos amigos la Resistencia se convirtió en algo más que alentar a los Gallos Blancos, se convirtió en un estilo de vida que les hizo replantear su percepción tanto de la barra como del futbol. Camilo asegura: “A mí no me gustaba el futbol y le empecé a tomar mucho cariño porque me fui envolviendo. Yo no sabía ni [de] los descensos, ni los puntos, ni nada. Mario me fue ayudando mucho en eso”.

“La cabecera norte para mí es alegría, me llena mucho de alegría. Cada 15 días estoy ahí: Antes que nada, está mi partido. Es como mi único hobby, mi ‘desestrés’. Es mi distracción, y no quiere decir que yo porque esté ahí me drogue, me alcoholice o sea vándalo: No todos somos lo que se dice en los medios de comunicación, no me parece justo que generalicen”, comentó.

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